LOGIN¿Quieren leer el siguiente capítulo? Entonces recuerden dejar cinco estrellas ⭐⭐⭐⭐⭐ en la novela... No cuesta mucho comentar👀🤞
No existió tal cosa como una luna de miel. Su esposo la llevó al departamento que compartirían de ahora en adelante y la dejó allí en medio de la sala como si fuera un mueble.—¿A dónde vas? —quiso saber cuando le dio la espalda, mostrándose completamente inaccesible. —Tengo trabajo que hacer —la miró por encima del hombro—. Y, solo para que lo sepas, no me gusta que me controlen. Así que ahórrate las preguntas de ahora en más. —¡Soy tu esposa, no puedes tratarme así!—¿Adivina qué? —sonrió—. Lo estoy haciendo justo ahora —y cerró la puerta con un sonoro portazo.El resto de la semana fue exactamente igual. Su padre llamó preguntando cómo iba todo y ella tuvo que mentir, reluciendo su mejor máscara de “todo está bien”. Porque sí, todo estaría bien. Quizás no en ese momento, pero luego lo estaría; estaba convencida de que conseguiría un equilibrio y lograría que este matrimonio funcionara.Pero los meses pasaron y nada pareció mejorar. Todos los días, religiosamente, preparaba la
Aquella no era la petición de matrimonio que había estado esperando, así que la declinó firmemente. —De ninguna manera.—¿Ahora resulta que no quieres? —arqueó una ceja.—No me interesa casarme con un hombre por presión —dijo con simpleza. —Qué mal entonces —sonrió de lado, el gesto completamente frío y carente de emoción—. Porque pienso casarme contigo de todos modos. Ahora, tú decides si lo quieres por las buenas o por las malas. —¿Y qué pretendes? —lo encaró—. ¿Obligarme a decir que “sí” en la iglesia? —Si no me dejas otra opción... —Sus ojos parecían dagas de fuego. —Víctor, te amé por mucho tiempo —reconoció—. Pero justo ahora estoy decepcionada de ti.—¿Entonces se te acabó el “amor” luego de armar todo este show? —se burló.—No exactamente.—¿Entonces cuál es la excusa?—¿Leíste alguna de mis cartas?Frunció el ceño, mirándola con intensidad.—No he recibido tal cosa.—Quizás si lo hubieras hecho, no me hubieras olvidado como lo hiciste.—Quizás —su mirada fría la atravesa
—Le ofrezco una disculpa —siguió el general mirando directamente a Alejandro—. No como el superior de este oficial, sino como el padre de un hombre que parece haber olvidado lo que significa tener palabra.—Guarde sus disculpas, general. Las disculpas no le devuelven a mi hija el tiempo perdido —no había ningún tipo de suavidad en su voz, por el contrario, había fuego y una ira que no parecía poder ser calmada—. Y tú, escúchame bien —se giró hacia Víctor—: más te vale que te mantengas a un mundo de distancia de ella. Si vuelvo a saber que tu sombra se cruza en su camino, o que te atreves a pronunciar su nombre con esa boca mentirosa, te juro por mi vida que te despellejaré vivo. No quedará de ti ni el recuerdo.Abandonó el despacho sin que hubiera mermado ni un poco su enojo, dejando al general y su hijo solos. —Levántate, basura —escupió Rómulo.—Padre, no es lo que parece… —Se puso de pie con torpeza, limpiándose la sangre del labio. —¡Cierra la boca! —rugió el hombre, haciendo qu
—Madame Vance, ¿puedes pedirle que se vaya? —lo señaló apenas con la barbilla sin dejar de observar a su mentora. La mujer se horrorizó visiblemente por la petición. —¡Kiara! —boqueó incrédula. En otro momento de su vida, no hubiera sido tan fría y directa. Pero ya no era la misma, así que, ¿qué importaba?—Se suponía que este sería un ensayo privado. No quiero personas que no pertenezcan a nuestro mundo merodeando por aquí. —Víctor, ¿puedes esperar afuera? —le dijo su madre, quizás comprendiendo el punto de que no estaba en sus mejores fachas tampoco.El hombre se marchó sin decir ni una palabra y entonces se sintió mejor.—No deberías tratarlo así —se acercó Madame Vance con una mirada cargada de reprimenda—. Comprendo que ustedes tuvieron un malentendido, pero solo vino aquí para ayudarme a llevar el gramófono a casa. Ya te había comentado que era hora de que regresara donde pertenece.—Lo entiendo, Madame Vance, pero su hijo es un mentiroso.—Kiara —la expresión de la mujer se
—¿Qué es? —Yo… ¿Cómo decir esto sin sonar estúpida?Era demasiado complicado porque, de cierta forma, se avergonzaba de sí misma.—Buscaré un departamento en el centro de la ciudad y me mudaré —dijo en su lugar. Eso era más sencillo que confesar que un tipo le había visto la cara de tonta.—No.—Sí —lo contradijo—. Ya no tengo cinco años. Soy una mujer y… necesito un cambio. —¿Qué tipo de cambio? ¿Qué es exactamente lo que buscas? —No lo sé —se encogió de hombros—. Solo confía en mí y déjame hacer esto, ¿si?Su padre no puso buena cara. No le gustaba la idea, era obvio. —Lo permitiré, solo si prometes que no dejarás el ballet —negoció.—Esa debería ser mi decisión, padre. No tuya. —Me entrometo porque sé que renunciar sería una decisión tomada en medio de la frustración —dijo con seguridad—. Tú no viste lo que yo vi. Pero solo sé que brillabas en el escenario y quiero verte hacer eso siempre.—Mmm —bajó la mirada hacia sus pies, pensando—. Está bien, papá. Tengo tu apoyo, entonc
Llorar por tonterías era algo que no había podido evitar hacer desde su niñez. Llorar, más allá de un acto de desahogo, se había convertido en su forma habitual de expresión. No importaba si el motivo era por felicidad o por tristeza; las lágrimas siempre estaban allí, brillando en sus ojos. Pero ya no. Ya no lloraría.El viaje en auto fue silencioso. Su padre no dejaba de observarla desde el espejo retrovisor, mientras Selene comentaba sin parar lo mucho que le había encantado su presentación. El ballet fue la manera que sus padres encontraron para sacarla de su constante depresión.Sus hermanos actualmente estudiaban en la Universidad de Oxford, ambos aspirando a carreras brillantes, a futuros prometedores. Ella, en cambio, estaba allí, persiguiendo un sueño fantasioso.Posiblemente sus padres pensaban que lo que estaba haciendo no era más que una tontería, una pérdida de tiempo considerando el mundo competitivo en el que se desenvolvía. Pero nunca se lo dirían. Por el contrario







