LOGIN—No me lama ahí… Me está llamando mi esposo… Contesté, muerta de vergüenza. No dejé que mi marido, del otro lado de la línea, se diera cuenta de que en ese momento yo tenía a otro hombre con la cabeza hundida entre mis piernas…
View MoreNo sabía cómo explicárselo a mi esposo, pero Arian reaccionó primero y echó a correr. Ramsés fue más rápido. Tomó el florero que tenía a mano sobre el mueble y se lo lanzó a Arian, que huía. El florero no se desvió ni un centímetro. Se estrelló de lleno contra la cabeza de Arian con un estruendo.Vi, sin poder hacer nada, cómo Arian se desplomaba y empezaba a sangrar a chorros por la cabeza. ¡No sabía qué hacer!—¡Te atreviste a cogerte a mi mujer! ¡Maldito!Me quedé paralizada. Ramsés se abalanzó sobre él y empezó a molerlo a golpes y patadas mientras Arian seguía tirado en el suelo.Unos cuantos puñetazos bastaron para dejarlo agonizando. Solo entonces reaccioné.—¡Lo estás matando! ¡Lo estás matando!Quise detenerlo, pero Ramsés se volvió y me dio una cachetada que me volteó la cara.—¡Perra asquerosa! ¡Me pusiste los cuernos! ¡Tú tampoco vales nada!Ramsés temblaba de furia. Descargó toda su violencia contra Arian, que seguía inconsciente en el suelo. La sangre seguía extendiéndose
—No… no…Intenté negarme, pero mi cuerpo no aguantaba las oleadas de placer y terminaba cediendo bajo las embestidas feroces de Arian. Sentía que era la mayor locura que había hecho hasta entonces.Pero era obvio que a Arian no le bastaba. Incluso propuso que nos fuéramos a los pies de la cama donde dormía Ramsés para hacerlo otra vez, sin el menor pudor.En ese momento, por fin volví en mí. ¡Pensé que ese tipo estaba loco! Una cosa era acostarme con otro, pero ¿delante de mi esposo? ¡Jamás!—Si no quieres, está bien. No te estoy obligando.Al ver que me negaba así, Arian se encogió de hombros, como si no fuera gran cosa. Pero yo ya no tenía ganas de seguir, así que le pedí que se fuera.—Cuando terminemos. ¿No le parece?Pero Arian no quiso irse. Ya le había agarrado el gusto y sabía que yo no podía negarme; insistió tanto, mezclando ruegos y artimañas, que acabé otra vez de rodillas sobre el sillón, recibiendo aquel masaje profundo.Con cada una de sus embestidas, aquella sensación m
Arian llevaba una gabardina hasta la rodilla y me miraba con una sonrisa burlona. Temiendo que entrara y despertara a mi esposo, salí a toda prisa y lo empujé hacia afuera. No esperaba que él aprovechara el impulso para atraparme entre sus brazos.—Así no… Mi esposo está aquí…Forcejeé, pero sentí algo duro apretado contra mi vientre. Bajé la mirada por instinto y entonces lo descubrí.¡Debajo de la gabardina, Arian no traía nada puesto! Aquel miembro enorme que tantas veces me había hecho tocar el cielo estaba ahí, duro contra mi vientre, y encima palpitaba.—¿Qué? ¿No te gusta?Arian me envolvió con la gabardina y, con esa sonrisa burlona, me miró desde arriba. Me miró hasta que me ardieron las mejillas y me puse hecha un manojo de nervios. Por un lado, que se atreviera a proponerme un juego así me sorprendía y me excitaba.Pero, por otro lado, me aterraba que Ramsés se despertara y nos descubriera…—¿Cómo se te ocurre venir así…?Pegada a su cuerpo, sentía aquella dureza descomunal;
Jadeaba en el baño, deseando que fuera mi esposo quien me consolara en un momento así. Pero solo me quedaron el vacío y el consuelo de mis dedos. Esa vez no me detuve hasta quedar exhausta; solo entonces volví arrastrándome al cuarto.Al ver a Ramsés, que ya dormía profundamente de espaldas a mí, supe que nada volvería a ser como antes. Después de algo así, lo que sentía por él no era solo culpa; también había una emoción imposible de nombrar. Quizá eso era el sabor de lo prohibido.Esa noche, hasta en sueños reviví aquella escena mientras mi esposo me llamaba. O quizá me volví adicta a esa emoción. En los días siguientes, de vez en cuando inventaba un pretexto para verme con Arian.A veces en su casa; otras, en un hotel.—¿Y tu esposa?Después de acostarnos otra vez, por fin le hice la pregunta que llevaba tiempo dándome vueltas.—¿No sientes que la estás traicionando con esto?Arian se rio.—¿Y tú? ¿No sientes que estás traicionando a tu esposo con esto?Mientras hablaba, me levantó
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