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last update publish date: 2026-09-04 10:08:47

~Isabel~

Me quedé de pie ante las puertas del despacho de William, esperando un segundo solo para recobrar la compostura. Sentía la cara tensa e hinchada de tanto llorar, y el corazón aún me latía desbocado tras la discusión a gritos con mi madre.

No tenía fuerzas para ser educada, así que simplemente empujé la puerta.

La habitación estaba a oscuras; solo una lámpara de escritorio permanecía encendida, iluminándole la mitad del rostro. Estaba sentado allí, sin levantar la vista de inmediato, pa
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    ~Isabel~—Tengo que explicarte algo, Isabel —dijo William, atravesando la habitación hacia donde yo seguía sentada en el taburete después de haber acompañado a Alex a la salida.Lucía serio, como si hubiera tomado una decisión firme sobre lo que estaba a punto de decir.—Ya que sabes lo de la foto de mi madre y la tuya juntas en la escuela, deberías entender que resulta sospechoso que fueran tan cercanas y nunca dijeran una sola palabra al respecto. Es muy raro, así que... —se detuvo, apartó la mirada un segundo y luego volvió a fijar sus ojos afilados en mí—. Hice que la siguieran —dijo.Me quedé inmóvil, sin palabras.En realidad, su confesión no me tomó por sorpresa; la sospecha ya había echado raíces semanas atrás, cuando lo vi susurrando con aquel investigador privado mientras Jax y yo almorzábamos. Así que para mí no era ninguna novedad.—Está bien —murmuré, fingiendo con cuidado un rostro de repentina sorpresa.Me estudió la cara en silencio, buscando alguna reacción, antes de

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    ~Isabel~Tragué el nudo que tenía en la garganta y, acunando su rostro con las manos, deslicé los dedos sobre su nariz y sus labios. Sentí cómo me sujetaba con más fuerza, rodeándome la espalda con ambos brazos.—Es mi amiga, Chloe —dije. Puede que no fuera toda la verdad, pero era una parte.—¿Qué pasa con ella? ¿Te hizo algo? —preguntó, con un tono de voz que se volvió peligroso de repente.Empecé a reírme, pero él frunció el ceño.—No, joder, no. Lleva días ignorándome y ni siquiera fue a clases ayer. Parece que nos hemos distanciado y no sé qué hice mal o qué coño le pasa —me desahogué.Se quedó inmóvil, reflexiónando en silencio.—Entiendo. ¿Quieres que la busque, que hable con ella? —preguntó—. Ya que te está ignorando, podría pedirle a mi gente que...—No, está bien —lo interrumpí—. Puedo manejarlo.Deslizó la mano por debajo de mi camisa, colándose hasta tocar mi piel desnuda. El contacto directo de sus palmas sobre mi carne me cortó la respiración. Empujó las manos más arriba

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    ~Isabel~—¿De quién intentas alejarte, Bel? —preguntó.Me quedé mirando su pecho al descubierto y cómo aquel pantalón de chándal negro le colgaba abajo en la cadera. Sabía que debía apartar la mirada, pero mis ojos seguían clavados en él.—De nadie —mentí, obligándome a levantar la vista de su cintura para encontrarme con sus ojos—. Solo estaba pensando en voz alta.Dio unos pasos largos desde la puerta hasta donde yo estaba sentada en el taburete. Sus pies descalzos no hacían ruido contra el suelo. Se detuvo justo frente a mí, extendió los brazos y agarró el borde del taburete.Lo giró para que quedara mirándolo de frente mientras me dejaba acorralada, apoyando el brazo con firmeza en la barra, a mi espalda. Estaba demasiado cerca. Podía sentir su aliento en mi rostro; tenía el pelo revuelto y eso le daba un aire jodidamente atractivo, una distracción peligrosa ahora que necesitaba mantener la guardia alta.—¿Por qué siento que me estás ocultando algo, Isabel? —preguntó, entrecerrand

  • Obsesión Pecaminosa: Mi Hermanastro Multimillonario   89

    ~ Isabel ~Me señaló las manos de nuevo.—Tus manos. Mírate las manos.Me las llevé frente a la cara y vi que me había lastimado la palma con la llave; la punta se me había clavado directo en la piel.Mierda, y ni siquiera había sentido el dolor.El corte era profundo y la sangre me manchaba los dedos. Tenía un dolor mucho más grande en el corazón por culpa de Arthur, así que un corte físico en la mano no significaba nada en este momento.Me quedé mirando la sangre como si le perteneciera a otra persona.—No creo que debas tomar más alcohol si viniste sola —dijo, alejando la botella de mi alcance.¿Acaso me estaba bromeando?—¿Es... es en serio? —balbuceé, tropezando con las palabras—. Quiero más. Todavía siento un dolor en el pecho y quiero adormecerlo —expliqué, riéndome y llevándome la mano al pecho, para luego soltar un llanto descontrolado.Las lágrimas me nublaron la vista.Él suspiró.—Estoy muy triste, estoy triste —le dije, limpiándome la nariz con el dorso de la mano.—Otra

  • Obsesión Pecaminosa: Mi Hermanastro Multimillonario   88

    ~ Isabel ~Me entregó la bebida y le di un trago, haciendo una leve mueca mientras el líquido se abría paso quemándome la garganta. Tenía un sabor fuerte y abrasador. Me quedé mirando el líquido transparente que giraba contra el cristal, intentando forzar mi mente a quedarse en blanco, tratando de olvidar cada uno de los pensamientos que me habían estado atormentando todo el día.—¿Estás sola?Levanté la vista y vi al barman observándome; sus ojos se desviaron hacia el espacio vacío a mi espalda.—Sí —dije, y mi voz sonó un poco distante incluso para mí—. ¿Por qué lo preguntas?—Por nada —contestó, tomando un trapo para limpiar la barra—. La mayoría viene con amigos o, al menos, tiene una cita con alguien. Solo quería saber cuál era tu caso.Me limité a asentir, sin ganas de dar explicaciones, y me tragué el resto del vaso. El sabor áspero me hizo arrugar el rostro; se me contrajeron los labios por el ardor.El barman hizo una pausa, analizando mi expresión.—No eres muy de beber, ¿ve

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    ~ Isabel ~Bella parpadeó, abriendo ligeramente la boca.—No los tiré. Se cayeron solos —mintió a modo de defensa.—Vi cómo los empujabas con el bolso en el preciso instante en que pasabas por mi escritorio —rebatí, acercándome un paso—. Estuvieron perfectamente acomodados en esa mesa toda la mañana. ¿Por qué se cayeron justo cuando pasaste tú si no los tocaste?Un chico sentado atrás levantó la vista de su portátil.—Tiene razón, Bella. Yo también vi cómo los tirabas.El rostro de Bella se enrojeció al mirar a su alrededor y darse cuenta de que toda el aula había quedado en silencio; todos la observaban tras haber sido atrapada en una mentira.—¿Los vas a recoger o voy a tener que obligarte? —pregunté.—¡Vete al diablo, trepadora! —siseó entre dientes.Se dejó caer de rodillas, arrancó los libros del suelo y los estampó con fuerza sobre mi escritorio.—¡Ahí tienes! —gritó, agarró su bolso y se fue hecha una furia hacia un asiento al otro lado de la clase.—Qué bárbara, por Dios —susu

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