—No haga eso, suélteme. Romina regresó. Si nos ve así, tendremos problemas... Us... Usted es su papá.Hice un poco más de fuerza. Al notar que intentaba zafarme, se resistió a dejarme ir, pero terminó por soltarme.—Perdóname, Lía. No fue mi intención. Todo fue un accidente.En cuanto Patricio me soltó, me levanté como pude, con las piernas sin fuerzas.Me bajé la falda sin detenerme a pensar en que me miraba la piel blanca que me había quedado al descubierto por detrás.Muerta de vergüenza, abrí la puerta del baño. Mi mejor amiga acababa de abrir la puerta de la casa y todavía no encendía la luz, así que corrí a la habitación.Encendí la luz y me vi en el espejo, sonrojada y con la cara cubierta de sudor. Me arreglé a toda prisa.Romina entró poco después. Al verme tan roja, me miró con desconfianza y luego se rio.—Lía, ¿no habrás aprovechado que no estaba para divertirte a solas con un juguetito?Recordé lo que acababa de pasar con Patricio y me sentí nerviosa y culpable. No podía p
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