LOGINEl Punto de Vista de Julian ~ La biblioteca todavía olía a sexo, sudor y el olor acre e inmundo de demasiados hombres habiendo usado a una sola chica. El fuego había ardido más bajo. Las velas en el escritorio se habían derretido hasta quedar en muñones. Sobre la alfombra frente a la mesa, Layla yacía de lado, temblando, su cuerpo marcado de la cabeza a los pies con todo lo que le habíamos hecho. El semen de mi padre se secaba en sus muslos internos. La liberación de Arthur se había costrado en su estómago. La semilla de Damian todavía se fugaba entre las mejillas de su trasero. El semen de Felix estaba embadurnado sobre sus tetas y sus pezones mordidos. Y el mío todavía estaba húmedo en sus labios y su mentón desde donde la había hecho limpiar mi polla con su boca. Ella se veía rota. No solo usada. Rota de una forma que apretó mi pecho, porque yo la conocía. La conocía desde los diez años, corriendo por estos pasillos con las rodillas raspadas y una boca que nunca se detenía. La
El Punto de Vista de Felix~ Había soñado con esto durante años. No solo la noche en que se sentó en mi regazo a los veintiuno con aquel vestido verde, frotando su pequeño y caliente coño sobre mi polla a través de mis pantalones mientras me susurraba *tío divertido* al oído como una burla. No solo la forma en que se inclinó frente a mí después, sabiendo que vi la curva de su trasero, sabiendo que fui a mi habitación y me acaricié hasta quedar en carne viva por ello. No. Había soñado con ella de rodillas con su boca insolente sobre mí, su lengua sobre mí, y luego lo que me ponía más duro de todo: su lengua en mi culo mientras el resto de mi familia la arruinaba por detrás. Y ahora finalmente estaba sucediendo. La biblioteca todavía olía a semen, sudor, saliva y su excitación. Ese olor era lo suficientemente espeso como para ahogarse. Layla estaba en la alfombra frente a la mesa, a cuatro patas, su cuerpo era una ruina temblorosa. El semen de Silas y el de Arthur todavía se fugab
El Punto de Vista de Silas ~ El cerrojo encajó en su lugar, y ese pequeño sonido fue el fin de cada mentira que me había contado a mí mismo sobre ser un hombre bueno. Estaba de pie dentro de la biblioteca con mi polla dura dentro de mis pantalones, gruesa y dolorida, la cabeza goteando tanto pre-semen que mis bóxers estaban empapados. Justo enfrente de mí estaba mi hijastra. La chica que había criado desde los diez años. La chica cuya madre había matrimoniado por un contrato y nunca amé. La chica que había deseado en la oscuridad durante años mientras me odiaba por ello. Ahora ella estaba de rodillas en mi alfombra, usada, marcada, y todavía rogando por más. Esto era tabú. Esto era incesto. Este era el semen de mi hermano Arthur secándose en sus tetas, el semen de mi hijo Julian resbaladizo en sus muslos, y su propio coño goteando sobre mi suelo. Y cada hombre en esta habitación había pecado solo anoche en la oscuridad, acariciando nuestras pollas al pensar en ella mientras ella
El Punto de Vista de Arthur ~ —Me quieren los dos —susurró ella, sus caderas meciéndose contra nada, su coño goteando sobre mi escritorio—. Siempre lo han hecho. Julian, me grabaste durante años. Arthur, luchaste contra eso durante años. Los provoqué a todos. Sabía lo que hacía. Me gustaba. Por favor, los necesito a los dos. Compártanme. Por favor. Puedo soportarlo. Quiero a mi hermanastro y a mi tío. A los dos. Úsenme. Llénenme. Ruinenme. Hagan lo que quieran conmigo, pero por favor, los dos. El silencio en la habitación era pesado. La mano de Julian fue a su cremallera antes de que pudiera detenerse. Gimió porque la chica por la que había estado obsesionado durante años estaba acostada en mi escritorio, atada y rogando por los dos. Miré hacia ella. Mi nena. La hijastra de mi hermano. La mocosa que me había torturado con su mente y su cuerpo desde los veinte. —¿Nos quieres a los dos? —pregunté, mi voz ronca por el control. —Sí, papi. Por favor. Compártanme. Me desabroché los p
El Punto de Vista de Arthur ~ La llevé a la casa por la puerta lateral del ala este, y no la llevé de regreso al Ala Oeste. Ella todavía temblaba en mis brazos. Sus piernas desnudas estaban trabadas alrededor de mi cintura, sus tetas estaban empujadas hacia arriba fuera de la camisa de Damian, y mi semen se secaba en sus pezones desde la nieve. Su coño todavía goteaba contra mi estómago, rojo, hinchado, y empapado por mis dedos, mis bofetadas, y el orgasmo que le había arrancado contra aquel árbol. Yo todavía estaba duro. Mi polla no se había ablandado ni un segundo. Empujaba contra mis pantalones, gruesa y pesada, la cabeza goteando pre-semen en mis bóxers, porque tenerla en mis brazos, marcada con mi semen y todavía rogando por más, era la cosa más inmunda que jamás había conocido. Ella era la hijastra de mi hermano. Mi sobrina en todos los sentidos que importaban. Y yo había chupado sus pezones, abofeteado su coño, follado con los dedos en la nieve, y vaciado mis bolas en sus t
El Punto de Vista de Arthur ~ La palabra me deshizo, pero no lo demostré. Mi polla estaba rígida, gruesa y pesada, presionando contra su estómago a través de mis pantalones. Ella lo sintió y se frotó hacia adelante, restregándose contra mí como la mocosa que era, su coño empapado untando humedad en mis pantalones a través de la camisa. —Pide como es debido —ordené. Sus ojos se oscurecieron de necesidad. —Tócame, papi. Por favor. He estado empapada desde anoche y nadie haría nada al respecto. Julian me azotó y me dejó adolorida. Silas me hizo arrodillar y se fue. Por favor, seré buena, suplicaré, solo por favor tócame. Mantuve una mano en su pecho, amasando la carne suave, haciendo rodar su pezón entre mis dedos a través de la camisa hasta que gimió, y luego empujé la camisa hacia arriba y sobre su teta por completo, dejando el suave y pálido globo al aire frío. Su pezón era una punta dura y rosada, fruncida y apretada, y lo pellizqué entre mi pulgar y mi índice, haciéndolo rodar







