ANMELDENSi le contaba a Valeria y ella cambiaba de opinión, pero Carlos seguía siendo el mismo de siempre...¿Podría ella asumir esa consecuencia?Catalina temía que Valeria sufriera lo mismo que ella.Guardó silencio un momento, luego preguntó:—¿Le has hablado a Carlos del divorcio?Valeria bajó la cabeza y dijo con tono apagado:—Se lo mencioné. —Dijo que mientras yo pueda arreglarlo con mi familia, a él no le importa. —Dijo que él puede gustar de otras mujeres y estar con ellas, y que yo también puedo gustar de otros. —Que no le molesta.Ambas familias llevaban años aliadas mediante este matrimonio. Eran demasiados intereses en juego.Conseguir que la familia Castro aceptara el divorcio de Valeria era casi imposible.Su matrimonio con Carlos ya no era solo cosa de dos personas; era un asunto de intereses entre dos familias.No era la primera vez que Valeria quería divorciarse.Pero solo esta vez estaba realmente decidida.Podía renunciar a todo, con tal de divorciarse y vivir por sí mi
—Espérame —Catalina se levantó—. Me voy.—Adiós —Carlos agitó la mano.Tras despedir a Catalina, continuó disfrutando de la comida.Catalina, sin embargo, al salir, se dirigió al reservado contiguo.Valeria la esperaba desde hacía rato.—¿Por qué llegaste antes? —preguntó Catalina.Valeria bajó la cabeza:—Tenía miedo de encontrarme con Carlos, así que vine antes.Catalina la miró con atención:—Bien, tengo una pregunta. —Cuando la familia Torres quiso romper el compromiso, tú te negaste. —¿Ya estabas enamorada de Carlos desde antes? ¿Por eso no aceptaste la ruptura?Valeria se mordió el labio y un leve rubor le subió a las mejillas:—¿Quién no ha hecho tonterías en su juventud? —Además, él no era como ahora. Antes era buena persona.Su voz se debilitó y continuó:—Además, en mi casa no tengo poder de decisión.Valeria tenía un hermano mayor, el heredero de la familia, y un hermano menor, el mimado.Ella estaba en medio. Debía ceder ante el mayor y también ante el menor.No tenía v
Catalina le recordó:—Primero prueba llamando a Laura, tal vez acepte. —Después de todo, estuviste con ella bastante tiempo en Milado.Carlos miró el nombre en la pantalla de su celular: Jazmín.Si hubiera sido por cualquier otra cosa, jamás habría llamado a Laura para molestarla.Pero esta vez era diferente.Era la carta de Débora.Siguiendo el consejo de Catalina, llamó a Laura.Laura contestó enseguida:—¿Necesitas algo?—Sí. —Laura, ¿tú puedes entrar a la oficina de Leo?Laura preguntó con extrañeza:—¿Por qué preguntas eso?Carlos dijo:—Mi hermana dejó una carta en la oficina de Leo.Laura se quedó en silencio un momento, y de repente soltó una risa:—Carlos, ¿estás loco? —¿Acaso quieres que vaya a robarte la carta?—No es robar —la voz de Carlos tembló—. ¡Es mía!—Tu hermana se la dio a Leo, ¿qué tiene que ver contigo? —Si ella hubiera querido dártela, ahora mismo la tendrías en tus manos. —¿No entiendes algo tan simple?Las pupilas de Carlos se estremecieron:—Laura, ¿qué
Carlos empezó a repasar mentalmente:¿Quién demonios podría estar tan enamorada de él como para llegar a ese punto?¿Acompañar durante tres meses a un inútil que ni siquiera podía responder?Con esa capacidad de entrega, si se hubiera fijado en otro, seguramente ya habría triunfado.Lo que Carlos jamás imaginó es que ella aguantaría medio año.Cada vez hablaba más. Le contaba que la habían pillado distraída en clase y el profesor la había llamado a la pizarra.Que había llegado tarde al comedor y no había podido comer su plato favorito.Hasta le contaba que un día había tenido que pedir una compresa a la vecina de cubículo en el baño porque había olvidado la suya.No había quien la callara.Carlos repasó a todas las chicas que conocía en su memoria. No encontró a ninguna tan parlanchina.En Navidad pensó: "Seguro que hoy no viene.""Es Navidad, estará con su familia."Pero vino.Llegó como si estuviera enfadada:—¡Quién iba a decir que unas hojas secas me harían resbalar! —¡Mi ropa
Al recordar aquello, Carlos soltó una risa fría:—En ese momento estábamos todos en la conferencia del Sr. Navarro. —En cuanto Leo recibió tu llamada, se fue al instante. —Algo tan insignificante, podía haber mandado a cualquier asistente. —Cualquiera habría pensado que había pasado algo grave.Y no solo eso. Después, Leo la llevó personalmente a ver al consejo directivo de la universidad.Los estudiantes que la habían estado molestando fueron llamados a la oficina. A partir de ese día, cada vez que veían a Catalina, se desviaban para evitarla.Siempre resolvía todo por ella, y ella se volvía cada vez más dependiente de él.Carlos se encogió de hombros:—Cuando volví al país, lo primero que hice fue acercarme a ti, solo para ver cómo reaccionaba él...Dio un sorbo a su vino tinto. El cristal reflejó el cambio en su mirada:—Pero él ya cambió.Catalina apretó la copa y dijo en voz baja:—¿Por qué sacas el tema? He venido a hablar de la carta de tu hermana. —Busqué en el estudio,
—Srta. Suárez, ¿necesita algo?—Busco a Leo, tengo que hablar con él.—El señor no está.Laura no dijo nada más.Poco después, Iris oyó sonar un celular.Miró hacia atrás.El celular que estaba sobre la mesa era el de Leo.Iris no pudo evitar dirigir la mirada hacia la alta silueta en el balcón.Leo seguía fumando. Sin duda, seguía alterado por la discusión de hacía un momento.El celular no dejaba de sonar. Iris finalmente lo tomó y se acercó al balcón:—Es de la Srta. Suárez.Afuera, la noche era solitaria. El punto de fuego entre los dedos de Leo destacaba con fuerza.Iris pensó que al menos contestaría la llamada.Pero la mano que sostenía el cigarro tomó el celular y, al instante siguiente, lo arrojó con violencia.La fuerza del brazo fue tal que arrastró todo su cuerpo, y él soltó una respiración agitada.Abajo había césped, pero aun así el celular golpeó con un sonido seco.Iris se quedó petrificada, sin atreverse a moverse.Aunque Leo siempre había sido frío en el trato, y e







