INICIAR SESIÓNIsabella se incorporó hasta quedar sentada. Llevó las piernas hasta el pecho y se abrazó. Intentó respirar profundo para calmarse, sin ningún éxito. Las lágrimas seguían saliendo de sus ojos y no parecía que fueran a detenerse pronto.
Había tenido una pesadilla, una de esas que eran demasiado reales para considerarlas un sueño. Era más un recuerdo del día en que su papá había fallecido. No estaba segura de cuando había sido la última vez que soñó con eso. Le había tomado algunos años y un sinfín de terapias aprender a lidiar con el dolor y la culpa; pero todavía tenía pesadillas de vez en cuando y eran tan dolorosas como si aquella noche se volviera a repetir.
Cerró los ojos y todo se reprodujo en su mente. La lluvia golpeando contra el parabrisas y el techo del carro. La oscuridad de la noche apenas iluminada por lo faros. Un grito. La desesperación. Los ojos de su padre antes de que la vida se apagara en ellos para siempre.
Soltó un lamentó y se abrazó con más fuerza tratando de recordar que no estaba allí. Intentó respirar, pero era un trabajo cada vez más difícil, la opresión en su pecho lo dificultaba.
La puerta se abrió y unos pasos resonaron al interior de su habitación, se sintió como un sonido lejano. Segundos después unos brazos la envolvieron y fue la conexión con el presente que necesitaba.
—Isabella dime que está mal. —La voz de Luka se sintió como un salvavidas. Él se escuchaba preocupado. Trató de darle una respuesta, pero no pudo encontrar su voz—. ¿Alguien entró?
Ella sacudió la cabeza. Las lágrimas aún se deslizaban por sus mejillas.
Luka no la soltó, se quedó con ella frotándole la espalda y hablando. No estaba segura de que le estaba diciendo, pero tan solo escuchar su voz era suficiente para evitar que encerrara en su mente.
Pasó un tiempo antes de que la opresión en su pecho y la incapacidad para respirar con naturalidad desapareciera. Se separó de Luka y se limpió las mejillas. Todavía se sentía débil, pero lo peor parecía haber pasado.
Sus ataques de ansiedad habían empezado cuando aún era muy joven. Muchas veces le había resultado muy frustrante, pero aprendió a manejarlos y en su mayoría pasaron a ser más fáciles de lidiar. Sin embargo, en algunas ocasiones como esa aun la derrumbaban.
Luka esperó un poco más antes de insistir en saber lo que le había sucedido.
—Tuve una pesadilla. —Se limitó a decir.
Él no presionó para obtener más información, lo cual fue bueno no se sentía con ganas de hablar.
Se recostó en la cama y Luka se puso de pie mientras ella se tapaba con las cobijas.
—No te vayas —pidió. No era lo correcto pedirle al hombre que trabajaba para ella que se quedara, pero no estaba lista para que la dejara a solas.
—No iré a ningún lado —dijo él con vehemencia—. Nunca.
Luka se sentó a un lado y la observó en silencio.
—Cuéntame algo.
—Sobre qué
—Lo que sea. Cualquier cosa estará bien.
—Déjame pensar… Ya lo tengo —dijo él sonriendo—. Cuando tenía catorce o quince tal vez, Giovanni y yo fuimos de campamento, era algo que hacíamos cada año. Recuerdo que era casi de noche cuando se me ocurrió retarlo a comer gusanos.
Isabella hizo un gesto de asco.
>> No sé porque se me ocurrió. Giovanni, por supuesto se negó. Siempre fue el más inteligente de los dos.
—Puedo verlo —apretó los labios mortificada apenas las palabras salieron de su boca.
Luka no pareció molestarse por su comentario. Se preguntó si algo lograba irritarlo, hasta ese momento solo lo había visto en completa tranquilidad.
—Lo siento.
—Nunca te disculpes por ser tu misma. —Él le dio una sonrisa de lado—. ¿Puedo continuar? —preguntó él tocando su nariz con un dedo. Casi se sintió como una niña.
—Sí.
—Cómo te decía, Giovanni no quería hacerlo; pero terminé convenciéndolo, o quizás solo cedió para que me callara de una vez. Quedamos en que el que perdiera iba a nadar desnudo en el lago que estaba cerca. Debí suponer que Giovanni ganaría, el hombre no siente asco.
—Ganó —afirmó.
—Ganó —estuvo de acuerdo él—. Logré comer uno, pero hasta allí llegué. Giovanni se comió sin problemas dos y se proclamó vencedor. Él no me habría obligado a cumplir mi castigo, pero ambos tenemos un sentido del honor demasiado arraigado. Así que fuimos hasta el lago, me desnudé por completo y me lancé a las frías aguas.
Su rostro se sonrojo mientras evitaba pensar en él sin nada de ropa. Luka le sonrió como si supiera que estaba pasando por su mente, pero no hizo ningún comentario al respecto.
—¿En serio lo hiciste? —preguntó incrédula.
—Sí y nadé por un tiempo antes de fingir un calambre. Giovanni no dudó antes de saltar en mi rescate. Sabía que lo haría, ese sujeto es la persona más leal que conozco. Cuando se acercó lo suficiente me burlé de él y nadé de regreso a la orilla. No llegué muy lejos porque comencé a reír sin parar. Eso le dio el tiempo a Giovanni, quien estaba furioso, para salir del lago mucho antes que yo. —Luka hizo una mueca—. Él recogió mi ropa y se marchó con ella.
>>Al igual que es leal, puede ser un ser cruel hasta la médula cuando se lo propone. No miró ni una sola vez hacia atrás sin importar cuantas veces me disculpé mientras trataba de llegar a la orilla, para cuando lo hice él me llevaba buena ventaja. Él caminó con la ropa mojada, pero yo… Yo caminé casi un kilómetro con nada más que una hoja cubriéndome mientras rezaba que nadie pasara por allí. Habría terminado en las rejas por indecencia.
Isabella no pudo evitar soltar una carcajada ante la imagen.
—¿Ustedes han sido amigos mucho tiempo? —preguntó cuando dejó de reír.
—Bastante. Él siempre fue como un hermano mayor para mí, pese a no me lleva mucha diferencia.
Sus palabras estaban cargadas de afecto
—Yo nunca tuve a nadie así. —Hizo una pausa antes de continuar—. Me refiero a alguien en quien confiar o con quien pasar el tiempo. Alguien a quien pudiera contarle mis secretos o con quien hacer travesuras. —No sabía porque estaba compartiendo eso con él. Se dijo que todavía estaba afectada—. Mi único enfoque estaba en llegar alto y ahora que lo logré…
—¿Qué sucede?
—No sé si es esto lo que realmente quería. —Soltó un suspiro—. Olvida eso, es algo hipócrita de mi parte. Estoy viviendo la vida que muchos otros solo se atreverían a soñar, no tengo derecho a quejarme.
—Claro que sí. Nadie tiene porque decirte que está mal, es tu vida.
Si fuera tan fácil, pensó.
Los dos se quedaron en silencio por un momento.
—Deberías volver a tu habitación.
—No, mi trabajo es protegerte, incluso de las pesadillas.
—¿De eso se trata? ¿Trabajo? —preguntó antes de poder detenerse.
Sintió decepción. No quería significar trabajo o una fuente de ingresos. Quería que el resto la viera por lo que era, una persona como otras.
Él le toco la frente y le alisó el ceño que no sabía que estaba frunciendo.
—Tranquila, no es de la manera que estás pensando.
—¿Entonces?
—No estás lista para escucharlo. —Antes de que pudiera preguntar a qué se refería, él cambió de tema—. Ahora ¿puedo quedarme aquí o tengo que dormir en el frio y duro suelo?
Era obvio que él estaba tratando de actuar como un ser indefenso. Si no lo hubiera visto luchar contra hombres que parecían más fuertes que él y salir victorioso, quizás le habría creído.
—Seguro has dormido en lugares peores.
—Y tengo la columna mal a causa de ello. —Él se estiró para hacer énfasis en sus palabras.
—Quédate sobre las mantas —ordenó. No era eso lo que había pensado decir, pero tampoco se retractó.
Luka la confundía y la hacía actuar diferente a lo que haría con otras personas.
—Es un trato. —Él la besó en la frente, rodeó la cama y se recostó a su lado—. Descansa, mi ángel.
No sabría decir qué la sorprendió más, si el beso o sus palabras.
—Tengo un nombre —dijo a la defensiva.
—Estoy al tanto —respondió Luka sin abrir los ojos.
Soltó un resoplido y cerró los ojos.
Creyó que sería difícil dormir con él a su lado; pero, extrañamente, su presencia la hizo sentir tranquila y no tardó en quedarse dormida.
Luka estaba observando a través del vidrio a su esposa mientras respondía a las preguntas del entrevistador. Estaba tan orgulloso de todo lo que estaba logrando. Su carrera como cantante había seguido creciendo y ahora era conocida en muchos más lugares. Aunque por el momento las giras habían sido pospuestas. Isabella lo había decidido así por su hijo. Angelo Bennedeti había nacido poco más de diez meses atrás con un peso de tres kilos y trescientos gramos después de un trabajo de parto que había durado más de quince horas. Había venido al mundo gritando fuerte y había mantenido la costumbre. El pequeño travieso adoraba armar escándalos olímpicos y prefería no dormir demasiado de noche. Los primeros meses después del parto habían sido todo un caos. Apenas habían dormido y muchas veces se habían desesperado al no saber lo que su hijo quería. Pero poco a poco habían ido aprendiendo. Aunque no sin un par de maldiciones de por medio, que por supuesto procuraba decir lejos de su hijo si n
Isabella miró los pequeños palos de plástico cada vez más nerviosa. ¿Quién iba a pensar que cinco minutos podían parecer toda una eternidad? Era como si el tiempo se hubiera vuelto más lento a propósito.—Si sigues mirándolos así, solo lograras desintegrarlos con la mirada —bromeó Mia. Alzó la cabeza y la fulminó con la mirada—. No dije nada —dijo ella con las manos en alto.Regresó su mirada a las pruebas de embarazo y todavía no había ningún resultado. Las maldijo por tardarse tanto.Escuchó una risita, pero decidió ignorarla.Su último periodo se había atrasado casi una semana, pero apenas se había dado cuenta el día anterior. No había tenido ningún otro síntoma; sin embargo, no se había sentido capaz de esperar. Entonces, temprano esa
—Este fue un día perfecto —dijo Isabella mirando el cielo lleno de estrellas. La luna brillaba con intensidad en medio de la oscuridad y más allá los árboles se movían con el viento.El sonido de la música llegaba desde la lejanía, así como el ruido que hacían sus invitados mientras se divertían. Ellos habían salido en busca de un poco de privacidad y se habían alejado.—El mejor día de mi vida. —Depositó un beso en su hombro.Esa mujer increíble era ahora oficialmente su esposa. Suya para cuidar y suya para amar. Debía haber hecho algo realmente bueno en su vida pasada.—Me siento como en un sueño, pero espero que no sea así porque los sueños se acaban al despertar y quiero que esto que siento dure para siempre. —Seguro que nos las ingeniaremos para que sea así.
Isabella estaba nerviosa; pero también emocionada. Después de levantarse esa mañana, apenas había tenido tiempo para desayunar antes de ser arrastrada hasta a la campiña fuera de la ciudad en la que se celebraría la boda. Era un lugar mágico y las edificaciones lucían como de principios del siglo pasado.En el lugar se encontró con sus amigas, pero no hubo rastro de Luka. Fue llevada directo a una de las habitaciones antes de que tuviera oportunidad de preguntar por él. La noche anterior se había sentido una eternidad sin Luka a su lado y le había costado quedarse dormida.En la habitación las esperaban un equipo completo de maquilladores profesionales. Ellos les hicieron un tratamiento de piel completo y luego comenzaron a arreglarlas.La organizadora vino un par de veces para asegurarle que todo afuera iba bien y eso la hizo sentirse más tranquila. Ella era una de
Luka llevó a Isabella de regreso a su mesa. Giovanni y él habían pasado por allí antes de ir a buscarlas en el servicio higiénico; de hecho, había sido Zinerva quién les había dicho dónde estaban apenas los vio acercarse.—Hueles delicioso —dijo Isabella a su lado. Su comentario le sacó una sonrisa.—Comenzábamos a creer que nunca aparecerían —comentó Martia cuando se detuvieron frente a ellos—. Es bueno que estábamos equivocadas porque si no tendríamos que haber buscado alguien que nos llevara. —Aurelio está afuera, él las llevará a ambas —informó Giovanni.—Bueno, vamos. —Zinerva soltó un bostezó—. Me estoy muriendo de sueño. ¿Qué hora es?—Alrededor de las dos de la mañana. —Eso debe ser algún récord para ustedes. No creí que aguantaran hasta la medianoche —se burló Martia antes de levantarse y darle su llave. Él les había prestado su auto para que viajaran más seguras.Isabella soltó una risita a su lado.—De hecho, todos pensábamos lo mismo.Todas asintieron de acuerdo.—Nos ale
—Entiendo porque yo llevo peluca y lentes de contacto, pero no estoy segura de por qué lo hacen ustedes —dijo Isabella apenas conteniendo las ganas de soltarse a reír.Si el objetivo era pasar desapercibidas, no estaban para nada encaminadas. La peluca rosada que estaba usando resaltaba probablemente desde kilómetros de distancia, era algo que no habría usado a menos que alguien la hubiera obligado y, de hecho, así había sido. Y como si fuera poco sus amigas no lucían muy diferentes de ella. Martia traía una en color verde neón, Zinerva había optado por una en rojo sangre y Mia llevaba una fucsia.Mia la miró con mala cara.—Porque es divertido. Es como una de esas películas en las que debes ocultar tu identidad.—Exacto —dijo Martia mirándola por el espejo retrovisor.—No sé cómo dejé que me convencieran —musitó Zinerva divertida.—No lo hicimos, estabas entusiasmada con usarlas.—Antes de ver el color. Luego fue tarde para cambiar de opinión.Las risas no se hicieron esperar.—¿Dejas







