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Capitulo 24

Autor: Luis
last update Fecha de publicación: 2026-07-03 04:23:02

Capítulo 24

Ante la mirada atenta de todos, Lucio Moriarty, el hermano de Stefan Moriarty que hasta entonces había sido mi ex prometido, me pidió matrimonio y yo dije que sí.

Nadie aplaudió, nadie dijo nada. Viéndolo en retrospectiva creo que esperaban que dijéramos que solo era una broma. Pues, en qué cabeza cabe que alguien que estaba prometida y que ante los ojos de todos era feliz con esa persona, de la noche a la mañana iba a aparecer prometida con otro.

Hasta ese momento había tenido muc
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    Capítulo 33Mara:Me encontraba en el jardín de casa. Frente a mí el agua cristalina borboteaba de la fuente que marcaba el centro del lugar. Mi mirada estaba fija en la figura que la coronaba, un ángel de cuyas alas caían chorros de agua. Mi padre la había mandado a diseñar en honor al ángel que había llegado a su vida para llenarla de colores. Hasta hace unas semanas pensaba que se refería a mí cuando contaba aquella historia. Ahora, tras conocer la existencia de María Clara, dudaba de la veracidad de aquella historia. Aunque, siendo del todo sincera, preferiría dudar primero que todo, de si ella estaba contando la verdad o no. Aunque eso significara que debía desconfiar de Lucio. Al final a ellos los conocía de hace muy poco tiempo y a mi padre de toda la vida. Mi mirada fue hasta mi madre que, sentada en el borde de la fuente agitaba las manos intentando atrapar las gotas escurridizas de agua. Me acerqué a ella y me senté a su lado.—Mamá —empecé a decir con la esperanza de que t

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    Capítulo 32Lucio:Tenía los ojos cerrados mientras mis dedos ágiles se deslizaban por las teclas negras y blancas de aquel reluciente piano. Estaba tocando una melodía que llevaba días resonando en mis oídos. No solía componer nada, o al menos no desde que era apenas un adolescente que soñaba con algún día convertirse en pianista. Al terminal abrí los ojos y me encontré de frente con mi hermano menor.—Joder, Marcos, me asustaste.Una sonrisa traviesa se esparció por sus labios dejando a la vista sus relucientes dientes.—Desde que la conociste no dejas de tocar esa melodía. ¿Es tuya?Me encogí de hombros.—No sé de dónde salió…Sonrió aún más.—De ahí —me apuntó el corazón—. Salió de ahí. Creo que te estás enamorando de Mara…—No digas estupideces.Me incorporé y comencé a avanzar fuera del auditorio. Sentí como sus pasos se apresuraban en seguir mi ritmo.—¿Qué pasó ahora? Le lancé una mirada acusatoria.—¿Tiene que pasar algo para que te venga a ver? Suelo venir cada semana…—So

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    Capítulo 31Mara:Crecí viendo a mi madre asistir a innumerables consultas de infertilidad y viendo como regresaba con la cabeza gacha sin resultados positivos. Al final los médicos siempre le decían lo mismo. Ya era un milagro que hubiera logrado dar a luz en una ocasión. Antes de empezar a perder la memoria por el Alzheimer, siempre que tenía oportunidad me decía que yo era su milagro, el regalo que dios le había dado ya que en teoría había nacido para no ser madre. A causa de todo esto creo que me adapté a la idea de ser hija única por siempre, a jamás saborear la frase “tengo un hermano o una hermana”. En mi cabeza nunca se vio reflejada la posibilidad de que mi padre tuviera hijos fuera del matrimonio. O, como en este caso, una hija. El silencio se había apoderado de la estancia. Mis ojos estaban fijos en aquella joven de ojos verdosos, nariz medio pecosa y figura esbelta. Ahora que me fijaba bien en ella me daba cuenta de que poseía una belleza envidiable. —Esto debe ser un e

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    Capítulo 30Mara:El silencio se había apoderado de nosotros. Seguíamos en aquel apartamento con la mirada fija en el anillo reluciente de Stefan. En mi cabeza no cabía ninguna teoría que pudiera encajar con su aparición en aquella habitación. Todo el tiempo, muy en el fondo, había esperado encontrar, en el más recóndito de los casos, que mi padre tuviera una amante, no que mi ex prometido hubiera estado justo enfrente del hotel donde mi padre se hospedaba. —¿Estás segura de que es de él? —volvió a preguntar, Lucio.Asentí. Las palabras no lograban salir de mis labios. Caminé hacia la cómoda y comencé a revisar en los cajones en busca de alguna información que me aclarara qué hacía Stefan en aquel lugar.—Tiene que haber algo… —murmuré mientras sacaba desde bragas hasta calcetines y sostenes de los más disímiles colores y tonos.Pero no había nada, salvo ropa de mujer. —Mara, creo que nos deberíamos ir ya. Es evidente que aquí no hay nada.Por fin dejé de buscar y lo miré a los ojos

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    Capítulo 29Mara:Mi rostro estaba en todos lados. El lanzamiento de la colección junto con la pedida de mano de Lucio había sido un auténtico escándalo. Me había metido a la empresa sin el consentimiento de Stefan y le había dejado claro que contra mí no iba a ganar. Para completar me había acostado con Lucio, me había entregado a él y ahora estábamos en la víspera de nuestro casamiento… Y aún así, a pesar de todo, seguía sin sentirme en paz. No podía seguir adelante, no iba a hacerlo hasta que descubriera aquellos misterios que me perseguían en sueños. Justo por eso estaba en aquel edificio. Frente a la habitación que mi padre avistaba desde el balcón del hotel que había enfrente. No podía ser coincidencia, aquello debía significar algo.Lucio a mi lado se aclaró la garganta. Obviamente le había pedido que me acompañara. Se suponía que me iba a ayudar en aquel proceso. Además, tras lo sucedido, estar a su lado había adquirido un tono más placentero.—Creo que no hay nadie. —murmuró.

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    Capítulo 28Mara:Al entrar a mi oficina aún estaba procesando lo que acababa de suceder en la sala de juntas. Le acababa de dar un golpe directo en el orgullo de Stefan. Lo había desafiado frente a los accionistas de la empresa y ahora ellos estaban de acuerdo en realizar una nueva votación para elegir el nuevo presidente. Como todo fue de último momento se decidió realizar la próxima semana.—¡Lo hicimos! —grité sin poderlo creer aún—. ¿Viste la cara de imbécil que tenía Stefan? Lucio tenía los ojos fijos en los míos pero no me estaba escuchando. Parecía un león admirando su futura presa.—¿Por qué me miras con esa cara? —cuestioné.—¿Con qué cara? —preguntó, juguetón—. ¿Acaso desconoces el rostro de un hombre que está enamorado?Me reí.—Estás loco.—Sí, loco de deseo. No sabes lo seductora que te veías en esa junta poniéndolos a todos en su lugar. Te juro que me tuve que controlar. Llegó a mi lado y, de forma instintiva, me senté en la mesa de mi puesto de trabajo, acorralada po

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