INICIAR SESIÓN
~Isabel~
—Quince minutos, Isabel —murmuré para mis adentros. Ese era el tiempo que me quedaba para marcar la salida. Contar los minutos uno a uno era la única forma en que lograba aguantar el final de mi turno. Avanzaba por la cafetería atestada de gente, manteniendo el equilibrio con una bandeja llena de cafés calientes en la mano izquierda. Mis dedos ardían bajo el calor de las tazas mientras esquivaba los codos de los clientes que abotargaban el pasillo. Casi todos en la barra agitaban tarjetas exclusivas para pagar repostería sobrevalorada, vistiendo ropa que costaba más que la matrícula de mi universidad. Entonces, el teléfono me vibró en el bolsillo del delantal. Sabía muy bien que no debía revisarlo mientras trabajaba, pero eché un vistazo de todos modos. Un simple hábito. Un segundo. Eso fue todo lo que hizo falta. La bandeja se me ladeó. Eché la muñeca hacia atrás con rapidez para sujetar las tazas, pero el café ya se había desbordado por el borde. Salpicó entero sobre el vestido blanco de una chica rubia. —¡Oh, no, no! ¡Me arruinaste el vestido! —chilló ella. Me lanzó una mirada furiosa desde el vitral de la exhibición, y ambas nos quedamos viendo cómo la mancha oscura se extendía por la tela. M****a. ¿Qué he hecho? Todas las conversaciones se cortaron de golpe. Todo el lugar quedó en silencio y todos se giraron a mirar. —¡Mira lo que me hiciste! —gritó de nuevo, volviéndose hacia el chico alto que estaba detrás de ella—. ¡William, mira! ¡Me arruinó el vestido! —Lo siento muchísimo —susurré, sintiendo cómo el rostro me ardía en llamas. Deseé que el suelo me tragara en ese mismo instante. —Fue un accidente, Juliana. Tú misma tropezaste con ella. Su voz era serena, como si nada de aquello le importara en absoluto. Alcé la mirada; me temblaban tanto las manos que el resto de las tazas tintineaban en la bandeja. Él dio un paso hacia la luz y mi mente se quedó en blanco. Olvidé cómo respirar. Camisa blanca e impoluta, pantalones oscuros, el cabello perfectamente peinado sin un solo mechón fuera de lugar. Un reloj de oro le destellaba en la muñeca, el tipo de accesorio que solo había visto en revistas. Pero no me miró. Miró justo a través de mí, aburrido, como si yo fuera apenas un desastre más por limpiar. Para alguien como él, derramar un café era solo una molestia insignificante en su día perfecto. —¡Debió haber tenido cuidado! —espetó Juliana—. ¡Un «lo siento» no me va a arreglar el vestido! —Vamos al baño a intentar quitar la mancha antes de que se seque —dijo él, guiándola hacia allá. Jamás miró hacia atrás. Ni una sola vez. Me apresuré a entrar a la cocina con la cara todavía ardiéndome de la vergüenza. Terminé el resto del turno en piloto automático: limpiando máquinas, apilando tazas y barriendo migas. No volví a salir al frente hasta que el encargado me hizo una seña con la cabeza. —Vete a casa. Ya terminaste. Crucé la puerta trasera hacia el aire fresco de la calle, me apoyé contra el muro de ladrillo rugoso y saqué el teléfono para ver qué era lo que había valido semejante desastre. Cinco llamadas perdidas de mamá. Un mensaje de texto: «¡Me casé!». Lo leí tres veces. El ruido del tráfico se desvaneció hasta que solo escuché los latidos de mi propio corazón retumbando en mis oídos. ¿Casada? Mamá siempre había vivido buscando al «hombre indicado», pero ¿esto? Sin previo aviso. Sin haberme mencionado a nadie. Solo un mensaje de la nada. Llegó otro justo después: «Se llama Arthur Sterling. Te reservé el vuelo. Sales para Londres en dos días». Me quedé mirando la pantalla hasta que las letras se me volvieron borrosas. —¿Estás bien, Bel? Dave, otro de los camareros, sujetaba la puerta abierta mirándome con preocupación. Me guardé el teléfono en el bolsillo y forcé una sonrisa. —Sí. Solo estoy cansada. Una hora después me encontraba en casa, sentada en mi pequeña cama. Los resortes rechinaron cuando me moví. Toda la habitación olía a laca y a champú barato que subían desde la peluquería de la tía Joey, en la planta baja. Este espacio reducido y claustrofóbico, con muebles viejos, una ventana agrietada y la pintura descascarada en las esquinas, había sido mi único refugio seguro desde que tenía doce años. Fue entonces cuando mamá decidió que tener una hija interfiriendo en sus planes era un estorbo. El teléfono volvió a sonar. ¡No iba a esperar una respuesta! Deslicé la pantalla. —¿Mamá? —¡Bel! ¡Menos mal que respondes! Su voz sonaba empalagosa y vibrante, como siempre que quería conseguir algo. De fondo se escuchaba el tintineo del hielo en los vasos y una música suave. —¿Viste mi mensaje? ¿Lo puedes creer? ¡Ahora soy una Sterling! —¿Sterling? ¿De Arthur Sterling? ¿El multimillonario? —pregunté—. Mamá, solo llevas cuatro meses en Londres. ¿Cómo lo conoces, y cómo te casaste tan rápido? —¡Es el destino, cariño! Él es todo lo que siempre quise. Es seguro, inteligente y quiere cuidar de nosotras. Se acabó ese tugurio, Bel. No más limpiar pisos ni servir café. Cerré los ojos sintiendo un nudo en el estómago. —A mí me gusta mi vida aquí. Quiero a Joey. Tengo un plan. Trabajé en tres empleos durante tres años para entrar a Oxford. No necesito que nadie me salve. —No seas dramática, Isabel. Es aburrido —el tono dulce desapareció de su voz de golpe—. Sé cuánto dinero tienes en la cuenta bancaria. Te faltan tres mil libras. La universidad no te va a guardar el cupo después de fin de mes. Arthur lo revisó. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. —¿Revisó mi cuenta privada? Eso no es asunto suyo. —¡Porque quiere ayudarte! Te consiguió una pasantía en su empresa. Paga lo suficiente para cubrir la matrícula y más. Vivirás con nosotros en la mansión. Tienes que subirte a ese avión. Sale pronto. ¿Pronto? Mi mente se volvió a quedar en blanco. ¿Cómo podía dejar toda mi vida atrás en tan poco tiempo? —No puedo dejar a Joey. Ella se quedó, mamá. Estuvo ahí cuando tú no estuviste. —Joey estará bien. Arthur va a invertir dinero en su peluquería, pero solo si colaboras. Piensa en tu futuro. ¿De verdad quieres ser camarera para siempre? Me miré las manos... los nudillos ásperos... las uñas saltadas de tanto limpiar. Me dolía la espalda... me dolían los pies... Había días en los que estaba tan exhausta que apenas podía pensar con claridad. Entonces me acordé del tipo de la cafetería. William. La forma en que me había traspasado con la mirada, como si yo ni siquiera existiera. —¿Para quién trabajaría allá? —pregunté. —Para el hijo de Arthur. Es exigente, pero muy inteligente. Estarás bajo su mando. Es el mejor comienzo que podrías pedir. —Lo voy a pensar —susurré. —No te tómese demasiado tiempo. Habrá un auto en tu puerta mañana a las 4:00 p. m. Empaca tus cosas. Te amo, Bel. Esto es por tu bien. La línea se cortó antes de que pudiera decir algo más. Me quedé allí sentada, mirando fijamente la pared, hasta que la puerta de mi habitación se abrió...~Isabel~El detective Ian se acercó con las esposas mientras avanzaba hacia ella para realizar el arresto.“Juliana Vane, queda usted formalmente bajo arresto por soborno corporativo, fraude electrónico y obstrucción a la justicia en relación con el caso de la demanda de los trabajadores de Nexari ChemTech Industries”, dijo.Alguien maldijo en voz alta.“¡Qué demonios está pasando aquí? ¡Juliana!”, gritó su padre con una expresión de total incredulidad en el rostro.Miré a William para calibrar su reacción... negaba con la cabeza mientras miraba a su padre ahora, ya que ambos estaban de pie con la boca abierta.Toda la sangre se le retiró del rostro a Juliana.Con el rostro pálido, giró lentamente la cabeza; sus ojos se abrieron de par en par y se clavaron en el profesor Alister, quien permanecía de pie en silencio cerca de la puerta, mirándola con desdén.“¡Tú!”, gritó con voz temblorosa.“¡Ese caso estaba cerrado! ¡Su bufete perdió claramente! ¿Cómo se atreve ahora a empezar a fabri
~Isabel~William estaba de pie junto a la ventana, dominando la habitación con su envergadura; llevaba la corbata puesta pero floja... la mandíbula tensa... su guardaespaldas, Justin, estaba de pie cerca de una esquina.Juliana y Lawrence Vane se sentaban rígidos en los sofás del estudio de Arthur, y detrás de la mesa estaba Arthur Sterling; su piel se veía pálida... su respiración salía forzada, observé brevemente cómo su pecho subía y bajaba con demasiado esfuerzo.“Hablando del diablo”, espetó Juliana.Se levantó del sofá, con los ojos entrecerrados mientras yo entraba con Chloe y el profesor Alister detrás de mí; mantuve la cabeza bien alta.“Isabel.” La postura de William cambió, la rigidez de su aura reemplazada por la sorpresa.“¿Por qué has venido aquí ahora? ¿No deberías estar en el yate?”, preguntó, acercándose a mí.“Tengo algo importante que decir aquí”, respondí mientras él tomaba mis manos, frotándolas con las suyas.Estaba aquí para salvar al imperio Sterling de un escá
~Isabel~La voz del profesor Throne nos detuvo justo cuando llegábamos a la puerta.“Sabes, hay más cosas que encontré en esa memoria USB tuya. Es algo personal. No es asunto mío...”, hizo una pausa.“Pero creo que deberías verlo por ti misma”.Chloe y yo nos acercamos de nuevo a la mesa mientras él hacía clic para abrir una carpeta separada en su ordenador portátil y luego reproducía un archivo de audio; mientras la grabación se reproducía, la boca se me abrió de par en par... el audio que sonaba era el de Juliana respondiendo al audio de chantaje que habíamos escuchado antes... Me quedé en estado de shock mientras las piezas de sus mentiras encajaban, formando una imagen tan fea que tuve que apoyar la mano en la mesa.¡El embarazo de Juliana era falso! ¡Y esta doctora la estaba acosando por más dinero del que habían acordado!“¡Esa zorra despreciable!”, juró Chloe.“No puedo creer esto”, murmuré todavía en shock... quién iba a decir que esta memoria USB podía exponer todo esto... pa
~Isabel~William acababa de destrozar su vida para protegerme. De verdad no quería que esto complicara su duro trabajo ni el de Arthur a lo largo de los años... Si exponer a Juliana metía a la policía en Sterling Global, yo sería quien destruiría al hombre que amaba.El profesor Alister se reclinó en su silla, cruzándose de brazos.“Bueno, ya que William ha roto oficialmente el compromiso, sus lazos contractuales con Vane Legal se están fracturando... no sabemos cómo estarán las cosas entre las dos empresas ahora, pero sé que las consecuencias serán masivas. Ojalá William también haya pensado en esto”. Se inclinó hacia nosotras, con los ojos ardiendo de convicción.“Pero aun así, no creo que pueda retener estas pruebas por más tiempo, Isabel. Debes comprenderme. Aquí hay vidas en juego”.Dio un golpe seco con el dedo sobre el escritorio.“Lo siento. Voy a enviárselas a la policía. Y hoy mismo se preparará una orden de arresto para Juliana Vane”, explicó.“¿Hoy?”, preguntamos Chloe y y
~Isabel~—¿Qué ha dicho?La voz de Chloe me devolvió a la realidad, con los ojos muy abiertos por la expectación.Bajé el teléfono lentamente.La guerra había comenzado oficialmente... la mansión Sterling se estaba convirtiendo en un campo de batalla y mi madre estaba dentro, envuelta en un alboroto con un hombre cuyo cerebro podía fallar en cualquier segundo...—Tengo que ir a la mansión ahora mismo —atropellé las palabras, el pánico me dejaba sin aliento.Agarré mi cuchara con mano temblorosa y comí rápido. Intenté meter en mi boca la mayor cantidad de comida posible de un solo bocado... No podía ir allí a enfrentar cualquier pesadilla que estuviera ocurriendo con el estómago vacío... y, además, estaba comiendo por dos, así que necesitaba hasta la última pizca de fuerza para la hipotética zona de guerra en la que estaba a punto de adentrarme.—Entonces voy contigo —dijo Chloe, dejando su propia comida intacta mientras empezaba a guardar sus cosas en el bolso con un gesto apresurado.
~Isabel~La camarera pareció momentáneamente confundida; su sonrisa flaqueó un poco mientras miraba de reojo entre nosotras.Luego me señaló con el dedo y preguntó:“¿Tú eres Isabel Mayfield, verdad?”Mi corazón se hundió en el estómago.¿Cómo sabía mi nombre? Una completa desconocida... Solté un pequeño suspiro negando con la cabeza.“Sí, soy yo”, respondí.«Tal vez me conoció por las historias del escándalo», pensé para mis adentros. «Por supuesto que mucha gente que no conozco me conocerá... las fotos estaban en todas partes ahora».Pero su sonrisa regresó más brillante que antes y alcé una ceja hacia ella.“¡Pues sí!”, exclamó radiante.“¡Te felicito por tu próxima boda con William Sterling!”, añadió antes de darse la vuelta y alejarse con nuestro pedido.El bullicio de la cafetería se desvaneció convirtiéndose en un ruido sordo.Me quedé mirando el lugar donde la camarera acababa de estar de pie; mi cerebro se negaba a procesar las palabras que acababa de decir.«¿Boda? ¿Con Will







