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Capítulo 5: Un Refugio en sus Brazos

Penulis: Itha León
last update Tanggal publikasi: 2025-03-07 01:39:01

Ava se quedó parada frente al escritorio de Ethan, esperando una respuesta que no llegó. A pesar de sus palabras, y de la tensión que flotaba en la habitación, él había vuelto a sus documentos como si ella no existiera.

La impotencia se enredó en su pecho.

Quería decirle algo más, quería gritarle que abriera los ojos y viera a su hijo. Pero sabía que no serviría de nada. Con un último vistazo a ese hombre frío y distante, giró sobre sus talones y salió de la oficina, cerrando la puerta tras de sí con un suspiro pesado.

Cuando subió las escaleras en dirección a la habitación de Adrián, lo encontró dormido. Estaba acurrucado en su cama, abrazando una manta, con los labios entreabiertos y su pequeño pecho subiendo y bajando con suavidad. Parecía tan frágil así, tan distinto al niño desafiante que se negaba a jugar en el parque.

Ava se acercó y con delicadeza le acomodó la manta sobre los hombros.

—Duerme bien, pequeño tesoro —susurró.

Y en ese instante, supo que haría lo imposible por él.

A la mañana siguiente, llegó temprano a la mansión Moreau.

Apenas cruzó la puerta, se encontró con Arthur, quien tenía el rostro tenso y ojeroso, como si no hubiera dormido bien.

—Gracias a Dios que llegaste —murmuró, pasándose una mano por el cabello.

Ava frunció el ceño.

—¿Qué pasó?

Arthur exhaló pesadamente.

—Adrián no quiere salir de su habitación. Se encerró desde anoche y no deja que nadie entre. Ethan se fue temprano y me dejó a cargo, pero no sé qué hacer con él.

La preocupación se instaló en el pecho de Ava.

Sin responder, subió rápidamente las escaleras y se detuvo frente a la puerta de Adrián. Golpeó suavemente.

—Adrián, soy yo. ¿Puedo pasar?

No hubo respuesta.

Ava pegó la oreja a la puerta y escuchó un sollozo ahogado.

Su corazón se encogió.

Sin esperar más, giró la perilla. No estaba cerrada con seguro. Entró en la habitación y encontró a Adrián acurrucado en un rincón, con su carita hundida entre sus rodillas.

Las cortinas estaban cerradas y la habitación estaba en oscuridad. Sobre la alfombra, había varios muñecos de peluche tirados y, junto a ellos, un libro de cuentos abierto, con las hojas ligeramente arrugadas.

Ava se acercó despacio, sin hacer movimientos bruscos.

—Adrián… —murmuró con dulzura.

El niño no levantó la cabeza.

Ella se arrodilló a su lado y le acarició el cabello con delicadeza.

—Estoy aquí. No tienes que hablar si no quieres, pero quiero quedarme contigo.

Adrián se estremeció.

Ava no insistió. En lugar de eso, se sentó junto a él en silencio.

Los minutos pasaron.

Finalmente, después de un rato, el niño alzó el rostro. Sus mejillas estaban húmedas y sus ojos, rojos por el llanto.

Ava le dedicó una sonrisa comprensiva y, con un gesto suave, le secó las lágrimas con los pulgares.

Adrián la miró con incertidumbre.

—¿Te quedarás aquí? —su voz fue un susurro frágil.

—Todo el tiempo que quieras —respondió Ava sin dudarlo.

El niño mordió su labio y, sin previo aviso, se lanzó a sus brazos.

Ava lo sostuvo con firmeza, envolviéndolo en un abrazo protector. Sintió cómo su pequeño cuerpo se relajaba contra el suyo, cómo los sollozos se volvían más suaves hasta convertirse en simples respiraciones entrecortadas.

Acarició su espalda en círculos lentos, transmitiéndole seguridad.

—Aquí estás a salvo, Adrián —susurró.

El niño no respondió, pero apretó sus manitas contra la tela de su blusa, aferrándose a ella como si temiera que desapareciera.

El silencio se prolongó.

Entonces, con un tono apenas audible, Adrián susurró:

—¿Puedes leerme un cuento?

Ava sintió un nudo en la garganta.

Había visto el libro abierto en el suelo. Lo reconoció.

—¿Este? —preguntó, alcanzándolo.

Adrián asintió, sin soltarla.

—Mamá me lo leía…

Su voz se quebró y Ava sintió que su corazón se apretaba.

Con extrema delicadeza, se acomodó junto a él y abrió el libro en la página señalada.

—Está bien, empecemos.

Y mientras leía, sintió cómo Adrián se iba quedando dormido contra su pecho, con los dedos pequeños aferrados a su blusa y su respiración haciéndose cada vez más pausada.

Más tarde ese día, mientras Adrián dormía en su cama, Ava bajó a la cocina para prepararle algo de comer.

Arthur la encontró allí, apoyado en la entrada con los brazos cruzados.

—No sé cómo lo haces —admitió—. Ese niño no deja que nadie se acerque, pero contigo…

Ava suspiró y le sirvió una taza de café.

—Solo necesita amor. Y alguien que esté dispuesto a quedarse a su lado.

Arthur tomó la taza y asintió con un suspiro.

—Ojalá su padre lo entendiera.

Ava apretó los labios.

—Ethan tiene miedo —dijo, más para sí misma que para Arthur—. Se nota en la forma en que lo evita. En cómo prefiere encerrarse en su trabajo.

Arthur la observó con interés.

—¿Miedo? ¿A qué?

Ava sostuvo la taza entre sus manos y lo miró a los ojos.

—A encariñarse con él. A perderlo.

Arthur se quedó en silencio.

—Tal vez tengas razón —murmuró al final—. Pero Ethan nunca ha sabido cómo manejar esas cosas.

Ava se inclinó sobre la mesa.

—Entonces alguien tiene que enseñarle.

Arthur soltó una risa seca.

—Buena suerte con eso.

Ava no respondió.

Porque en el fondo, sabía que no iba a rendirse.

Esa noche, cuando Ethan llegó a casa, Ava ya había acostado a Adrián y estaba en la sala, revisando unos libros infantiles que encontró en la biblioteca de la mansión.

Escuchó la puerta abrirse y levantó la vista justo cuando Ethan entraba, aflojándose la corbata con cansancio.

Su mirada se cruzó con la de ella y se detuvo en seco.

—¿Sigues aquí? —preguntó, con un deje de sorpresa en la voz.

—Sí —respondió Ava con calma—. Adrián tuvo un día difícil.

Ethan frunció el ceño.

—Arthur me dijo algo, pero no entró en detalles.

Ava cerró el libro y lo miró con seriedad.

—Lo encontré llorando en su habitación. No quería hablar con nadie.

El ceño de Ethan se frunció aún más, pero no dijo nada.

Ava respiró hondo y se puso de pie.

—Ethan, Adrián te necesita. No solo como proveedor, no solo como el hombre que paga las cuentas. Te necesita como padre.

Ethan tensó la mandíbula.

—No tienes idea de lo que dices.

—Sí la tengo —insistió Ava, dando un paso hacia él—. Hoy me pidió que le leyera su cuento favorito. Me dijo que su mamá solía hacerlo. ¿Sabes lo que eso significa?

Ethan apretó los puños.

—No hables de ella.

—No estoy hablando de ella —corrigió Ava con suavidad—. Estoy hablando de Adrián. De cómo busca amor en cualquier rincón porque no lo encuentra en quien más lo necesita.

Los ojos de Ethan brillaron con algo oscuro e indescifrable.

Pero no respondió.

Simplemente, giró sobre sus talones y se marchó, dejando a Ava de pie.

Ava suspiró.

Sabía que este no sería un camino fácil.

Pero si había algo que tenía claro…

Era que no iba a rendirse.

Porque Adrián lo valía.

★Gente hermosa los invito a seguirme en mi página de f******k como: Strella escritora y coeditora.

En I*******m y tick tock me encuentran como @Ithaleonescritora.

No olviden dejar sus comentarios diciéndome que tal les parece mi novela, y calificar mi novela para que sea más conocida y seguir mi cuenta de Buenovela.

Muchas gracias a todos por su apoyo. ❣️

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Elvira Portillo
Ava, tenés una misión imposible con Ethan
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