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Capítulo 4

Autor: Héctor Cerrajas
Patricio pareció dudar. Saqué el celular del bolsillo y comencé a marcar el número de la policía. Patricio se asustó y me soltó.

—No llames a la policía. Yo... yo no voy a hacerte nada más.

Me incorporé en el sofá.

—Déjame ver la grabación. Quiero ver si salgo en el video.

Si Patricio era capaz de poner una cámara de vigilancia en la habitación, también podía usar la grabación después para amenazarme.

Tenía que descartar esa posibilidad.

—¡No!

Patricio se negó sin siquiera pensarlo. Su reacción
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  • Muñequita Navideña   Capítulo 7

    Trajo a varios tipos corpulentos e irrumpió con ellos en mi casa. Al verlo, me alarmé, agarré la escoba que tenía al lado y la sostuve frente a mí para protegerme.—¿Usted... qué hace aquí?Patricio se me quedó viendo y rio entre dientes.—Sigues estando tan buena como siempre. No puedo dejar de pensar en ti. No tengas miedo, solo traje a unos amigos para que disfrutes un rato.Les hizo una seña a los tipos que lo acompañaban y me rodearon.¿Cómo no iba a entender sus intenciones?—¡Váyanse! ¡Lárguense o llamo a la policía!Si todos esos tipos me...Iba a quedar destrozada.Saqué el celular para intimidarlos, pero uno de ellos me lo arrebató y lo tiró al suelo. Se acercaban cada vez más, sin dejar de mirarme con descaro.Parecían lobos hambrientos al acecho de su presa. Me quedé pálida del susto e intenté recoger el celular. Uno de los tipos me tiró al suelo y me inmovilizó.También pisoteó mi celular. Al verlo destrozado, perdí toda esperanza.Ahora sí estaba perdida.Se amontonaron a

  • Muñequita Navideña   Capítulo 6

    Lo que hizo Romina confirmó mis sospechas. Estaba involucrada en todo aquello. Como no estaba prevenida, logró arrebatarme el celular de Patricio.—¡Lía, Anderson, suelten a mi papá o llamo a la policía! ¡Lo están lastimando!Después de quitarme el celular, se sintió más segura y se dispuso a apartar a Anderson de un empujón.Anderson me miró.—Lía, llama a la policía.Era evidente que quería adelantarse a ella. Al escucharlo, Romina se asustó. Solo había lanzado una amenaza vacía para intimidarnos. En realidad, no se atrevía a llamar a la policía.Al verla tan asustada, saqué el celular y llamé. Los policías llegaron enseguida. Nos llevaron a todos a la comisaría.Después de escuchar lo que les contamos de principio a fin, interrogaron a Romina. Supongo que la autoridad la intimidó, porque terminó por confesar todo. Aquel día había llevado la funda a casa con la intención de hacerme caer en la trampa.Sabía que la curiosidad me llevaría a probármela. Además, en la reunión con mis comp

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    Miré a mi alrededor. Por suerte, nadie nos estaba viendo.—¿Usted... qué hace aquí?Le hablé con dureza, muy seria. Patricio rio entre dientes y señaló el baño que estaba en una esquina.—Ven al baño conmigo. Tengo que hablar contigo.Lo ocurrido antes ya estaba resuelto y no quería tener más trato con él, así que rechacé su petición sin dudar.—Lo que tenga que decirme, dígamelo aquí.Al ver que me negaba, Patricio se puso serio. Luego sacó el celular y lo agitó frente a mí. Abrí los ojos de par en par al ver las imágenes.¡Era la grabación de vigilancia de la recámara!Se veía con claridad cómo me metía a escondidas en la funda y todo lo que él me había hecho.¿No me había dicho Romina que el video ya estaba borrado? Entonces, ¿qué era eso?Me quedé pálida al comprender que quizá me había engañado.—Ven al baño o pongo el video para que todos lo oigan.Patricio se acercó a mi oído para amenazarme en voz baja.“¡Animal!”Lo insulté en mi mente, pero no me atrevía a enfrentarlo. Si pon

  • Muñequita Navideña   Capítulo 4

    Patricio pareció dudar. Saqué el celular del bolsillo y comencé a marcar el número de la policía. Patricio se asustó y me soltó.—No llames a la policía. Yo... yo no voy a hacerte nada más.Me incorporé en el sofá.—Déjame ver la grabación. Quiero ver si salgo en el video.Si Patricio era capaz de poner una cámara de vigilancia en la habitación, también podía usar la grabación después para amenazarme.Tenía que descartar esa posibilidad.—¡No!Patricio se negó sin siquiera pensarlo. Su reacción me hizo sospechar que había algo más y aumentó mis ganas de ver la grabación.—Si no me dejas verla, llamaré a la policía.Debió de temer que cumpliera mi amenaza, porque negó repetidamente con la cabeza.—Ahí tengo otros videos míos. No puedes verlos...Ninguno de los dos cedía cuando Romina regresó a toda prisa. En cuanto vio a Patricio, empezó a recriminarle lo que hizo.—Papá, ¿cómo puedes hacer algo así a tu edad? ¡Me das vergüenza! ¡Pídele perdón a Lía!Romina siguió reprendiéndolo sin par

  • Muñequita Navideña   Capítulo 3

    Su calor y su cuerpo firme me recordaron todo lo que pasó entre Patricio y yo en el baño. Con lo que me estaba haciendo, cada vez me costaba más resistirme. Ansiaba que se pegara a mí.Pero en el último momento se escuchó un estallido y la recámara, que hasta entonces estaba iluminada, quedó a oscuras. Toda la casa se quedó sin luz. Recobré la razón y sentí alivio. Menos mal que se cortó la electricidad; de lo contrario, Patricio y yo...Él también se asustó, me soltó y salió corriendo.—¡Mierda! Se descompuso el microondas. Tengo que salir a subir el interruptor general.Aproveché que salió para quitarme la funda a toda prisa. Busqué el celular a oscuras y encendí la linterna, dispuesta a fingir que yo también acababa de llegar. Entonces descubrí un punto rojo que parpadeaba en la recámara.Me acerqué y vi que era una cámara de vigilancia.Palidecí.¿Por qué había una cámara de vigilancia en la recámara de Romina?¿La había puesto ella o Patricio?¿Eso significaba que había quedado gr

  • Muñequita Navideña   Capítulo 2

    —No haga eso, suélteme. Romina regresó. Si nos ve así, tendremos problemas... Us... Usted es su papá.Hice un poco más de fuerza. Al notar que intentaba zafarme, se resistió a dejarme ir, pero terminó por soltarme.—Perdóname, Lía. No fue mi intención. Todo fue un accidente.En cuanto Patricio me soltó, me levanté como pude, con las piernas sin fuerzas.Me bajé la falda sin detenerme a pensar en que me miraba la piel blanca que me había quedado al descubierto por detrás.Muerta de vergüenza, abrí la puerta del baño. Mi mejor amiga acababa de abrir la puerta de la casa y todavía no encendía la luz, así que corrí a la habitación.Encendí la luz y me vi en el espejo, sonrojada y con la cara cubierta de sudor. Me arreglé a toda prisa.Romina entró poco después. Al verme tan roja, me miró con desconfianza y luego se rio.—Lía, ¿no habrás aprovechado que no estaba para divertirte a solas con un juguetito?Recordé lo que acababa de pasar con Patricio y me sentí nerviosa y culpable. No podía p

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