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last update Fecha de publicación: 2026-08-10 00:10:33

Sin pensarlo más, se inclinó un poco más cerca, con la rosa aún en mano, tratando de no hacer ruido.

Henry sintió que el mundo se desvanecía a su alrededor cuando sus labios finalmente se encontraron con los de Alexa. Era como si el tiempo se detuviera y toda la tensión acumulada entre ellos se desvaneciera en ese instante. El sabor de sus labios era dulce y familiar, y no quería separarse de ella. Cada beso era una mezcla de deseo y arrepentimiento, un intento de comunicarse sin palabras.

Al p
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Último capítulo

  • Mi insoportable esposo   48

    Ahogando un sollozo con una de sus manos, trató de tranquilizarse. Tal vez las hormonas del embarazo la tenían más sensible. Había tenido que poner todas las fotos de su matrimonio boca abajo, porque cada vez que las veía se ponía a llorar y le daban esas malditas ganas de correr y buscar a Henry para abrazarlo y decirle que lo perdonaba. Sentía decepción, amor, odio hacia el castaño, pero también ilusión por estar embarazada. Tantos sentimientos encontrados que pensaba que su cuerpo no resistiría tanto sufrimiento.—Alexa, niña, ya sal, me tienes desesperada. ¿Cuál fue el resultado? —Nadia estaba fuera del baño, esperando a que su mejor amiga saliera.La pelirosa estaba muy preocupada por Alexa. Ella no quería comer y cada vez que probaba bocado las náuseas le ganaban y terminaba devolviéndolo todo en el escusado. Cuando Nadia se enteró de la infidelidad de Henry, en serio quería arrancarle la cabeza y cortarle las pelotas con un cuchillo de sierra, pero ayer que tuvo que ir a la emp

  • Mi insoportable esposo   47

    —¿Es ella, verdad? Ya que la conoces hace tanto… ¿es ella la “niña bonita” con la que siempre hablas? —preguntó Alexa, tratando de que su voz no sonara tan rota como su corazón.—Sí… pero déjame hablar, amor…—¡No me llames amor! —gritó Alexa, rompiéndose finalmente en llanto—. ¡No vuelvas a llamarme amor jamás en tu vida! ¡Te odio, maldito infeliz!Con manos temblorosas, Alexa se llevó las manos al cuello, arrancándose el collar que Henry le había dado como símbolo de su “amor” y lo tiró a sus pies con desprecio.—Quiero que desaparezcas de mi vida ahora mismo. Y si crees que te voy a dejar esta casa para que metas a tu querido “niña bonita”, estás muy equivocado. Tus maletas están en el jardín, así que ¡lárgate!Henry cayó de rodillas, con lágrimas corriendo por sus mejillas. Tomó el collar en sus manos, como si al sujetarlo estuviera tratando de aferrarse al amor que Alexa le estaba quitando.—Alexa, por favor, escúchame. Es una historia complicada… Cuando lo conocí…—¡Que te calle

  • Mi insoportable esposo   46

    Alexa dejó las fotos regadas en el suelo y corrió a las escaleras para encerrarse en su habitación. No tenía que ser adivina para saber quién había enviado las fotos; conocía perfectamente esa letra.Entre los espasmos que estremecían su cuerpo, Alexa se dejó caer en la cama, aún sin poderlo creer. Dolía tanto… Henry era un maldito bastardo infeliz. Las lágrimas no dejaban de fluir, empapando la almohada mientras sentía su corazón romperse en pedazos. ¿Por qué? ¿Por qué hacerle esto? Enamorarla, hacerla sentir especial, solo para terminar engañándola, igual que Jack.Las respuestas parecían obvias: Henry Carrington había sido su enemigo durante 19 años. Tal vez solo la había utilizado para vengarse por todos los desplantes que Alexa le había hecho en el pasado, y ella, como una tonta, había caído en la trampa.Ahora tenía el corazón destrozado y, para empeorar las cosas, existía la posibilidad de llevar un hijo de ese bastardo en su vientre.En ese momento, Alexa se sentía menos que n

  • Mi insoportable esposo   45

    Alexa se quedó mirando la puerta por donde salió su esposo. Escuchó el motor del auto rugir y alejarse. Henry tenía mucha prisa. Con un puchero en sus labios, subió a su habitación. Era la primera vez que tendría que usar sus juguetes sexuales sin la compañía de Henry.Otra vez, Alexa estaba preparando el desayuno para ella sola. Con un suspiro, empezó a cortar el jamón para hacerlo con huevos revueltos. Cuando terminó de batir los huevos y los puso en el sartén, el olor del jamón friéndose invadió sus fosas nasales, causándole unas horribles náuseas. Apagó la estufa y corrió al baño a vomitar. Ya llevaba más de una semana con esos malestares estomacales; todo le causaba náuseas, incluso el olor de su preciada carne. Además, tenía un atraso, según sus cuentas.Debía ir al médico pronto para salir de dudas. Claro que Henry no se había dado cuenta de ninguno de sus síntomas; llevaba una semana sin compartir las comidas con Alexa, y en las noches llegaba muy agotado y se dormía. Siete dí

  • Mi insoportable esposo   44

    —Deja de manosearme—dijo Lexy con puchero.—Todo esto es mío—canturreó Henry con una sonrisa, besando el puchero de su enana y dándole un apretón a uno de sus glúteos—. Estaba pensando en quedarme en casa hoy, solo tengo que terminar algunos documentos y enviárselos a Víctor al correo.—¡Me encanta la idea!—respondió Lexy, saliendo de los brazos del castaño para levantarse. Cuando se puso de pie, su mundo dio vueltas y estuvo a punto de caerse, pero Henry fue más rápido y la sostuvo de la cintura.—¿Estás bien, Lexy?—preguntó preocupado, sentándose en la cama con ella en su regazo.—Sí, estoy bien, solo me levanté demasiado rápido—respondió, recuperándose del mareo.—Bueno, en ese caso, quédate un rato más en la cama. Yo me voy a duchar para hacer los documentos y así pasamos el resto del día juntos—declaró el castaño. Dejó a Lexy en la cama y, después de robarle un par de besos, entró a la ducha.Lexy se quedó en la cama como una niña buena, jugando con la cadenita que colgaba en su

  • Mi insoportable esposo   43

    Alexa asintió con la cabeza, como una niña buena, y abrió aún más sus piernas, ofreciéndose en cuerpo y alma al hombre que amaba. Henry recorrió su cuerpo con besos hasta llegar de nuevo a sus labios, y mientras la besaba, comenzó a penetrarla.Los primeros gemidos fueron ahogados por sus besos, pero pronto resultó incontrolable. Henry, siendo un hombre tan experimentado, encontró con sus primeras embestidas el punto perfecto de Alexa: su delicioso punto G.—¡Aaah, Hen, sí, así... ahí! —gemía ella sin pudor, observando el rostro de Henry, lleno de placer mientras la embestía.—¿Ahí, bebé? ¿Te gusta?—¡Diablos, sí... más duro, Henry!Embestida tras embestida, ambos cuerpos sudorosos disfrutaban del máximo placer. Siempre habían sido compatibles en la cama, pero ahora que se amaban, todo era mejor. Henry sostuvo a Alexa por las caderas mientras la embestía con fuerza.—Hen... sí, ahhh... así, más rápido... más —rogaba sin pudor la rubia.—¡Diablos, Alexa! Eres tan preciosa, eres mía, be

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