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Insomnio

Penulis: Lia Maxwell
last update Tanggal publikasi: 2026-10-25 00:22:52

POV de Tessa

Adrian se marchó a Marenhall el jueves por la mañana.

Era un viaje de dos días, una reunión con los donantes extranjeros de la fundación que llevaba meses planificada y que era imposible cancelar. Estaba de pie en el vestíbulo con el abrigo puesto y el bolso a sus pies. Hollis esperaba junto a la puerta con su tableta, mientras el largo automóvil gris permanecía en marcha al pie de los escalones, con Walter al volante.

No había dormido. No creo que él tampoco.

—Dos noches —dijo—. H
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    La caja llegó el lunes por la mañana. Un joven con uniforme gris la llevó hasta el vestíbulo y Hollis firmó el recibo con la expresión de una mujer que acaba de aceptar una granada activa.Era larga, plana y blanca, y estaba atada con una ancha cinta dorada. No llevaba ningún nombre, solo una gruesa tarjeta color crema metida debajo del lazo. Hollis la subió hasta la habitación infantil con el brazo extendido y la dejó sobre la alfombra como si pudiera estallar.—Es para usted, señorita Marlowe —dijo—. Me tomé la libertad de pedirle al mensajero que esperara.—¿De parte de quién?—Creo —respondió Hollis— que será mejor que lea la tarjeta.Me arrodillé. La cinta se deslizó con un susurro de seda. Leo, sentado con las piernas cruzadas a mi lado y un tren de madera en cada puño, se inclinó con enorme interés y sacó la lengua, concentrado.La tarjeta era gruesa y costosa, con los bordes irregulares.Tessa. Para la cena del solsticio. Me honraría que lo llevaras puesto. Significaría mucho

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    No le respondí.Sostuve el teléfono en la mano durante casi todo aquel largo trayecto de regreso, bajo un cielo gris, mientras la pantalla se apagaba y volvía a encenderse sobre mi regazo, y sus palabras brillaban en ella como algo que no podía soltar. Por favor, di algo. Solo dime que estás a salvo. Adrian iba sentado a mi lado, en silencio, con el dorso de la mano apoyado contra la mía sobre el asiento.—No tienes que responderle —dijo al fin.—Lo sé.—Hoy no.—Lo sé. —Se me quebró la voz—. No sé qué decir. ¿Estoy a salvo, gracias por enviar a un hombre a derribar la puerta? ¿Te perdono? ¿Cómo pudiste hacerlo? —Me presioné el talón de la mano contra el ojo—. No sé cuál de esas cosas es verdad.—Puede que todas lo sean.—Sí.—Entonces espera. —Volvió la mano y entrelazó sus dedos con los míos—. Espera hasta que lo sepas. Ella puede esperar. Está asustada, y lleva mucho tiempo estándolo. Unas horas más no cambiarán nada.Apagué el teléfono.Lo guardé en el bolsillo de su abrigo, que t

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    —Que nadie se mueva —dijo Kessler en voz muy baja.No nos movimos. La furgoneta era una caja oscura y fría que olía a tabaco y caucho viejo. Los tres permanecimos sentados en ella, inmóviles como figuras de cera, con los ojos fijos en la calle. El coche negro se había detenido frente a la pescadería. El motor seguía encendido. Una fina columna de humo del escape se elevó hacia la luz de la farola y desapareció.No ocurrió nada.Diez segundos. Veinte. En algún lugar de la calle, una gaviota lanzó un graznido. Me di cuenta de que había dejado de respirar y me obligué a hacerlo de nuevo.—Están vigilando el edificio —murmuró Adrian—. Quieren asegurarse de que no haya nadie dentro.—Estarán buscando el coche de la chica —dijo Kessler—. Ella dijo que iría sola.—Le dije a Cass que iría sola —susurré.Ninguno de los dos respondió.La puerta trasera del coche negro se abrió.Un hombre bajó a los adoquines. Era alto, de hombros anchos, y llevaba un abrigo largo y oscuro con el cuello levantad

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    —¿Está seguro? —preguntó Kessler.—No —respondió Adrian—. Pero lo haré de todos modos.Era jueves por la mañana, y el detective estaba sentado en el despacho con su impermeable arrugado, una taza del té de la señora Pruitt sobre las rodillas y una expresión muy extraña en su rostro alargado y apacible. Había escuchado todo el plan sin interrumpir. Cuando Adrian terminó, dejó la taza sobre el brazo del sillón muy despacio.—Cuatro señuelos. Cuatro direcciones. Una filtración verdadera, si es que existe alguna.—Sí.—Y propone contárselo a cada uno en confianza.—Sí.—Basándose en una corazonada.—Basándome en una lista de muertos. Ellery. Hester. Un niño arrancado de un parque. Un edificio reducido a cenizas. No tengo intención de añadir más nombres a esa lista. —La voz de Adrian se mantuvo perfectamente serena.Kessler lo observó durante un largo momento. Entonces ocurrió algo inesperado. La comisura de sus labios se elevó ligeramente bajo su bigote gris.—Es un plan de auténticos loc

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