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No es mi tipo
No es mi tipo
Author: Blessingurielle

Chapter 1

last update publish date: 2026-09-30 07:28:40

Punto de vista de Lila

Me agarró de la mano y me llevó a un rincón con una fuerza a la que no pude resistirme; le seguí como un lobo que sigue el rastro de su alfa, sin saber cómo reaccionar en ese momento. Si hubiera tenido fuerzas, le habría empujado, pero ¿quién era yo para resistirme a tanta fuerza?

Donde nadie pudiera vernos. Me inmovilizó contra la pared; yo me quedé allí mirándole directamente a los ojos mientras su mano me sujetaba por el cuello. Podía sentir el calor de su aliento, ya que estaba muy cerca de mí. Mis ojos bajaron de su mirada intensa y se posaron en su mandíbula marcada. Esa mandíbula que se había apretado con tanta fuerza contra mi cara la noche anterior.

—No dijiste ni una palabra… ¿verdad? —me preguntó con tono frío y una mirada seria en los ojos. Iba a decir que no, pero mi terquedad me lo impidió y crucé los brazos sobre el pecho, haciendo todo lo posible por parecer totalmente indiferente y desinteresada en lo que tuviera que decir.

Ya me sentía irritada. Me levantó la cara con la mano, presionándome con fuerza la barbilla hasta casi dejarme un moratón. Sentí un dolor agudo por su agarre en la barbilla y le aparté la mano, pero mi empujón no fue lo suficientemente fuerte como para mantenerlo alejado; solo le hizo dar un paso hacia atrás.

«Me estás haciendo daño…», me froté la barbilla donde me había presionado.

Se frotó la sien con aire desesperado. «Lo hago por los dos», murmuró con voz cada vez más suave, inclinándose hacia mí para intentar convencerme. «El silencio es la clave aquí».

Pero no me creí ni una sola palabra de su patética negociación. «Vete a la mierda», le escupí directamente a la cara.

Para mi irritación, se limitó a soltar una risa siniestra.

Aprovechando que había cambiado de postura, di media vuelta y me alejé, dejándole allí para que viera cómo me marchaba. Ya no podía soportar su presencia. No era mi tipo de ambiente.

Este lugar no es para mí; de todos modos, no sé cómo me he metido en este lío.

Por fin fuera de su vista. Respiré hondo y me mantuve firme. Alcé la vista hacia el nombre de la escuela escrito en letras grandes en la pared.

Academia Stray-ford. Pero yo no era una «perra callejera». Yo era una «Santa».

Me llamo Lila Black. Tengo diecisiete años y soy de Saint Town, o al menos lo era. Nunca conocí a mis padres; soy huérfana, pero no una «perra callejera». Seguro que te estás preguntando cómo he llegado hasta aquí, así que déjame contarte cómo empezó todo.

De donde yo vengo, hay dos comunidades: Saint Town y Stray Town. En cada una de ellas hay tres manadas, cada una con tres alfas, pero el alfa más fuerte de las tres manadas es elegido líder de la comunidad. Yo era de Saint Town y mi alfa era Alfa Saul, que también era el líder de Saint Town.

Cuando era pequeño, en el orfanato, los cuidadores nos contaban historias sobre el otro lado de la ciudad; era toda una comunidad en sí misma. Se llamaba la Ciudad de los Errantes. Las historias decían que era una ciudad para los más fuertes de nuestra especie, pero otros decían que era el hogar de los más traviesos y ambiciosos de nuestra especie. Allí vivían los ricos y poderosos. Todos eran hombres lobo rojos. Los lobos más poderosos que jamás hayan existido.

Según la antigua tradición, los hombres lobo rojos poseían una sed insaciable de sangre y conquista. Se les consideraba demasiado poderosos como para mezclarse jamás con los hombres lobo negros. Por ello, crearon un imperio totalmente propio. Mientras tanto, a nosotros, los hombres lobo negros, se nos trataba como a simples plebeyos, relegados al estrato más bajo de la sociedad; no teníamos sed de sangre ni de conquista, sino que vivíamos con la mera necesidad de sobrevivir.

Para ser clasificado como lobo rojo, tenías que manifestar rasgos de élite, dones primarios que te distinguieran de los lobos negros comunes. Podía ser tu velocidad, tu agudeza auditiva, pero sobre todo tu fuerza. Una vez que el Alfa Saúl, nuestro líder, se fijaba en ti, te consideraba un peligro para la comunidad y te enviaba a la ciudad de los Desamparados. Tu único delito era ser demasiado fuerte.

Se contaban historias traicioneras sobre aquel lugar que llenaban nuestra infancia de miedo. Era un lugar de poder y competencia, un lugar donde solo reinaban los de corazón frío y los ricos.

Pero ahora me encuentro en este lugar desastroso, no por elección propia, ni por un rasgo especial, sino por una causa que aún desconocía, una causa que lo desencadenó todo.

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