LOGINRelata Adamari
Caminaba de brazos cruzados por el jardín, pensando y analizando lo que estaba por suceder. Sería la nueva líder del grupo Martinek. Esto era algo que no me lo esperaba, menos lo imaginé.
Siempre tuve en claro que mi padre jamás me permitiría trabajar en su empresa. Además de que era un machista de m****a, que creía que las mujeres solo habíamos nacido para ser amas de casa, era su hija bastarda. Ni siquiera el apellido fue capaz de darme, menos me dejaría liderar su grupo, más aún cuando él aún podía.
Lo que iba a suceder mañana tenía mis pelos de punta, más que no sabía cómo iba a liderar el grupo. En verdad que el señor Pinheiro se había vuelto loco. Sus ganas de vengarse por lo que había hecho mi padre no le permitían pensar con claridad.
Es que tampoco le interesaba lo que pasara con el grupo. Total, no era suyo; si se arruinaba, qué más le daba. Los millones que perdería los podría recuperar en un chasquido.
Estuve un rato caminando, disfrutando de este hermoso paisaje que se encontraba detrás de la enorme mansión. Era maravilloso: había una larga expansión de terreno lleno de árboles frutales, flores, fuentes y un laberinto forrado de enredaderas.
No había mucho que hacer en esta casa, más que explorar los lugares, los cuales me intrigaban. Me paré de brazos cruzados, posé la mirada en la mansión. Era tan grande, como si fuera un castillo. Estaba concentrada observando el hermoso aspecto cuando lo vi salir de una puerta con algunos hombres. Me escondí tras un árbol y desde ahí lo observé.
Otros de sus hombres sacaron a alguien totalmente ensangrentado, lo subieron a la cajuela y se lo llevaron. Mi corazón empezó a temblar porque en realidad Nathan era un asesino.
Temblando de miedo me senté tras el árbol y centré la mirada en la nada, pensando cómo sería mi vida viviendo por siempre aquí. No quería vivir por siempre en este lugar, no quería ser la esposa de ese hombre. No era esta la vida que había querido mi madre para mí, ni tampoco la que yo había soñado.
¿Y si escapaba? ¿Y si me iba lejos? Sonreí amargamente porque no tenía ni un dólar. Además, ¿dónde podía ir? Mi madre estaba hospitalizada; si iba al hospital, sería el primer lugar donde Nathan me buscaría. Si iba donde papá y le contaba todo, seguro me golpearía hasta cansarse, sobre todo, dejaría a mi madre morir con dolor.
Estaba condenada a esta vida, a ser la esposa de ese hombre. Este era mi destino, tenía que afrontarlo y acoplarme a él.
Después de algunos minutos, casi de haber estado más de una hora pensando en lo que vi, volví a la mansión. Iba a subir a la habitación y Nathan me interceptó.
Al momento que lo vi quise huir, pero se paró en frente y me miró con ojos cuestionadores.
—¿Sucede algo?
Armándome de valor dije algo que había querido decirle desde que apareció.
—Sí, no quiero estar en la habitación del fondo. Aquel pasillo es muy tenebroso. Quisiera una habitación más cerca de las escaleras.
—No hay habitación habitable cerca de las escaleras. En el segundo piso solo hay esa habitación en uso.
—¿Y las demás puertas? ¿Qué son?
—Están totalmente vacías. No son habitables.
—¿Y usted? ¿Dónde duerme?
—En el tercer piso. Ocupo el tercer y cuarto piso. El segundo lo dejé para ti.
—Más bien para Luzmila. Yo no soy Luzmila, así que exijo que se me dé otra habitación.
Enarcó una ceja.
—Vaya, ya empezamos con las exigencias.
—Soy su esposa, ¿no? Y eso me concede algunos derechos.
Nos miramos fijamente. Sus ojos verdes se habían achicado; me miraba de tal forma que me ponía nerviosa.
—Bien, ordenaré que preparen la habitación principal de planta baja.
—¿Aquí abajo?
—Sí, justo el pasillo que está detrás de ti —giré a ver—. Hay tres habitaciones, la del fondo es la más grande y digna de ti.
—¿Y en el piso tres? —le miré—. ¿Por qué no me da una en el piso tres? He escuchado que a los enemigos se los debe tener cerca. Debía estar muy cerca del señor Pinheiro para mantenerlo vigilado.
—Ni lo pienses. El tercer y cuarto piso es mío.
—¿Por qué? ¿Qué tiene ahí arriba?
—Cosas que no querrás ver —dicho eso se marchó. Fui tras de él.
—Señor Pinheiro, hay muchas cosas de las cuales debemos hablar —se detuvo, mi cara chocó con su espalda, retrocedí y aclaré la garganta.
—¿Qué cosas? —se cruzó de brazos—. Te escucho.
—Es sobre la universidad. Si me hago cargo del grupo Martinek, no podré estudiarla. No tendré tiempo… En la mañana y tarde cuidaré a mi madre. Tiempo no me quedará.
—Por la noche llegarán los profesores a darte clase. Debes prepararte porque empiezas desde mañana. Ya está todo planificado para que se traslade a tu madre aquí.
—¿¡Cómo!? ¿Los profesores vendrán a darme clases aquí?
—Sí, ¿no llegas a entender?
—Es que pensé que podría ir a la universidad… estudiar como cualquier otra persona.
—Pues no. Estudiarás en casa. Y por tu madre no te preocupes, de ella se harán cargo las enfermeras que contraté.
Se iba a ir, pero volví a detenerlo.
—No quiero que traiga a mi madre —después de lo que vi, es obvio que no quiero a mi madre cerca de un asesino. ¿Y si le daba por volverse loco y atacarnos? Yo podría salir corriendo, pero con mamá aquí sería complicado.
—¿Cómo? Dijiste que no tenías problema en que la trasladara a esta casa.
—Sí, pero cambié de parecer…
—Pues conmigo no se cambia la palabra —se acercó, di un paso atrás y choqué contra el mueble. No pude moverme más porque ya lo tenía en frente. Mi corazón latía tan fuerte, parecía que había subido a mis oídos y tapado estos—. ¿Es por lo que viste?
—¿Vi… vi? —mi labio inferior tembló.
—Era un sapo, se merecía eso.
—Yo… yo no vi nada —me di la vuelta, posé las manos en la cabecera del mueble—. Estaba contemplando el aspecto de la mansión —no pensé que me había visto mirando en esa dirección. Estaba bastante lejos como para que sus ojos me hubieran visto.
—¿Sabes que no me gustan las mentiras? —agarró una parte de mi cabello y deslizó sus dedos—. Solo acepta y afronta la verdad.
—Bueno, sí lo vi —salí de aquel espacio, suspiré profundo y me crucé de brazos—. Y es por eso que no quiero que mi madre sea transferida a esta casa. También porque ella no sabe que me casé, menos con usted. No sé qué vaya a decir en el momento que le cuente que soy la esposa de Nathan Pinheiro.
—No soy el monstruo que crees, Adamari. No asesinaré a una mujer que está a punto de morir. Y si tú me eres leal, jamás tendrás que pasar por algo así.
—Es que ese es el problema, señor Pinheiro, que yo no sé cómo serle leal. Usted… en realidad me da miedo.
—Eso está bien. Así pensarás dos veces antes de fallarme. Lo de tu madre no hay vuelta atrás, será transferida mañana. Puedes ir después de la reunión y contarle que eres mi esposa, porque por la noche ella ya se encontrará aquí.
Después de eso se marchó. Me quedé viéndole partir. Solté un suspiro y me senté. Reproché la vulnerabilidad que tuve; no sé por qué le dije que sentía miedo, eso solo lo hará tener más poder sobre mí.
Decepcionada subí a la habitación, realicé mi maleta para salir de ese lugar antes de que oscureciera. Una vez listo el equipaje bajé con la maleta. Al llegar al pie de las escaleras el timbre sonó. Procedí a abrir y me encontré con un mayor el cual acomodó sus lentes y se quedó viéndome de forma intrigante.
—Te ves demasiado joven —bajó la mirada a la maleta—. ¿Abandonarás a mi nieto? —negué—. ¿No me invitarás a pasar? —me hice a un lado para que ingresara.
—¡Lo siento! —caminó a pasos lentos hacia la sala. En ese momento apareció Nathan.
—¡Déjanos solos! —demandó. Agarré la maleta y fui hasta la habitación. Las dos personas no hablaron hasta que desaparecí. Creí que estando dentro de la habitación no escucharía, pero la fuerte voz de Nathan llegó hasta ahí.
Entonces era cierto. No le permitía el ingreso a su familia. Lo que las personas decían sobre él era verdad.
¿Qué daño le hizo Luzmila a ese hombre para que la odiara tanto? ¿Por qué Nathan se volvió así? ¿O siempre fue así?
La discusión de las dos personas ahí afuera se aplacó. No sé si se fueron a otro lugar o simplemente dejaron de discutir. Dejé de darle importancia a ellos y me concentré en organizar la habitación. Como había estado abandonada empecé a limpiarla. No estaba tan sucia; creo que hacían mantenimiento cada semana.
Me pasé la tarde en eso. Después de haber organizado todo me di una ducha. Una vez puesta el pijama salí al comedor. Para ese entonces Nathan ya se encontraba ahí. Su mirada estaba perdida en el centro de la mesa, estaba como ido. Ni siquiera se dio cuenta de mi presencia hasta que rodé la silla.
—Siento hacerte dar miedo —dijo—. Prometo que no volveré a hacer algo que te aterre.
Lo dicho me dejó en trance. Me preguntaba si hablaba conmigo.
Relata Adamari¿Alguna vez has sentido las ganas de pertenecer a otra familia? Yo sí, hubiera dado todo para tener una familia diferente a la que tengo. Creo que la pobreza es diez veces mejor que pertenecer a los Ribeiros.Ver a mi abuelo debía animarme; tenía años que no lo veía. Sin embargo, solo trajo recuerdos perturbadores y desató los mil demonios que tengo dentro.—¡Vete y no vuelvas!—No puedes seguir apartándonos. Ya es mucho tiempo, Nathan.—Será hasta el último día de mi vida. No quiero verte, no quiero saber de ella, menos de ellos. Quiero que olviden que existo. La única persona que aceptaría ver está muerta y nunca más volverá.—Tienes más hermanas, primos, tíos… con los cuales compartir.—¡Basta! —cubrí la cabeza con ambas manos—. ¡Largo! ¡Fuera de aquí, señor Ribeiros! Yo no tengo familia por parte tuya, ¿entiendes?Los Ribeiros eran la cuarta familia portuguesa más importante en Asia, pero desde hace años me aparté de ellos.Me hacía cargo de los negocios de los Pinh
Relata AdamariCaminaba de brazos cruzados por el jardín, pensando y analizando lo que estaba por suceder. Sería la nueva líder del grupo Martinek. Esto era algo que no me lo esperaba, menos lo imaginé.Siempre tuve en claro que mi padre jamás me permitiría trabajar en su empresa. Además de que era un machista de mierda, que creía que las mujeres solo habíamos nacido para ser amas de casa, era su hija bastarda. Ni siquiera el apellido fue capaz de darme, menos me dejaría liderar su grupo, más aún cuando él aún podía.Lo que iba a suceder mañana tenía mis pelos de punta, más que no sabía cómo iba a liderar el grupo. En verdad que el señor Pinheiro se había vuelto loco. Sus ganas de vengarse por lo que había hecho mi padre no le permitían pensar con claridad.Es que tampoco le interesaba lo que pasara con el grupo. Total, no era suyo; si se arruinaba, qué más le daba. Los millones que perdería los podría recuperar en un chasquido.Estuve un rato caminando, disfrutando de este hermoso pa
Llegué a la oficina, dejé el maletín sobre el escritorio y rodeé este. Me acomodé en el gran sillón de cuero y esperé que ingresara Doyun, mi sustituto.—Mr. Pinheiro, ¡hwan-yeonghabnida!—¡Gracias! —se sentó y continuó hablándome en coreano. Lo hacía tan rápido que casi no lograba entenderle—. Háblame en portugués, francés, español, italiano, inglés, pero deja de lado tu idioma —solicité. Estaba en su tierra, pero a pesar de ser mi cuñado era mi empleado y debía regirse a los idiomas que más manejaba.Mientras me daba un informe completo sobre estas semanas que no había asistido, revisaba la pantalla del ordenador. Mantuve la mirada fija en aquella toalla que envolvía su silueta, la cual cayó dejando completamente desnudo su cuerpo. Aparté la mirada y la dirigí a Doyun.—Organiza una reunión. El grupo que acaba de unirse tendrá nuevo líder.—¿Nuevo líder?Enarqué una ceja.—¿No me hice entender en portugués?—Nathan, es que… no podremos elegir un líder en el nuevo grupo, porque tiene
Relata NathanAcababa de unir su vida a la mía, en esta vez con su verdadero nombre. Había firmado; era como si hubiera entregado su alma al diablo. Ella era mía, y aunque solo era una chiquilla de dieciocho años, me pertenecía, y siendo de mi propiedad nadie podría tocarla, ni siquiera su familia.A estos últimos les esperaba una vida llena de tinieblas. Habían tentado al mismo demonio, debían recibir su castigo, y quién más para castigarlos que mi persona, porque yo soy conocido como el señor del inframundo. El cruel y miserable Nathan Pinheiro, castigador de los pecadores quienes intentan ser o saber más que yo.No eran los primeros que intentaban engañarme; ya otros lo habían intentado. Sin embargo, siempre fracasaban. No parecían ser lo suficientemente inteligentes para engañarme, o quizás era mi habilidad la que no les permitía verme la cara.Pero en esta vez Oliver Martinek había logrado engañarme, aunque no por mucho tiempo, pero lo hizo. Tenía que reconocer que el tipo era mu
RELATO DE AUTOR.Apretaba su mano contra la otra. La mirada de ese hombre la aterraba, pero debía explicarle bien las cosas, porque por la cara que mostraba, lo dicho no lo había convencido.—La mujer de la clínica es mi madre. Mi abuela fue empleada fiel de los Martinek, por lo tanto, mamá creció siendo empleada de ellos —hizo una pausa—. Cuando tenía diecisiete, Oliver la tomó por la fuerza y la obligó a ser su amante. Ella no quería —la voz se le quebró, pero en vez de llorar sonrió—. Pero la abuela la obligó…—¡No me interesa la trágica vida de tu madre! —dijo con total indiferencia—. Lo que quiero que me digas es: ¿por qué suplantaste a Luzmila?—Ya se lo dije —apretó los labios—. Me obligaron. Tengo a mi madre con cáncer terminal en el hospital —parpadeó—. Es muy joven para morir. Ella tampoco quería morir, por eso aceptó el tratamiento, para durar unos años más.En esta vez sus ojos se iluminaron, las lágrimas formaban fila para emprender la caída, pero Ada era una joven a la q
Nathan salió caminando del despacho. Cuando las empleadas lo vieron, se quedaron gélidas, no porque les sorprendiera que caminara —eso ya lo sabían—, todos en esa mansión sabían que Nathan Pinheiro recuperó el movimiento de sus piernas hace años. Lo que las dejó aturdidas fue que lo hiciera en pleno día, con aquella muchachita caminando por la casa sin nadie que la vigilara.La puerta de la habitación de Adamari se abrió lentamente. Aquellos ojos verdes hicieron un recorrido por la habitación como un faro: firme y solo moviendo el círculo de los ojos.Ingresó dando pisadas suaves, lentas y cautelosas. Llevó la mano a la manija de la puerta del vestidor, abrió sigilosamente y, cuando no la encontró en el vestidor, prosiguió con la del baño.El rock estaba a full volumen, tanto que los oídos de Nathan dolieron. Sus ojos se posaron más allá del cristal vaporizado, en la esbelta figura moviéndose divinamente al ritmo de la música. Estiró su largo brazo y los definidos dedos apretaron la t







