Compartir

Capítulo 2

Autor: Rilijik
last update Fecha de publicación: 2026-10-07 19:51:48

La policía se marchó. Naomi cerró la puerta, aún sin poder creer lo que los oficiales le habían dicho. Temblando de pies a cabeza, volvió a sentarse en el sofá y lloró. Pasó casi toda la noche en vela y, para no sentirse sola, inundada por los recuerdos de sus padres, fue a la habitación que compartía con Greta. Se acostó junto a ella, la abrazó, y la niña se acurrucó contra su pecho sin saber nada.

Naomi durmió algunas horas, pero una pesadilla la despertó, y sin querer despertó también a Greta.

—¿A qué horas llegaron mi papá y mi mamá? —preguntó la niña con voz adormilada. Aquella pregunta hizo que nuevas lágrimas escaparan de los ojos de Naomi, quien abrazó a su hermana con fuerza.

—¿Por qué lloras? —preguntó Greta, preocupada.

Naomi dudó entre decirle la verdad o no. Sabía que la noticia dolería igual a cualquier hora del día, pero no quería hacerlo en ese momento. Ella misma deseaba despertar de la pesadilla en la que estaba atrapada, pero sabía que esta vez era real, dura y cruel.

—Anoche —susurró entre sollozos—. Cuando ya estabas dormida, vinieron unos oficiales y me dijeron que nuestros padres habían sufrido un accidente.

—¿Y cómo están?

—Ellos… ellos… ahora están bien y se han ido al cielo.

—¿Y por qué se fueron allá sin nosotras? —preguntó Greta, algo celosa—. ¿Cuándo vienen?

—No lo sé… —musitó Naomi sin poder dejar de llorar.

—¿Te vas a ir tú también? —preguntó la niña, temerosa.

—No. Yo me voy a quedar contigo.

Con un nudo en el estómago, Naomi preparó el desayuno para que Greta comiera y poder llevarla a la escuela antes de ir ella a reconocer a sus padres en la morgue. Mientras la niña comía, Naomi trató de mantenerse serena y no llorar más frente a ella. Greta no tenía por qué cargar con el dolor que ella estaba sintiendo. Hubiera preferido tener la edad de su hermana para ser inocente, para no comprender la pérdida, pero si hubiera sido así, probablemente las enviarían a un orfanato y quizás las separarían más adelante, entregándolas a familias distintas y perdiendo el contacto para siempre.

Por suerte, ya era mayor de edad y podía hacerse cargo de Greta, aunque eso significaba renunciar a estudiar y a todos sus sueños. Ahora debía trabajar para poder comer y asegurar que su hermana tuviera la educación obligatoria.

Cuando llegó a la morgue, con el corazón hecho pedazos, sintió náuseas. No había nadie más que pudiera hacer eso por ella. Estaban solas en aquella ciudad, solo ellas dos para cuidarse y acompañarse de ahora en adelante.

La sala de espera de la morgue, a media mañana, no era un lugar silencioso. Además de los cadáveres que reposaban en el edificio, había personas haciendo trámites y otras que, al igual que Naomi, estaban allí afectadas, esperando para reconocer a sus familiares.

El aire se sentía pesado y había un fuerte olor a desinfectante que lo invadía todo.

A Naomi le tocó esperar su turno. Cuando finalmente llegó, un asistente la llevó por un pasillo hacia una sala especial. Mientras caminaba, sus pasos resonaban y un frío repentino la recorrió. No sabía si era el clima del lugar o si era el miedo el que le helaba la piel.

El hombre se detuvo frente a una de las puertas y la abrió; al hacerlo, el estómago de Naomi se contrajo.

—¿Segura de que quieres hacerlo? —preguntó el asistente al notar que la joven se había puesto tan pálida como el papel—. Alguien más puede hacerlo por ti.

—No hay nadie más que pueda hacerlo —respondió, con una voz temblorosa pero decidida, reuniendo toda la fortaleza que tenía.

—De acuerdo —dijo él, dejándola pasar.

Dentro de la sala, dos cuerpos reposaban en camillas adyacentes, cubiertos por sábanas blancas. El hombre se acercó a la primera camilla, y Naomi lo siguió obligándose a mantenerse de pie. Las lágrimas ya corrían silenciosas por sus mejillas.

Cuando estuvieron junto a la camilla, él descubrió el rostro del primer cuerpo. Era su madre.

Naomi no pudo contener el sollozo y se lanzó sobre el cuerpo frío de su progenitora. Se apartó unos segundos después, observando el rostro con algunos golpes visibles. Casi parecía dormida, pero la piel helada era la confirmación cruel de la realidad.

El asistente le dio su espacio. Luego pasaron al segundo cadáver, y el resultado fue el mismo: era su padre. No había duda.

Después firmó el documento legal que confirmaba que las personas en esas camillas eran sus padres, cerrando así el proceso de identificación policial para iniciar otro más difícil.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Mi segunda vida    Capítulo 11

    Cuando Valeria recibió el informe no pudo creerlo. Naomi era joven. Y, aunque había trabajado con ella por años, casi no sabía nada de su vida. Lo único que sabía era que vivía con su hermana menor, a quien Valeria intentó contactar en varias ocasiones sin éxito… hasta dos días después. La llamada finalmente fue contestada. ―Hola… ―fue lo único que logró decir Valeria. ―Diga ―respondió al otro lado la voz cansada de una mujer joven. ― ¿Es usted Greta Vargas Ríos? ―Sí, soy yo. ―Tengo que darle una noticia, pero antes quiero saber dónde se encuentra y con quién está. ―Estoy sola, en mi casa. ―Muy bien. Permítame presentarme. Soy Valeria Villarreal, la jefa de su hermana Naomi. ― ¿En qué puedo ayudarla? ¿Ella no fue a trabajar? Valeria tragó saliva. ―Yo… lamento informarle que su hermana ha fallecido. ― ¿Qué? ―Su hermana está muerta. Greta dejó caer el celular al suelo, conmocionada por la noticia. Aún no podía creer lo que acababa de escuchar: su hermana estaba muerta. D

  • Mi segunda vida    Capítulo 10

    El tiempo pasó volando. El señor Villareal y el señor Moncada estaban ahora retirados, y eran sus hijas quienes se hacían cargo del despacho. Por eso, Naomi trabajaba cada vez más directamente con ellas. Camila seguía siendo igual de molesta y despectiva que siempre; nada de eso sorprendía ya a Naomi. A pesar de los años que llevaban en el mismo lugar, Valeria continuaba sin ser capaz de hablar con Naomi más allá de lo estrictamente profesional. Naomi nunca decía más de lo necesario, y cada intento de Valeria por acercarse terminaba estrellándose contra la misma muralla de amabilidad distante. Las veces en que Valeria se ofreció a llevarla a casa, Naomi solo aceptó una. Después de eso, siempre encontraba alguna excusa para negarse, hasta que Valeria dejó de insistir. Camila, en cuanto supo que Valeria le había dado un aventón a Naomi, la llamó a su oficina al día siguiente. Con su tono más frío, le dejó claro que tenía prohibido acercarse a Valeria fuera del trabajo. Si lo hacía —d

  • Mi segunda vida    Capítulo 9

    Días después, en el despacho contable, presentaron a dos mujeres jóvenes, casi de la misma edad de Naomi. Eran hijas de los dueños del despacho y habían llegado para empezar a involucrarse en el negocio que algún día les tocaría dirigir. Nadie en la oficina las había visto antes, pero ese día aparecieron para dar de qué hablar.Como era de esperarse, el señor Villarreal presentó a Naomi como la mejor y más confiable auxiliar contable, por lo que quedó a disposición de ambas. Naomi se sintió un poco cohibida: aquellas mujeres eran diametralmente distintas a ella. Aunque una parecía más sencilla, la otra apenas le extendió la mano.—Ella es mi hija Valeria —la presentó el señor Villarreal. Naomi estrechó su mano—. Y ella es Camila Moncada.—Un gusto conocerlas —dijo Naomi.—Igualmente —respondió Valeria, mientras Camila solo inclinó la cabeza con un gesto breve después de estrecharle la mano.Camila se dio cuenta de la forma en que los ojos de Valeria observaron a la asistente auxiliar,

  • Mi segunda vida    Capítulo 8

    Cuando Greta despertó y salió de la habitación para desayunar, se encontró apenada con su hermana y con un fuerte dolor de cabeza. Naomi, como siempre, ya estaba lista para ir a trabajar —aunque faltara más de una hora para entrar—, con el desayuno listo y servido.Greta se quedó de pie junto a la mesa, mirando al suelo, avergonzada.—Come o se te va a hacer tarde —dijo Naomi, con un tono seco, muy distinto al tono cariñoso que siempre usaba con ella desde que se habían quedado solas.—Lo siento —murmuró Greta.—Me la paso todos los días trabajando para darte lo mejor, pero parece que no te importa nada de lo que hago —respondió Naomi, con enojo. Esta vez fue Greta quien sintió los ojos llenarse de lágrimas—. Si me enojo es porque me preocupo por ti. Aún eres menor de edad, ¿sabes lo que podría pasar si se dan cuenta de que estás bebiendo cerveza y no estás en casa porque yo no te pongo atención? ¿Tienes idea del problema en el que me podrías meter? ¿En el que podríamos acabar las dos

  • Mi segunda vida    Capítulo 7

    Al final del día, Naomi estaba agotada mentalmente por la cantidad de información nueva que había recibido, pero satisfecha por haber superado la primera prueba. Cuando llegó a casa, no tenía ánimos de mucho. Se acercó a Greta, le dio un beso en la frente y se dejó caer a su lado en el sofá sin decir palabra. Greta la miró y comentó: ―No pareces muy animada con tu primer día de trabajo. ―Bueno, fue agotador mentalmente, con tantas cosas que memorizar ―dijo Naomi mientras se frotaba las sienes y se quitaba los zapatos de tacón bajo que había comprado para el trabajo―. Me están matando los pies. ― ¿Qué esperabas? Estabas acostumbrada a usar tenis todo el día. ―Lo sé, pero ahora no puedo llevarlos diario. Este trabajo es distinto. ―Que sí lo sé, si hasta te compraste ropa nueva ―dijo Greta, mirando la nueva indumentaria: pantalón de vestir negro de corte recto y blusa blanca. ―No podía ir con lo que tenía. ―Hasta pareces otra ―comentó Greta, acostumbrada a verla siempre con mezcl

  • Mi segunda vida    Capítulo 6

    Pasó un día. Pasaron dos. Y casi al final de la tarde del tercer día, recibió una llamada en su celular. ― ¿Diga? ―respondió Naomi al ver que era un número desconocido. ―Hablo del despacho contable ―dijo una voz masculina. ―Dígame, ¿en qué puedo ayudarle? ―Después de revisar su perfil y tener una conversación interna, hemos decidido que usted es la persona que buscamos. Le ofrecemos el puesto de auxiliar administrativa. ¿Puede empezar el lunes de la próxima semana? Naomi no podía creer lo que escuchaba. Estaba feliz, muy feliz. Sentía que, después de tantos años, al fin tenía una satisfacción para sí misma. ―Claro, por supuesto que sí ―respondió conteniendo la emoción. ―Entonces, por favor revise en un momento su correo electrónico. Le enviaremos su contrato: allí podrá ver su sueldo, prestaciones y la fecha exacta en la que debe presentarse a trabajar. ―Muchísimas gracias ―dijo Naomi. No pudo evitar dar algunos saltitos de alegría. Moría por ver a su hermana para contarle

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status