INICIAR SESIÓN¡Hola! Primero gracias si has entrado por aquí ( ◜‿◝ )♡ espero que está historia sea de tu agrado, tanto como a mí me está encantando escribirla. ¿Quién es ese hombre con el que Mía engañó a Adriel? ¿Será que el Adriel desmemoriado pueda llegar al fondo de todo? Espero que juntos llegamos al final del asunto. (◍•ᴗ•◍)❤ ¡Gracias por leer!
Notas finales de la autora ¡Muchísimas gracias a todas por acompañarme hasta la última página de esta historia! (◕ᴗ◕✿) Aprovecho para pedirles una disculpa enorme por haber dejado la novela en pausa durante un tiempo. Lo que pasó fue que me encontraba en plena actualización de otro proyecto de fantasía y hombres lobo, ¡y se me cruzaron los cables feo! De verdad, entre tanta trama, personajes y entregas, estuve a nada de dar el Britney moment y afeitarme la cabeza del estrés. Pero volví para cumplirles, y este es el gran final. ¿Habrá un libro sobre Azel e Izel en el futuro? Aún no lo sé con certeza, pero no descarto la idea de ver en qué problemas se meten esos dos cuando crezcan. Nuevamente, mil gracias por su paciencia, su apoyo y por acompañar a Mía y a Adriel hasta el final. Si quieren seguir leyendo, las invito a pasarse por mi otro libro, «Embarazada del CEO mujeriego», ¡que también está a solo dos capítulos de llegar a su fin! Nos leemos muy pronto (´ω`)
El funeral fue discreto: asistieron únicamente la familia directa y los socios más cercanos a la compañía.Mía lloró durante la ceremonia, pero sin un solo rastro de hipocresía. Comprendía la tragedia de esa mujer que intentó hacerle daño de tantas maneras y que, al final del camino, terminó destruida por sus propios demonios. Ana Salazar pasó sus últimos años de vida aferrada a la idea delirante de que Mía le había robado a Adriel. Quizá ahora, en el mundo de los muertos, su alma encontraría la paz que le fue ajena en la tierra.Izel derramó varias lágrimas en silencio y depositó una rosa blanca sobre la madera antes de que el ataúd fuera cerrado de forma definitiva. Azel realizó el mismo gesto con rostro serio.Y como nunca falta el espectáculo en esa clase de eventos, la enfermera personal de Ana interrumpió el respeto del momento. La mujer comenzó a gritar fuera de sí, alegando que resultaba una absoluta falta de respeto la presencia de Juliana, a quien tachaba como la hermana del
Azel se acomodó la corbata por tercera ocasión; el nudo continuaba torcido y sin forma.—Qué aburrido ir a ese estúpido cementerio —exclamó mientras ponía los ojos en blanco con fastidio.Izel, a su lado, también observaba su propio reflejo en el enorme espejo del tocador en la habitación de su madre.—Es la hermana de papá, tonto —le recordó ella con serenidad, mientras sujetaba su cabello lacio y castaño en una coleta alta.—¿Y eso qué? —respondió su hermano con un tono antipático.—Si yo muriera, ¿te gustaría que los demás digan que ir a verme es aburrido?Azel detuvo la mano sobre la corbata mal hecha. Una fugaz mueca de desconcierto le cruzó las facciones, pero se recompuso al segundo siguiente para no mostrar flaqueza.—No digas tonterías —replicó, al tiempo que le propinaba un ligero golpecito con la palma abierta en la cabeza.—¡Oye, tonto! —se quejó Izel; el gesto no le dolió, pero bastó para despeinarla.—Pues no digas idioteces entonces —sentenció Azel. Por fin logró sujeta
Un año después, la tranquilidad al fin reinaba en el hogar.Los niños corrían de un lado a otro en la sala, llenando cada rincón con risas infantiles. Mía, acomodada en el sofá, disfrutaba de aquella hermosa vista con el corazón repleto de paz.Ese día en específico, la atmósfera en la casa se sentía distinta debido a un visitante inesperado: habían acomodado a su suegra en una de las habitaciones de la planta alta. En el centro de salud donde permaneció internada la última semana, el equipo médico le recomendó a Adriel pasar más tiempo con ella.«Existen lapsos extensos donde recupera la lucidez», le había explicado la enfermera personal de su madre. «El problema es que, en esos momentos, el recuerdo de su hija fallecida la invade y, al chocar contra la realidad de su muerte, comienzan los episodios de agresividad».Adriel accedió al traslado porque, a pesar de todo, se trataba de la mujer que le dio la vida y lo cuidó de niño. No le quedaba más alternativa que velar por su bienesta
En un parpadeo estuvieron en la habitación de Adriel. Era, en realidad, su antigua habitación de casada. No es que dejaran de estar casados. Bueno, en el fondo seguía siendo el cuarto de ambos. Los besos continuaron, salvajes, húmedos y profundos. Entonces, Mía sintió la dureza de su miembro contra el vientre. No era ninguna inocente como para ignorar de qué se trataba. Una pregunta alarmante la golpeó en medio del frenesí: ¿cuánto tiempo llevaba sin sexo? Se separó de él cuando apenas tenía unos meses de embarazo y, tras la ruptura, jamás se le cruzó por la cabeza tocarse a sí misma. Nacieron sus hijos y después sobrevino un desastre tras otro. «Telarañas es lo que debe haber ahí abajo», pensó con un brinco de aprensión en el pecho cuando notó los dedos de Adriel en el borde de su blusa. —¿No quieres? —preguntó él, con la voz afiebrada. —No, no es eso —se apresuró a responder mientras se acomodaba la prenda con torpeza—. Es que la ropa interior es fea. Adriel dejó escapar u
Los siguientes exámenes médicos arrojaron resultados positivos y definitivos: no hubo daño neurológico de ningún tipo. La capacidad motriz de Adriel permaneció intacta, y su memoria no sufrió el menor retroceso. El diagnóstico definitivo devolvió la paz a la residencia familiar tras semanas de zozobra.El corazón de Mía se llenó de una calidez descrita solo por el alivio cuando contempló el rostro de sus pequeños. Los ojos de los gemelos se iluminaron con una alegría pura en cuanto vieron a su padre atravesar la puerta principal sobre sus propios pies, lleno de vida y con la postura firme de siempre. Ella misma, en lo más profundo de su ser, sintió la certeza de que el destino les otorgaba una segunda oportunidad. Después de mirar a la muerte de frente, cualquier conflicto previo perdía peso; la perspectiva cambiaba y permitía comprender que, para todo lo demás, existía una solución.Los días transcurrieron con rapidez. Las semanas iniciales se transformaron en meses de rutina tranq







