LOGIN—Es… ¡Estabas fingiendo! —Rocío palideció.En vez de responder, le hice otra pregunta:—Lleva tanto tiempo sola, con don Ramiro siempre de viaje… ¿De verdad no quiere que la complazca aunque sea un poquito?Mientras hablaba, le arranqué la cobija y me lancé sobre mi suegra a la fuerza; metí la mano bajo su ropa y le estrujé los pechos.Rocío forcejeaba, pero eso solo me envalentonó y le deslicé la otra mano por el vientre, cada vez más abajo, hasta meterla bajo el camisón…Aquella tierra fértil ya estaba hecha un lodazal, como si llevara rato esperando a que llegara el semental a poner la semilla.—Señora, hace un momento se quedó a medias, ¿no? ¿Quiere que le llene ese vacío?Sin dejar de hablar, le agarré la mano a Rocío y me la llevé hasta aquella parte, pero ella la apartó y me miró con dureza.—Iván. De… ¿De verdad vas a hacer esto?Rocío me miró, suplicante, y suspiró.—Piénsalo bien. Si lo haces, ¿cómo vas a poder estar con Ximena?Sus palabras me cayeron como un balde de agua f
Dios mío, ¿no me habrá convertido en la fantasía con la que llenaba ese vacío? ¡Solo pensarlo me excitaba! Como temía despertarme, seguía tocándose mientras se tapaba la boca con una mano.Un murmullo… Aquel sonido cargado de deseo me avivaba la calentura. Pero sabía que debía contenerme, esperar el momento y hacerme de una vez con esa madurita de lujo que tenía enfrente.Como un leopardo al acecho, observaba la silueta de doña Rocío entregada al placer.Apenas levantaba la cabeza; entrecerraba los ojos húmedos y brillantes, el cabello largo le caía sobre los hombros y la piel clara se le iba cubriendo de sudor.Rocío estaba tan excitada que la piel se le sonrojó; yo nunca había visto una escena así en mi vida. Aun así, sentía que mi suegra todavía se contenía demasiado; tenía que subir la intensidad. Con esa idea en la cabeza, miré el control.Se me ocurrió algo. Estiré el pie, enganché el control y lo fui arrastrando poco a poco hasta dejarlo al alcance de la mano.Para entonces, Roc
No sabía por qué, pero ahora, con solo pensar en Iván, se calentaba. Sin darse cuenta, Rocío terminó llevándose esos bóxers a su cuarto.Se acercó a la cama, sacó de la mesita de noche un juguetito eléctrico que hacía mucho no usaba y se recostó. Olía los bóxers, embelesada, mientras el deseo le iba subiendo...Lo suyo con Iván era algo especial. No podían acostarse y, aun así, entre los dos había una tensión de lo más turbia.Para ambos era una tortura.“Aunque no pueda acostarme con él, al menos puedo fantasear un poco”.Ya no pudo contenerse. Rocío abrió las piernas y se entregó al placer sin reservas. Sus gemidos bajos llenaron el cuarto.“Mmm, mmh… oh… ah…”Justo entonces, yo acababa de llegar a casa. Como aguantaba poco el alcohol, con menos de tres caballitos de tequila ya estaba mareado, así que volví temprano. Abrí con la llave y, cuando ya iba para mi cuarto, escuché gemidos que salían de la recámara de Rocío.¿Ya habría vuelto mi suegra?La curiosidad me ganó y me acerqué de
—Déjeme ayudarla.La cocina era pequeña, así que los dos quedábamos algo apretados. Iba bien pegado a su brazo y cada tanto se me iban los ojos a su escote. Bajo el escote, esa piel blanca y suave era irresistible, y las dos puntitas rosadas que asomaban eran una tentación.Rocío percibió mi olor masculino y se le agitó un poco la respiración.—No, así está bien. Yo lo hago; ve a descansar a la sala —dijo Rocío con calma.—No se preocupe, déjeme ayudarla. —Aproveché para acercarme y pegarme a ella por la espalda.Ese contacto suave me hizo reaccionar al instante; con el ardor apretado contra la espalda de mi suegra, la presión era tan intensa que por poco se me escapó un gemido de puro gusto.Rocío estaba cada vez más sensible. Bastaba con restregarme un poco contra ella para que Rocío lo notara enseguida y se tensara sin querer. Rocío apretaba los labios con esfuerzo para no hacer ningún ruido, pero aquella sensación la estaba matando.Entre mis restregones, terminó por no aguantar má
“Si me cuelo en la cocina y sorprendo a Rocío por detrás, seguro que le va a gustar”.Con solo imaginar a los dos enredados como locos en la cocina, se me puso durísima dentro del bóxer. Me lavé de prisa y salí disparado del baño.Para mi sorpresa, me encontré con Rocío en la sala. Rocío llevaba ropa cómoda y ajustada, y aun así se le marcaban esas curvas esbeltas y generosas. Tenía unas piernas largas, de piel clara y lisa; llevaba unas pantuflas rosas que dejaban ver sus dedos pequeños y provocadores.Las uñas pintadas de rojo se le veían preciosas. Traía en las manos un plato de huevos fritos; por lo visto, acababa de preparar el desayuno.—¡Buenos días! —Me reí con picardía y la recorrí de arriba a abajo, sin disimular el deseo.Rocío se quedó pasmada al verme en bóxer. Enseguida bajó la mirada hacia el bulto que se me marcaba en el bóxer y se puso colorada.—¿Qué haces? ¿Por qué andas sin ropa? —Rocío apartó la mirada enseguida, molesta.—Después de lo de ayer, usted ya conoce de
—No, aquí no, nos van a ver…—Tranquila, no hay nadie en la piscina y, además, estamos bajo el agua; nadie puede vernos. Doña Rocío, hace mucho que no prueba hombre. Voy a hacer que disfrute como nunca.Al poco rato, los dos ya estábamos desnudos.Doña Rocío, sentada sobre mis muslos, apretaba las piernas inquieta, pero era evidente que sentía mi ardor; tenía los ojos húmedos y vidriosos de deseo, aunque también se le notaba cierto nerviosismo.Al ver a doña Rocío tan excitada, se me pasó la prisa y empecé a provocarla sin descanso con mi ardor, rozándola apenas por fuera.Eso hago siempre con Ximena, para que sea ella la que dé el primer paso. Como diría ella, ¡morirse de ganas sin poder aliviarse! Y, en efecto, doña Rocío no aguantó mucho; habló con esa voz suave y tierna, casi suplicante:—Iván, no me tortures más, te lo ruego… métete ya…Ver a Rocío dejar de lado su dignidad y rogarme que la complaciera me infló el ego. Exaltado, dije:—¡Voy a hacerla mía!Aún no terminaba de habla







