LOGINLaura se acercó:—¿Viste los mensajes que te mandé?—Dime primero, ¿por qué no me contestaste?Leo frunció el ceño. Cuando habló, se notaba claramente irritado:—Se me rompió el celular.Laura sintió un alivio interior. Al menos no era que él no quisiera contestarle.Podía notar que Leo estaba de mal humor, y sabía que no debía presionarlo demasiado.Después de todo, Leo y Catalina se conocían desde niños. Si Catalina había recurrido al suicidio para presionarlo, seguramente él solo estaba preocupado por su vida.Laura decidió no quedarse a desgastar el afecto que Leo sentía por ella.Cuando ella, Carlos y Mateo se fueron, el área frente al quirófano quedó aún más vacía.Leo observó la hiriente herida en el cuello blanco de Catalina y no pudo evitar fruncir el ceño.Apoyó suavemente la mano en el hombro de ella, rodeándola en un gesto de consuelo.—Primero hazte un chequeo completo, a ver si tienes otras lesiones.No era la primera vez que lo decía, y Catalina seguía sin responder.
Laura señaló a Catalina:—¿Entonces por eso no me contestabas? ¿Porque ella intentó suicidarse?Catalina respondió con frialdad:—No intenté suicidarme.Laura gritó con los ojos enrojecidos:—¡No finjas, Catalina! ¿Por qué no dejas en paz a Leo?—Contigo no es feliz, ¡lo único que le das es sufrimiento!—Solo le exiges cosas. —Yo soy la que puede hacerlo feliz, ¿todavía no lo entiendes?Desde que había llegado al hospital con Valeria, Catalina tenía un dolor punzante en la nuca y un zumbido constante en los oídos.Con los gritos de Laura, se sintió aún peor.La vista comenzó a nublársele.—Mateo, llévatela —ordenó Leo por segunda vez.Mateo se apresuró:—Srta. Suárez, la llevo de vuelta. —El Sr. Cantú tiene que ocuparse de algo.Laura ni siquiera lo miró.Clavó la mirada en Leo:—No vas a titubear, ¿verdad? —Te vas a divorciar de Catalina, ¿sí?Leo apretó los labios y la miró fijamente:—No voy a titubear.Catalina lo escuchó con claridad.La enfermera le limpió la sangre del cuello
Carlos se giró de repente hacia ella:—¿Que no te sientes bien? ¡Me parece que estás perfectamente!—¿Sabes que Valeria está en este momento en el quirófano? ¡Ni siquiera sé qué le pasó!Laura se quedó paralizada por el grito:—¿Me estás gritando por ella?Carlos también se quedó en blanco. De repente le vino a la mente aquel año en que Laura lo acompañó.Sintió una culpa inmensa y bajó la cabeza rápidamente:—Perdón. —Te mando la ubicación, ve viniendo con calma.Dicho esto, Carlos bajó corriendo las escaleras.En un instante, Laura perdió su rastro.Se quedó quieta, mirando fijamente el lugar donde él había desaparecido, sin poder creerlo.¿Cómo era posible?¿Cómo podía Carlos tratarla así?***Cuando Carlos llegó frente al quirófano, vio a Leo y a Catalina esperando afuera.Catalina tenía el cuello manchado de sangre. Leo estaba frente a ella, presionándole el cuello con un pañuelo, con el ceño fruncido.Catalina estaba sentada en la banqueta, tenía la mirada perdida y las manos
El rostro de Carlos se ensombreció y frunció el ceño al instante:—¿Qué le pasó?Laura no escuchó lo que se decía al celular y lo miró fijamente.Carlos sostuvo su mirada.Por un momento sintió una extraña culpa.Se dijo a sí mismo que, después de todo, había estado comprometido con Valeria desde niño.Así que era normal preocuparse por ella.Leo solo le dio la dirección, sin dar más detalles.Carlos miró la dirección en el celular y luego a Laura:—Tengo que hacer algo.Laura lo observó:—¿Adónde vas? ¿También tú me vas a dejar?Carlos respiró hondo:—Voy a buscar a Leo.Los ojos de Laura se iluminaron:—¿Qué te dijo en el celular?Se incorporó de golpe en la cama y lo miró fijamente:—¿Preguntó por mí?Su voz sonaba urgente.Carlos no supo qué responder.Leo no la había mencionado en la llamada.—Quiero ir contigo a buscarlo —dijo Laura, y levantó las sábanas para levantarse.Carlos la detuvo:—Quédate en el hospital, te están poniendo suero.—No quiero. ¿Vas a hacer algo? —Si no, ¿
La mente de Catalina se quedó completamente en blanco.Solo actuó por instinto, temblando mientras sostenía a Valeria entre sus brazos:—¡Una ambulancia! ¡Llamen a una ambulancia!—¡Por favor, ayúdenla!La persona que tenía en brazos no dejaba de resbalarse. Ya no le quedaban fuerzas.Pero se quedó rígida, sin atreverse a moverse, y dijo entre sollozos:—Valeria, no cierres los ojos, no, no... ¡la ambulancia ya viene!En ese momento, se abrió la puerta del ascensor que daba a la calle, al lado del Restaurante Flor.Carlos salió corriendo, hablando por teléfono, tratando de calmarla:—¡Laura! ¿Dónde estás? ¡Ya voy para allá! —No te estoy culpando por no ayudarme, ¡no hagas ninguna tontería!Echó un vistazo rápido. En la entrada principal había algo de alboroto, pero no sabía qué pasaba.No le importó. Pasó de largo frente al desorden y siguió consintiendo a Laura:—¡De ahora en adelante haré todo lo que me digas!—Bien, ¡nunca más volveré a tener contacto con Catalina!—De acuerdo,
Si le contaba a Valeria y ella cambiaba de opinión, pero Carlos seguía siendo el mismo de siempre...¿Podría ella asumir esa consecuencia?Catalina temía que Valeria sufriera lo mismo que ella.Guardó silencio un momento, luego preguntó:—¿Le has hablado a Carlos del divorcio?Valeria bajó la cabeza y dijo con tono apagado:—Se lo mencioné. —Dijo que mientras yo pueda arreglarlo con mi familia, a él no le importa. —Dijo que él puede gustar de otras mujeres y estar con ellas, y que yo también puedo gustar de otros. —Que no le molesta.Ambas familias llevaban años aliadas mediante este matrimonio. Eran demasiados intereses en juego.Conseguir que la familia Castro aceptara el divorcio de Valeria era casi imposible.Su matrimonio con Carlos ya no era solo cosa de dos personas; era un asunto de intereses entre dos familias.No era la primera vez que Valeria quería divorciarse.Pero solo esta vez estaba realmente decidida.Podía renunciar a todo, con tal de divorciarse y vivir por sí mi







