LOGINNo desconocía la intensidad y la cruda personalidad de Milo, pero esto parecía mucho.
—Esa mujer va a ser mi amante. Debo ubicarla.
—Wooow, no acierto a saber si estás muy borracho o te han abducido y transformado. No pareces tú.
—Lo sé—suspiró—. Por eso debo encontrarla. Sacarme las ganas y drenarla del sistema.
—Claro, muy metódico. ¿Has pensado que tal vez no quiera?
El tono de chanza le fastidió.
—No se me ha negado nadie hasta ahora.
—En buena hora podría ser la primera
—Creí que eras mi amigo.
—Lo soy. Por eso quiero que esa veta bastarda tuya tenga su merecido. Tranquilo, lo haré.
—Para mañana al mediodía; Jett. Quiero saber dónde vive, con quién, qué secretos tiene.
—Sabes que no puedes tener todo lo que quieres, ¿no es así?
Sin responder, le cortó. Ohhh, sí que tendría a esa mujer. No había tenido deseos de follar a alguien con tanta urgencia. Era imperativo que la encontrara, no había límite que no cruzaría para hacerlo, decidió.
Suspiró y se dirigió a su oficina, dejando atrás la fiesta. En la soledad de su gran despacho, alejado del ruido, esbozó una sonrisa de satisfacción.
Por fin un desafío o al menos la posibilidad de uno. Esperaba que esa mujer de cabello cobrizo y curvas de escándalo estuviera a la altura.
No habría Melody esa noche, no había posibilidad de que pudiera concentrarse en satisfacer a la esbelta platinada sin pensar en la desconocida.
<<Regina>>, musitaron sus labios deleitándose en el recuerdo de su busto. Y sin poder evitarlo la excitación lo ganó y le hizo descubrir su miembro, tomándolo con fuerza y cerrando los ojos mientras lo acariciaba y se masturbaba con la imagen de esas tetas tal y como las había visto en el espejo, imaginando que esos labios pulposos gritaban su nombre al correrse. Su descarga fue intensa y satisfactoria, más de lo que el sexo le venía brindando hacía un tiempo ya largo. Si la mera imagen lo ponía así, daba por descontado que la realidad sería magnífica. Necesitaba a esa mujer y la tendría, se empecinó mientras se lavaba las manos y la cara. Cuando una idea o un deseo se apoderaba de su cabeza estaba perdido hasta que no la concretaba.
REGINA
Llegó a su pequeña casa en la zona oeste de la gran ciudad, agotada y dolida, sin energías. Lo único que quería era arrebujarse en el sillón de la entrada, envuelta en su cobertor favorito, y fingir que era un fuerte que la protegería de toda su maldita realidad. Sin desvestirse ni seguir su habitual ritual para ir a dormir, solo quería llorar y sacarse el amargo regusto de la derrota que la envolvía como una ajustada piel.
<<Ya deberías estar acostumbrada, nena>>, se instó, <<nada parece ir bien hace años, ¿por qué debería ser distinto esta noche?>>. Hubiera querido gritar su frustración, pero no pudo más que llorar apagando el ruido al morder el almohadón, para que su desesperación no llegara al dormitorio superior en el que su tía y su hermana Tina descansaban. Tenía que dejarlas dormir, su tía lo hacía poco y siempre con dolor, no podía dejar las afectara la rabia, tristeza y desesperación en el que esa oportunidad de trabajo la habían sumido.
¡Qué ilusa había sido el día anterior, expectante y nerviosa por la oportunidad! Era la primera vez que la empresa le permitía trabajar en un evento de tanta categoría, normalmente asistía en reuniones familiares de clase media o empresariales de corporaciones pequeñas.
Trabajar en uno de los principales rascacielos del Downtown, en ese ático del Imperio Monahan implicaba una mejoría notable en su salario. El comienzo de la noche había sido soñado: el lugar era de alta alcurnia y la fiesta una selección de lo más granado de la sociedad de Los Ángeles y de California.
Todo había ido de maravilla la primera hora de la recepción; ella había logrado adaptarse al ritmo del resto del staff, que eran ágiles y eficientes, y había servido tragos desplazándose entre los vestidos Gucci, Calvin Klein, Prada y más, diseños maravillosos que reconocía de las revistas de alta costura que solía devorar. Su pasión era el diseño y aunque su condición económica le había impedido continuar sus estudios, el conocimiento práctico que su tía le había impartido y el amor por la costura le permitían maravillarse ante las telas, los cortes y los brillos. Tal vez fue eso lo que la distrajo por un segundo y la hizo fallar en su labor cuanto más atenta debió estar. Un paso en falso, apenas un error de centímetros la llevó a chocar la bandeja con el brazo en alto de una rubia adinerada que charlaba justo con el multimillonario dueño de todo el edificio y la empresa. Ese momento fatal había sido el fin del sueño. Con estupor, había tratado de controlar la bandeja, sin éxito, y las copas del más fino champagne, probablemente cientos de dólares en líquido burbujeante y frío, se habían derramado sobre sus pechos, dejando en evidencia su posición y torpeza.
La ostentosa y bella rubia apenas había sido salpicada por unas gotas, mas sus chillidos escandalosos hicieron del incidente algo más grave de lo real. No había sido rápida en reaccionar, estupefacta; debió haberse mostrado más amable y ayudarla, pero se sintió tan inerme que no pudo.
Al horror por su descuido se sumó el calor de sentirse expuesta, algo que se acentuó al notar la mirada intensa y voraz en los ojos de ese hombre impresionante de metro noventa que era Milo Monahan.
Lo había observado en varias ocasiones mientras controlaba que las mesas estuvieran rebosantes de manjares y las copas servidas. Sus colegas le habían contado que era el mayor de los hermanos Monahan y lo había admirado con cautela. Ese era el tipo de hombre que la derretía, aunque ¿a quién no? La masculinidad se filtraba por cada poro de ese cuerpo ancho y musculoso que se adivinaba con claridad ceñido como un guante por el impecable traje oscuro de tres piezas de diseño. La tela abrazaba sus miembros y ella había pensado que no podía haber un hombre más hermoso.
La mandíbula cuadrada y con una sombra de barba, los labios gruesos como cincelados, el cabello castaño impecablemente peinado. Todo él era el epítome del éxito, la masculinidad y la belleza. Era un Dios griego, habían suspirado en la cocina varias. Un hombre millonario en la cima del mundo. Un hombre inalcanzable.
—No te acostumbres. También me gusta ser quien las imparte.—Oh, lo tengo claro y no me niego a ellas de tanto en tanto— Se inclinó y la besó largamente, para luego darle una sonora palmada en el trasero— Ahora, sobre la tabla, sin dudar.Durante una hora siguió al dedillo cada una de sus indicaciones, cayendo una y otra vez al agua hasta que logró cierta estabilidad y algún deslizamiento decente que le dieron esperanzas de poder practicar con cierta soltura el surf en el futuro, con mucha práctica. Luego, cuando el agotamiento la hizo abandonar, se concentró en mirar la abrumadora belleza y destreza con la que su hombre tomaba las olas.Con la misma energía, entusiasmo y satisfacción con la que la tomaba, pensó. Con la misma entrega y aguante con la que enfrentaba a sus rivales en la pista de hockey. Tres meses habían transcurrido desde la noche que había sido un antes y un después para su vida, aquella en la que Aidan le confesó que la amaba y quería vivir con ella.Ella había acepta
El rostro de Sharon se ensombreció y su ánimo tambaleó. Esto se salía de todo límite, rozaba la indignidad.¿Quiénes eran todos estos desconocidos, amparados en el anonimato de las redes, para denostarla y juzgarla?—No entiendo por qué Summer debe canalizar su odio en mí. ¡Debería dejarme en paz!Su voz alterada se elevó y Aidan la escuchó, acudiendo de inmediato a ver qué ocurría. Tomó su teléfono, que ella aún sacudía con energía y al leer lo que mostraba, la abrazó.—Sharon, no podemos ni siquiera preocuparnos por estas cosas. Los personajes famosos, y mucho me cuesta considerarme uno, somos un objetivo constante.—¿No se puede hacer nada?—dijo Regina, con rabia— Tu ex se ha hecho una fiesta con ustedes.—Me pondré en contacto con mis abogados y lo solucionaremos— dijo Milo.Kaleb estaba mirando las redes y bufó.—Hay una notoria intención de herir y dañar tu figura, Aidan, eso no se puede permitir. Y también están afectado la labor profesional de Sharon con estas afirmaciones. ¡Q
El la envolvió en un abrazo feroz y la atrajo a su falda, acariciando su espalda, apretando el beso con una mano en su nuca. Las emociones se desbordaron con rapidez y la premura los llevó a acariciarse con desesperación y desenfreno, quitándose mutuamente las prendas superiores hasta quedar expuestos, piel a piel. Sharon lo besó con énfasis, con ardor, con todo el deseo pospuesto por meses, tomando posesión de su boca. La lengua del Aidan la recibió y la envolvió, dominante, exigente, tomando sus labios, que luego mordisqueó.Las manos de Sharon acariciaron los pectorales, posándose en el pack de abdominales, acariciando su dureza majestuosa y envolviendo su cintura para posar sus manos en su espalda, por la cual ascendió para finalizar en los bíceps. Él se hundió en su escote, apropiándose y jugando con ellos, acariciándolos con lentitud, dejando rastros de sus caricias, tomándolos en su boca con hambre caníbal. Sus pieles parecieron encenderse.La que comenzó como una fricción amig
—Eso no es lo sorprendente, Sharon. Tú mereces que el hombre más digno de este mundo te ame. Pero como soy un gran egoísta, te quiero solo para mí, por lo que deberás conformarte. Con este hombre a veces gruñón, a veces difícil de tratar y con algunos déficits emocionales.—Tú eres todo lo que quiero. Y te tienes en poco aprecio. Eres un hombre maravilloso, Aidan. Uno que no duda en dar un paso atrás cuando se equivoca y lucha por superar sus circunstancias.—La única circunstancia que me convoca en este momento y de aquí en más eres tú— volvió a tomar su boca en un beso salvaje.Ella suspiró al despegarse y él sonrió.—Ahora, mi principal preocupación de esta noche disuelta con éxito, es hora de atenderte en otro sentido. La cena.—Eso está bien. Muero de hambre.—No estará a la altura de lo que te mereces, pero será una buena muestra de mis hábitos, si decides quedarte conmigo— Sharon miró alrededor y él tomó el teléfono y sonrió— Conozco el sitio donde venden la mejor pizza de Nuev
—El accidente que me obligó a parar, que me forzó a escuchar y apreciar a mi familia y que te trajo a mi vida fue el mayor revulsivo. Todo cambió cuando te conocí.Sharon no pudo decir nada. Este Aidan intenso y directo, hablando con el corazón a la vista absorbía toda su atención. Presentía que esto era preámbulo, pero no quería pensar de qué. Se venía un momento de definición y tenía miedo. No quería arriesgar un solo pensamiento esperanzado. Él siguió:—Llegaste tú... Tu paciencia, tu sonrisa, tu empecinada búsqueda por hacerme entrar en razón y ponerme a raya. Dándome la cuerda que necesitaba para salir del pozo.—Es mi trabajo.—Excediste tu trabajo ampliamente y lo sabes. Te convertiste en parte de mis días, en razón para levantarme y moverme, en brújula. Me recordaste que tenía una pasión. Tanta energía me brindaste que yo, acostumbrado a la liviandad, como un tonto, confundí las cosas. Y me aboqué a la tarea de seducirte. Cada paso que di hacia ti, cada caricia y beso que logr
—Recuerdo exactamente lo que me dijiste y lo respeto. Pero quedó pendiente mi respuesta. Te confieso que me llevó un tiempo entender cuál era la adecuada.¿De qué demonios estaba hablando?Ella cerró los ojos y respiró.Tenía que hacerle comprender.—No hay respuesta adecuada, Aidan. Yo no espero nada, entiendo lo que fue nuestro vínculo.—Haces mal, deberías esperar mucho—dijo, conduciendo con una mueca decidida en su faz— Esta noche vas a saber exactamente qué debes esperar de mí. Lo que es justo y natural que esperes de mí, hermosa.Ella echó su cabeza contra el asiento, cerrando los ojos y luego musitóbajito:—No quiero hacerme falsas esperanzas, Aidan. No cometas el error de dar alas a mi corazón. Bastante trabajo me dio estos meses, atarlo a la realidad no fue fácil.— No haría algo así. Me importas demasiado como para herirte. Esta Noche soy yo quien quiere hablar de expectativas y sueña con cosas que solo le puedes dar tú. Relájate.—¿Adónde me llevas?—A mi casa.Se concentr







