Home / Romance / No soy tuya / Capítulo uno: Bajo su mano

Share

Capítulo uno: Bajo su mano

last update publish date: 2024-12-12 06:15:40

Madisson

Un año después.

—¿Vas a ir con ese vestido? —escupe Víctor colocándose el saco con rudeza.

—Es el único que tengo —murmuré en voz baja—. Me lo prestó Rosefina.

—No te queda bien.

Me contengo de decirle sus verdades, solo tengo la ropa que me compra él. Y es mas que evidente que carezco de ella.

—Apúrate vamos a llegar tarde y mis padres no van a esperarte toda la tarde —gruñe.

Se me acelera el corazón. No recuerdo la última vez que salí de aquí, porque nunca lo hice realmente. Siento que siempre he estado aquí. Ya no recuerdo lo que se siente estar en el mundo como una persona independiente.

Tampoco es de mi agrado ir a conocer a los padres de Víctor, pero teniendo en cuenta que voy a salir de la casa después de tanto hasta me agrada la idea.

—Colócame la corbata —me ordena.

Me muevo hacia él y procedo acomodársela, los dedos me tiemblan y no le miro a los ojos en ningún momento.

—Siempre supe que serías mia —comenta poniendo sus manos en mi cintura.

Sus dedos me ponen nerviosa y me apresuro a terminar. Se pega a mi, y empieza a oler mi cuello raspándome con su barba naciente.

—Llegamos tarde —susurro cuando empieza a besar esa zona.

Y él se detiene ceñudo.

—No quiero causarle una mala impresión a tus padres —añado.

Víctor asiente y se aleja alcanzando su billetera.

—Vámonos.

Lo sigo y salimos de la habitación. Estoy sorprendida con las cantidad de cerraduras que tiene la puerta exterior, es como una cárcel de máxima seguridad solo que un poquito mas exagerado. Víctor tarda casi cuatro minutos abriendo candados y no exagero.

Me pregunto qué sería de mi hija si hay un incendio. Lucía, no está en casa, y no me agrada la idea de alejarme por tanto tiempo de ella, pero Víctor jamás me deja estar con ella todo el tiempo. La veo 3 veces a la semana, dos horas cada día. El resto del tiempo un amigo suyo cuida de ella, se la lleva a su casa y ese momento me pone enferma, tener que soportar ver como se la llevan me estresa tanto que paso todo el día sin comer.

Saliendo de la casa vi el jardín vallado que excluía a toda la casa sin vista al exterior. Una vez estuve aquí, es lo mas lejos que he llegado, así que asomo la cabeza ansiosa cuando Víctor abre la cerca alta de hierro. Solo se ve campo, y de repente me siento decepcionada de que no hayan vecinos cerca.

—Sube —me ordena señalando una camioneta blanca.

Lo hago y me pongo el cinturón. Espero en silencio a que encienda el coche, pero no lo hace. Me sobre salto cuando golpea bruscamente el volante y luego me señala.

—Sobra decir que si intentas algo mato a Lucía —amenaza.

Me contengo. Es tan bajo tener que amenazarme con su propia hija, una bebé de apenas un año. Es tan hijo de puta.

—No me la juegues Madisson o conocerás de lo que soy capaz —continúa—. Me gusta que estés callada, que obedezcas y no te entrometas en cosas en donde no han pedido tu opinión, ¿lo has entendido?

—Sí —susurré seca e indiferente.

Cuando puso el coche en marcha mi cabeza comenzó a crear escenas en donde yo empujaba sus manos para que perdiera el control del volante, salíamos de la carretera estampándonos contra un árbol y yo corría entre la cosecha de uvas que nos rodeaba por doquier.

Era campo, y la ciudad estaba muy lejos. Luego recordaba que tenía una hija a la que nunca abandonaría y me calmaba.

No llegamos a salir a la ciudad cuando Víctor tomó un desvío hacia un restaurante de campo bastante moderno. Era como si lo acabaran de poner ahí para nosotros simplemente no parecía encajar en este lugar.

—Ahí están —murmuró mirando al frente.

Cerca de la terraza había una pareja mayor sentada en una mesa para cuatro. No vi a nadie mas que a dos chicas vestidas de meseras, la sensación era extraña y a la vez relajante.

Bajamos del coche y entramos al local, sus padres me saludaron muy cordial y finalmente nos sentamos. Al instante pedimos comida y su madre comenzó hablar de la bonita pareja que éramos e incluso nos preguntó por nuestra hija y por qué no la habíamos traído.

—Lucia está un poco resfriada y la dejamos en casa con una chica que nos ayuda —le explica con un tono jovial.

Sus padres parecen tragarse el cuento y no paran de resaltar al majestuoso hijo que tienen. La conversación entre ellos tres fluye bastante bien, es como si yo no estuviera, de hecho así me siento.

—Estoy bastante sorprendida —murmura su madre de repente—. ¿Qué tiempo llevan juntos?

Por alguna razón el comentario se ha sentido incómodo pero lo que me desconcierta bastante es la actitud de Víctor frente a sus padres, es como si ellos desconocieran el monstruo que tienen por hijo.

—Tres años y medio de vivir juntos aunque éramos novio desde hace dos, y bueno… ahora que tenemos una hija creo que lo único que nos falta es casarnos.

Me es inevitable no apartar la mano cuando me intenta tocar cariñosamente y mi actitud resulta violenta, tosca e incluso des cordial, pero no he podido evitarlo.

Me palpitan las venas ante la idea de casarme con él y casi tengo taquicardia.

Su padres sonríen mirando a su hijo casi con admiración.

—Es cierto, casarte es lo único que te falta para cumplir toda las voluntades del abuelo —presume su padre—. Tienes una mujer, una hija, solo falta la boda y todo estos viñedos serán tuyos, la empresa de producción de vino que te dejó el abuelo también.

Toso. Repetidas veces y tengo que beber agua, así que eso soy para él: su boleto a una herencia. Todos los ojos se posan en mi y su madre intenta ayudarme pasándome la mano por la espalda.

—Tranquila mamá, Madisson siempre exagera un poco, pero está bien, ¿verdad ovejita?

Ruedo los ojos por dentro ante su ridículo apodo y solo asiento con la cabeza.

La mesera se acerca con el postre y yo no he probado ni un solo plato. Tengo el estómago cerrado por la angustia de esta estúpida reunión.

—Necesito ir al baño —murmuro incorporándome.

Víctor me lanza una mirada tan frívola que me entran ganas de volver a sentarme, pero no lo hago, realmente quiero ir al baño.

La mano de Víctor me detiene violentamente levantándose a mi par.

—Creo que nos vamos —sisea él en un tono que sorprende a sus padres.

—Pero si acaban de llegar —resalta su madre.

—Lo sé, pero Madisson no se encuentra bien, y nuestra hija está enferma —pone como pretexto.

Sus padres se levantan a despedirse sin añadir nada mas, y finalmente ambos terminamos en la camioneta.

Todo el trayecto fue en silencio aunque él parecía molesto. Para cuando llegamos a la casa vi el carrito de golf de Rosefina y supe que ya había llegado de las compras.

—Lo que le comenté a mi madre sobre casarnos iba enserio —comenta.

—Pensé que solo se casaban las parejas que se amaban —susurré.

—Sabes que te amo —suelta en un tono violento—. ¿Crees que estaría contigo tantos años si no fuese así?

—Me parece innecesario que te quieras casar a estas alturas y mas cuando sabes que lo nuestro no es verdadero.

—Para mi es verdadero. Tengo una mujer, un techo no me falta nada, y Lucía me adora.

—Tiene un año, los niños no guardan rencor.

—¿Qué insinúas? —bufa comenzando alzar la voz.

Desvíe la vista por la ventanilla. Ambos hicimos silencio por casi dos minutos.

—Solo te recuerdo que si te pones respondona, no vuelves a ver a la niña y si en algún momento se te ocurre la estupidez de huir, la mato.

Lo miré de soslayo repleta de ira. No sé como hizo para conseguirlo, pero tomó a mi hija y la declaró como de él. Solo bastó con una absurda prueba de ADN para que ni siquiera preguntaran por la madre de la niña, prácticamente no soy nadie ante la ley. La manera en que hizo todo no debe ser legal.

Estoy harta de sus amenazas.

—No pongas esa cara. Sabes que solo quiero hacerte feliz, pero tu no colaboras —vaciló mientras se inclinaba y tuve que aguantar que dejara un beso en mi mejilla—. Vamos baja y entremos. Quiero que comencemos a planear cuando será la cena que haremos para anunciar nuestro compromiso.

Bajé molesta de la camioneta y me adentré rápido a la casa, no quería una boda, una que me encarcelara mas a él, si es que eso era posible . Lo único que tendrá de bueno este día es que esta noche podré ver a mi hija.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • No soy tuya   E P í L O g O

    Dos años habían pasado desde aquella noche en que Dasha aceptó salir a cenar con Iván. Dos años llenos de pequeños avances, de momentos compartidos y de una confianza que había ido creciendo poco a poco. Dasha había logrado mucho en ese tiempo: estaba a punto de terminar su segundo año en la universidad, había hecho amistades nuevas y, sobre todo, había aprendido a abrir su corazón, aunque fuera con pasos tímidos.Iván había sido una constante en su vida, siempre paciente, siempre atento. Nunca había forzado nada, y eso había permitido que, con el tiempo, la relación entre ellos se convirtiera en algo sólido, aunque aún no del todo definido. Megan, por su parte, lo adoraba. Para ella, Iván no era solo el vecino amable que siempre estaba dispuesto a jugar o a llevarlas a tomar helado; se había convertido en alguien más, alguien especial.Ahora, el cumpleaños de Dasha estaba a la vuelta de la esquina, y Iván había decidido que era el momento de dar un paso más. No quería precipitarse,

  • No soy tuya   Capítulo 34: Capítulo FINAL

    Dasha llevaba una rutina estricta y bien organizada. Hacia poco su hermana y madre se habían cambiando a departamento distintos. Ella en la mañana, tomaba de la mano a Megan, y la llevaba al colegio. Luego regresaba a casa, se dedicaba a sus clases de ruso, a sus sesiones de terapia psicológica, y a las tareas del hogar. Por la tarde, volvía a recoger a Megan, y ambas compartían el resto del día entre juegos, cuentos y las pequeñas obligaciones que una vida tranquila exigía. Había hecho progresos importantes. Por fin se sentía lo suficientemente segura con el idioma ruso como para dar un paso que había postergado durante años: inscribirse en la universidad. Era un sueño que había tenido desde mucho antes de mudarse a Rusia, pero la barrera del idioma, sumada a los eventos traumáticos de su pasado, había hecho que lo dejara de lado. Su familia y su círculo cercano, especialmente Iván, la habían animado a intentarlo. Iván era un vecino que se había convertido en un apoyo constante p

  • No soy tuya   Capítulo 33: ¿Quieres ser mi papá?

    Después de unos minutos, se pusieron de pie y retomaron el camino a casa. Megan, aunque más tranquila, no tardó en recuperar su entusiasmo y comenzó a contarle sobre los juegos que había aprendido en la escuela. Dasha la escuchaba, respondiendo con pequeñas sonrisas y asentimientos, mientras en su mente juraba que haría todo lo necesario para mantenerla a salvo y feliz, sin importar lo que costara. Dasha y Megan acababan de regresar del colegio, caminando juntas hacia el edificio donde vivían. El primer día de clases de Megan había sido una mezcla de emoción y nervios, pero parecía haber salido bien. La niña sujetaba firmemente la mano de su madre mientras hablaba sin parar, describiendo con entusiasmo a su maestra, sus nuevos compañeros y todo lo que había aprendido. —¡Mamá! ¿Sabías que mi maestra se llama Elena y que tiene un gatito blanco? Dice que se llama Luna, como la luna del cielo. ¿Podemos tener un gatito también? Dasha sonrió, aunque había un cansancio en sus ojos. —V

  • No soy tuya   Capítulo 32: ¿Dónde está papá?

    El aire frío de San Petersburgo golpeaba con suavidad el rostro de Madison mientras caminaba de la mano de Lucía, mejor dicho: Megan. quien no paraba de contarle con entusiasmo los detalles de su primer día de clases. La niña saltaba de un lado a otro, arrastrando un poco a su madre, quien intentaba mantener el ritmo. Madison, o “Dasha” como era conocida ahora, mantenía su mirada fija en el camino, sus pensamientos divididos entre el presente y las palabras de Megan que resonaban como un eco cálido en medio de su tensión constante. —¡Y mamá! —exclamó Lucía con los ojos brillando de emoción—. Mi amiga nueva se llama Alina, y tiene un gatito que se llama Misha. Me dijo que un día me va a invitar a su casa para verlo. ¿Tú crees que podamos ir? ¡Quiero conocerlo! Dasha sonrió, aunque su mente estaba alerta a cada movimiento a su alrededor. Apretó un poco la mano de su hija, más por necesidad de asegurarse de que estaba allí que por otra cosa. —Claro que sí, mi amor. Si su mamá nos invi

  • No soy tuya   Capítulo 31: Rusia |Vida Nueva|

    La mañana en San Petersburgo amaneció gris, como si el cielo mismo entendiera la mezcla de emociones que agitaban el corazón de Madison. Era un día importante, uno que había imaginado en innumerables noches solitarias mientras estaba cautiva. En aquel entonces, pensar en este momento —en ver a su hija entrar al colegio por primera vez— era lo único que le daba fuerzas para resistir. Ahora, tres años y medio después, ese día había llegado, pero la emoción de verlo hecho realidad estaba teñida de un temor profundo que no podía evitar. El pequeño apartamento en el que vivía con su madre, sus dos hermanas y los sobrinos estaba lleno de movimiento desde temprano. Su hija, Lucía, de cinco años, saltaba de un lado a otro con una energía desbordante. —Su cabello rubio estaba oculto bajo un tono chocolate oscuro, el cual Madison había teñido al igual que el suyo en una búsqueda cambiar un poco su apariencia y enterrar su pasado, como si ese hecho las hiciera otra persona—Lucía tenía el pelo r

  • No soy tuya   Capítulo 30: No Soy Tuya

    En la celda de VíctorLa celda era pequeña, oscura y olía a humedad y desesperación. Víctor se encontraba acurrucado en un rincón, sus brazos rodeando sus piernas como si eso pudiera protegerlo del frío que sentía en los huesos. Su rostro estaba hinchado por los golpes, y un hilo de sangre seca marcaba una línea desde su ceja hasta su mandíbula. Llevaba días sin comer; cada intento de acercarse al comedor terminaba con otro preso arrebatándole la bandeja, riendo mientras lo humillaban.Víctor, que había pasado años siendo el amo y señor del destino de otros, ahora estaba completamente despojado de poder. En el infierno de la cárcel, los verdugos como él no tenían lugar, habían rumores de que había abusado de su hija y aunque había intentado negarlo, fue inútil y eso lo hacía ser el blanco de todos. Había sido golpeado, escupido, insultado, y su dignidad había sido pisoteada una y otra vez.Esa tarde, mientras el eco de risas crueles resonaba en los pasillos, un guardia se acercó a la

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status