MasukPero, al salir del baño, mientras pensaba en repetir el mismo conjunto sucio, sintió unos golpes suaves en la puerta del cuarto.Miró la toalla enredada alrededor de sus caderas. ¿Y si eran las niñas?No podía salir así, pero entonces escuchó la voz de la nana anunciando que dejaba un paquete para el señor Calder en el pasillo.Douglas abrió la puerta en cuanto la oyó alejarse.Como sospechaba, era la ropa que Hermes le había enviado.Por fin pudo dejar atrás su atuendo de animal print, aunque hasta le había tomado cariño.Se vistió con sus pantalones de sastre, sus zapatos caros, una camisa blanca y una americana, y bajó a desayunar.Lilianne no estaba, pero encontró a las niñas terminando de desayunar.—¡Papito!Douglas se agachó y abrió los brazos cuando ellas se bajaron de sus asientos y corrieron hacia él.Las abrazó contra su pecho y aspiró el aroma suavecito de sus colonias, impregnado en sus cabellos.Maldita sea, tenía que recuperar todo el tiempo perdido con ellas.Lo hacían
Se quedaron congelados al escuchar los gritos de Sienna y la manija comenzó a moverse con torpeza.A Lilianne casi se le paralizó el corazón.Ella estaba medio desnuda, con la concha llena de la sustancia de Douglas y el Sr. Consuelo vibrando sobre la alfombra.Porque sí… era de vibración y el interruptor se accionó al caer.—¡Sienna, te dije que bajaras a desayunar! Deja a tus padres tranquilos. ¡Vamos!La voz de Atenea se escuchó en el pasillo.—Pero, nana, escuché a papá riéndose. Yo también quiero jugar…—¡Yo también!—¡Sophie! ¿Por qué subiste de nuevo? ¡Bajen las dos o voy a madurarles las nalgas!Al fin se alejaron entre gritos inconformes.Lilianne suspiró, dejándose caer como si estuviese deshuesada contra Douglas.—Te voy a matar, maldito bruto…—susurró.—Nena, moriría feliz en esas manitos tuyas.Douglas la llevó hasta la cama y la dejó caer suavemente sobre el colchón.Se incorporó y, ya de pie, contempló todo el paisaje casi al desnudo.La piel de ella brillaba por el sud
Douglas estaba en el séptimo cielo.La verdad es que había empezado solo con una probadita, pero quien no arriesga no gana y ya había metido el churro dos veces en su mujer.Le dio besitos en la barbilla y salió lentamente de su interior, gruñendo bajo y satisfecho, aunque bien que se le podía poner dura de nuevo solo con algunas chupaditas de Lily.—Douglas, ya bájate de encima de mí…Douglas se tensó y, claro… ya había regresado Lilianne, la mujer de hielo.Se incorporó un poco, apoyado en sus manos, pero aún entre sus piernas.La vio llevarse las manos a la cara en un gesto de frustración, como si se arrepintiera de su arrebato repentino.Douglas frunció el ceño. Realmente, no era eso lo que deseaba.Pero ¿qué esperaba? ¿Acurrucarse juntos y ser la familia feliz?Sabía que seguía apostando por el deseo que Lilianne sentía por él, pero no solo quería sexo… Él quería de nuevo su amor y su confianza.—No tienes que poner esa cara como si hubieses cometido el gran error de tu vida —dij
El sonido húmedo de los besos resonó en la habitación casi a oscuras.Los gemidos escaparon de los labios de Lilianne cuando Douglas comenzó a lamerle y besarle el cuello, bajando por su escote.Llevaba un vestidito de noche muy fácil de manejar.Solo tuvo que bajarle los tirantes y sus pechos quedaron a merced del lobo feroz.Douglas aspiró la colonia impregnada en su piel, rodeó el duro pico del pezón con la lengua y abrió la boca para chupar profundamente aquella aréola café.Sostuvo el peso del otro seno con una mano, amasándolo y estirando el pezón entre sus dedos mientras su boca mamaba como un hombre hambriento.—Mmnn… Shhh…Los dedos de Lilianne se enredaron en su cabello y la espalda femenina se arqueó para darle de comer.Douglas gruñía excitado, moviendo las caderas contra el colchón para estimular su polla y buscar algo de consuelo al deseo que lo ahogaba.La temperatura subía y su boca pecaminosa dejó un rastro húmedo en el estómago de su esposa cuando le alzó el vestidit
—¡Cállate, Sienna! —se oyó otro grito desde el baño.—Bueno… Lilianne aún no se ha levantado —respondió Douglas con cara de circunstancias.A pesar de sus reservas, Atenea casi se rió de la situación; conocía de sobra a aquellas dos.—No se preocupe, yo me hago cargo. Puede tomar café a la cocina, ya puse la máquina. ¿Esos guardaespaldas son suyos?Dio unos pasos hacia Douglas y le quitó a Sienna de los brazos.Douglas asintió.—No entrarán en la casa.—Está bien, es solo para sacar luego una bandeja con el desayuno. Yo me hago cargo.—Gracias. —A Douglas le gustó su competencia.—Viste, nana, papá se va a quedar a vivir con nosotras para siempre y ayer acabó con unos hombres malos…Sienna empezó a parlotear mientras Atenea se la llevaba de regreso al baño para arreglarle aquellas greñas despeinadas.Atenea no preguntó qué locuras eran esas delante del magnate, pero, cuando este se marchó, interrogó a las niñas y más o menos se hizo una idea.Después hablaría con su jefa, pero era obv
Ambos se precipitaron por el pasillo y Douglas empujó a Lilianne detrás de él para entrar primero por si había algún peligro.Pero, gracias a Dios, solo encontraron a Sophie llorando mientras Sienna la abrazaba en su cama.—Sophie soñó con hombres malos…Sienna levantó los ojos, también enrojecidos, y Lilianne corrió hacia la cama para consolarlas a las dos.Se habían comportado demasiado bien después de los sucesos del día.El rato con Douglas las mantuvo entretenidas, pero ahora aparecían los problemas.—Vamos a mi cuarto. Duerman con mamá. No hay ningún hombre malo aquí, miren…Lilianne les señaló el cuarto y ellas miraron a todos lados para asegurarse.La presencia de Douglas en cuclillas junto a la cama fue lo que terminó por darles su ancla.—Papá es muy fuerte. ¿De verdad creen que voy a dejar que alguien les haga algo?Douglas les enseñó los bíceps y eso fue todo. Era obvio que nadie podría superar a su padre.Sophie fue la primera en echarle los brazos al cuello, aún sollozan







