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Capítulo 8

Author: Alexyta
last update publish date: 2026-10-22 23:28:51

Llegué a la oficina, dejé el maletín sobre el escritorio y rodeé este. Me acomodé en el gran sillón de cuero y esperé que ingresara Doyun, mi sustituto.

—Mr. Pinheiro, ¡hwan-yeonghabnida!

—¡Gracias! —se sentó y continuó hablándome en coreano. Lo hacía tan rápido que casi no lograba entenderle—. Háblame en portugués, francés, español, italiano, inglés, pero deja de lado tu idioma —solicité. Estaba en su tierra, pero a pesar de ser mi cuñado era mi empleado y debía regirse a los idiomas que más manejaba.

Mientras me daba un informe completo sobre estas semanas que no había asistido, revisaba la pantalla del ordenador. Mantuve la mirada fija en aquella toalla que envolvía su silueta, la cual cayó dejando completamente desnudo su cuerpo. Aparté la mirada y la dirigí a Doyun.

—Organiza una reunión. El grupo que acaba de unirse tendrá nuevo líder.

—¿Nuevo líder?

Enarqué una ceja.

—¿No me hice entender en portugués?

—Nathan, es que… no podremos elegir un líder en el nuevo grupo, porque tiene dueño —mientras lo miraba fijamente sonrió—. Ok, prepararé todo.

—Que no falte ninguno —tomé el saco y salí. Tuve un par de reuniones. Antes de la hora de almuerzo volví a casa, me senté en el comedor y solicité que se llamara a mi esposa.

Al rato bajó. No la miré; tenía la mirada concentrada en el periódico.

—Pueden servir —dejé de lado el periódico y centré la mirada en ella—. ¿Estudiaste? —levantó la mirada y asintió—. ¿Hasta qué nivel de universidad llegaste? ¿Cuántos títulos tienes?

—¿Títulos? Apenas voy a ingresar a la universidad.

—¿Recién? ¡Qué vaga eres! A tu edad ya tenía cuatro títulos.

—Señor Pinheiro, ¿olvida que soy la hija de nadie? Por lo tanto, no tuve la oportunidad de estudiar corrido y elegir más de una carrera.

—Eres la hija de Oliver Martinek, deberías tener un buen estudio ya que es alguien importante en Corea. Es el sexto heredero de los portugueses que triunfaron en Asia.

—Soy su hija bastarda. No me quiso, nunca me querrá. ¿Cree que si me hubiera querido habría permitido que me casara con usted?

—¿Y por qué no? ¿Qué tengo de malo? —le sonreí—. La gente es tan estúpida que se deja llevar por chismes, ni siquiera se toman el tiempo de analizar o investigar, simplemente repiten como loro lo que escuchan, y así van esparciendo temor por todos lados, llenando de terror a todos. ¿Dime? ¿Me veo como el hombre del cual te hablaron?

Apretó los labios y se quedó observándome.

—Pues no, se ve diferente a como lo imaginaba.

—¿Y cómo me imaginabas? ¿Con unos cuernos y un rostro diabólico? —sonreí y llevé la cuchara a la boca.

—Hace unos días atrás, en mi habitación apareció un hombre con el rostro desfigurado. Yo llegué a creer que era usted.

—Y lo era —afirmé. Los ojos se le agrandaron—. Usé una máscara para asustarte. Mis planes eran volverte loca, tan loca como yo lo estuve. Porque después de lo que tu hermana hizo, perdí la razón e hice cosas de locos.

—¿Cómo? ¿Usted quería volverme loca?

—Exacto, quería, ahora ya no.

—¿Por qué? ¿Acaso está loco? No sabe lo mal que la pasé esa noche. ¿Y si hubiera muerto del susto?

—Loco estoy. Y si morías serías otra más a mi cuenta —movió la cabeza en negación a lo que escuchaba—. La realidad es que a quien quería volver loca era a tu hermana. Por eso me casé con ella, para torturarla, pero como llegaste a esta casa haciéndote pasar por ella, emprendí mi plan. Así que no me culpes, fue culpa tuya. Y si no hubiera descubierto que no eras ella, a esta altura ya estarías loca y estrangulada.

Tembló, lo sé porque al momento de llevar la cucharada de sopa a la boca, su mano se movió.

—¿Usted también era el de los pasos, susurros y suspiros?

—Mis empleados, ellos hacían todo eso.

—¿Y lo volverán a hacer?

—Depende. Si te portas bien, no volverá a suceder.

—¿Portarme bien, señor Pinheiro? ¿A qué se refiere con portarme bien?

—A serme leal. Conmigo puedes tener todo. Tu vida podría cambiar, dejarías de ser la sufrida Cenicienta y pasarías a ser la reina de este castillo. Pero si me traicionas, si te atreves a mentirme nuevamente o hacer algo que me moleste, la Cenicienta sufrida se quedará corta.

—Yo no quiero ser la reina de ningún castillo. Solo quiero ser yo, tener una vida sin complicaciones. Estudiar, terminar mi carrera y encontrar un trabajo, sobre todo, tener tiempo para estar con mi madre.

—Todo lo que dijiste puedes tenerlo y realizarlo, menos la vida normal. Eres mi esposa y estarás rodeada de complicaciones. Esto es lo que va a pasar: traeré a tu madre a esta casa, prepararemos una habitación y contrataré los doctores y enfermeros necesarios para que cuiden de ella hasta el último día de su vida. Así podrás estar cerca y verla morir.

—¿Aquí? ¿En su casa?

—Sí. ¿Tienes problema en eso?

—No. Pero… ¿a cambio de qué, señor Pinheiro?

—Suelo cobrar los favores que hago, pero como eres mi esposa, no te cobraré. Otra cosa que harás es tomar el liderato del grupo Martinek. Esto sucederá mañana…

—¿¡Qué!? ¿Se volvió loco? Ese es el grupo de mi padre. Él jamás permitiría que sea su líder.

—Lo permitirá, ya lo verás.

—Yo no puedo —se levantó.

—¿No quedó claro lo de no hacerme enojar?

—Señor Pinheiro… ni siquiera he terminado mis estudios, apenas terminé el colegio.

—Eso no es un problema. Estudiarás por las noches y los fines de semana.

—Yo no creo que pueda. No sé nada de negocios…

—Claro que puedes. Fuiste capaz de suplantar a tu hermana, puedes con mucho más. Además, no estarás sola, tendrás una asistente la cual te ayudará en todo momento.

—¿Esta es su venganza en contra de mi familia por haberlo engañado?

—Esto solo es el principio —indiqué el asiento—. Siéntate y termina la comida.

Pasé la servilleta por los labios, me levanté y fui al llamado de Aarón.

—Ya lo encontré, señor. Está en la bodega.

—Ok, en un momento bajo.

Regresé a terminar la comida, sobre todo, a cerrar el trato con mi joven esposa.

—Entonces, ¿estamos claros?

—Mi padre me matará, él jamás permitirá que me quede con su grupo. Su odio hacia mí crecerá…

—Qué más te da. Dices que nunca te ha querido, al menos le darás un motivo para que te odie más. En cuanto a tu seguridad, créeme, no se atreverá a tocarte. Mientras seas mi esposa, nadie te tocará. Y cuando digo nadie, es nadie.

—Está bien, acepto tomar el liderato del grupo Martinek.

—Esa es mi chica —culminé el almuerzo. Estaba por salir cuando me detuvo.

—Señor Pinheiro, sobre lo otro…

La regresé a ver. Estaba parada y mirándome con vergüenza.

—¿Qué otro?

—Soy su esposa… Quiero saber…

Me acerqué a ella. Se tensó y retrocedió. Me detuve y la miré fijamente.

—¿Qué es lo que quieres saber? ¿Hasta cuándo estaremos casados? —suspiró y asintió—. ¿Tienes algún novio? —negó—. ¿Entonces? ¿Por qué quieres saber hasta cuándo permaneceremos casados?

—¿Quiere saber por qué mi madre aún permanece con vida?

—Porque no la dejas ir, ya me lo dijiste.

—La razón verdadera es que ella quiere morir cuando yo me haya casado con un maravilloso hombre.

—Ya te casaste con uno.

—Con alguien que pueda formar una familia. Mamá quiere morir sabiendo que no estaré sola el resto de mi vida. Yo ya no quería seguirle dando largas a eso. Por eso, cuando entrara a la universidad…

—Ya estás casada, no es necesario que busques a alguien más, porque ya no estarás sola, me tendrás a mí. Y debes saber que no dejarás de ser mi esposa hasta el último día de mi vida. Solo cuando muera podrás ser libre.

Dicho eso di la vuelta y salí del comedor. Fui hasta la bodega y me hice cargo del traidor que le pasaba información al abuelo.

—Tantas historias que se dicen por ahí, y aun así siguen haciendo cosas para enojarme.

—Era su abuelo, señor. No pensé que eso le molestara. ¡Perdóneme! ¡Perdóneme! —¿perdonar? Yo no sabía el significado de esa palabra.

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