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Capítulo 3

Author: Serein M
POV: Scarlett

Esa misma noche arrastré mi maleta hasta una cancha de baloncesto abandonada en Brooklyn y pasé el resto de la madrugada tiritando sobre una banca gélida.

En Nueva York ya no quedaba ningún lugar seguro para mí.

Tampoco me quedaba una razón para seguir allí. Mi bebé había muerto y el amor que alguna vez sentí por Cassius no era más que ceniza.

Pero, después de cinco años, por fin era libre.

A la mañana siguiente fui al piso ejecutivo de la sede de los Gallo. Quería cortar el último lazo que todavía me unía a Cassius.

Dejé mi tarjeta de acceso y los archivos de la empresa sobre el mostrador de recepción. En ese momento, las puertas del despacho se abrieron de golpe y Cassius apareció con la arrogancia de siempre, seguido por varios de sus hombres de confianza. Camilla caminaba detrás de él como una serpiente pegada a sus talones.

Cuando me vio, soltó una risa cargada de desprecio.

—Scarlett, me preguntaba hasta dónde habías huido —comentó con condescendencia—. Resulta que solo viniste a la sede para montar otro berrinche y renunciar. Cada día estás más loca.

Se acercó unos pasos y me miró como si yo fuera una niña malcriada a la que tenía que poner en su lugar.

—¿De verdad crees que tu engaño hará que me arrodille ante ti? —preguntó con sarcasmo.

Ni siquiera me molesté en responderle. Me di la vuelta para marcharme.

—Mi tarjeta está sobre el mostrador —declaré sin emoción—. Lo nuestro terminó.

Pero antes de que pudiera pasar junto a ellos, Camilla se interpuso en mi camino.

—Scarlett, por favor, no seas tan impulsiva —pidió en voz alta, fingiendo que solo intentaba calmar la situación.

Luego enlazó su brazo con el mío con una confianza que me dio ganas de vomitar. En cuanto los hombres de Cassius dejaron de mirarnos, se inclinó hacia mí y acercó los labios a mi oído.

—Mírate, ya eres una pobre de mierda —susurró con crueldad—. ¿De verdad crees que a Cassius le importará que te vayas?

Su sonrisa se ensanchó.

—Anoche viste la mansión valorada en millones de dólares que me regaló por mi cumpleaños —continuó llena de orgullo—. Una huérfana ridícula como tú nunca perteneció a este lugar. Márchate ahora, antes de perder la poca dignidad que te queda.

Ver su verdadera cara hizo que la sangre me hirviera. La miré con frialdad y retiré el brazo de un tirón.

—Suéltame —le ordené—. Y no vuelvas a tocarme.

En cuanto me liberé, Camilla soltó un grito desgarrador.

—¡Ah! —chilló mientras se arrojaba hacia atrás.

Se impulsó con tanta fuerza que terminó chocando contra la barra de cristal del salón VIP. El golpe retumbó en todo el lugar y Camilla cayó al suelo entre los pedazos de vidrio. Todos los presentes quedarón impactados por la brutalidad.

—¿Por qué me empujaste? —preguntó entre lágrimas mientras me señalaba con una mano temblorosa.

¿Empujarla? Ni siquiera la había tocado.

Pero todas las miradas se clavaron en mí como si acabaran de verme cometer un crimen. Cassius palideció y corrió hacia Camilla. La ayudó a levantarse y luego se volvió hacia mí con los ojos llenos de ira.

—¡Scarlett! ¿Perdiste la maldita cabeza? —rugió fuera de sí—. ¡Camilla no ha hecho otra cosa que ayudarte y tú eres tan hija de puta que te atreves a atacarla!

Apretó los puños y avanzó hacia mí.

—¡Ya no sabes ni lo que haces, inútil! —añadió con furia.

—No la toqué —respondí con calma.

—¿Todavía vas a negarlo? —replicó mientras se acercaba como si quisiera pegarme un tiro—. ¿Vas a mentirme en la cara delante de todos y hacerme pasar por loco?

Camilla comenzó a sollozar y volvió a interpretar su papel de víctima indefensa.

—Cassius, no culpes a Scarlett —suplicó con voz frágil—. Tal vez está demasiado molesta y no supo controlarse…

Para Cassius, mis supuestas mentiras ya habían pasado todos los límites. Me señaló con el dedo y habló como si estuviera dictando una sentencia.

—No. Tiene que asumir las consecuencias —sentenció entre dientes—. Discúlpate con Camilla ahora o te daré ese divorcio que tanto deseas.

Creía que aquella amenaza iba a destruirme. Estaba convencido de que una huérfana sin poder jamás renunciaría al trono de Donna de la mafia.

Pero esta vez solo contemplé su rostro arrogante.

—Está bien —acepté sin vacilar—. Trae los papeles.

Cassius se quedó tieso. No esperaba que aceptara su desafío, pero tampoco podía echarse atrás delante de sus hombres. Después de unos segundos, soltó una risa burlona, sacó el teléfono y llamó a su abogado.

—Trae los documentos del divorcio a la sede —ordenó con frialdad—. ¡Ahora!

El abogado llegó menos de veinte minutos después. Cassius arrojó los papeles sobre la mesa, pero antes de que pudiera tomarlos, apoyó una mano encima y los cubrió por completo.

Sus ojos se clavaron en los míos.

—Scarlett, mientras todavía me quede paciencia, voy a darte una última oportunidad —advirtió con un tono un poco más suave—. Piénsalo bien.

Se inclinó hacia mí como si estuviera a punto de revelarme una verdad de la que yo era demasiado estúpida para entender.

—Sin mi protección no eres nada —continuó con arrogancia—. Discúlpate con Camilla, admite que te equivocaste y promete que dejarás de hacer estos berrinches.

Su expresión se suavizó, convencido de que acababa de ofrecerme el mundo.

—Hazlo y seguirás siendo mi esposa —añadió—. Seguirás siendo la futura Donna.

Lo observé actuar como si permanecer a su lado fuera un privilegio que debía agradecerle de rodillas, y lo único que sentí fue lástima.

—Ahórrate el discurso —respondí sin apartar la mirada—. Ya terminé contigo.

Saqué los documentos de debajo de su mano, tomé la pluma y firmé sin dudar. Cuando terminé la última letra, dejé caer la pluma sobre la mesa y caminé hacia la puerta sin volver a mirarlo.

—¡Scarlett! —me llamó Cassius desde atrás.

Había algo extraño en su voz. Una emoción que no supe reconocer.

***

POV: Cassius

Al verla marcharse sin mirar atrás, perdí la poca calma que me quedaba. Tomé el teléfono y marqué el número privado del director financiero del sindicato.

—¡Escúchame bien! —rugí con la mandíbula apretada—. Congela ahora mismo todas las tarjetas y las cuentas que estén a nombre de Scarlett.

Hice una pausa, pero mi voz se volvió todavía más despiadada.

—¡Quiero que aprenda por las malas! —ordené—. ¡Quítale cada privilegio y toda la protección que tenía por ser mi Donna!

Seguía creyendo que Scarlett solo estaba actuando por impulso. Esperaba que entrara en razón y regresara obedientemente a mi lado. Cuando lo hiciera, todavía pensaba hacerle el enorme favor de devolverle el título de Donna.

Pero, al otro lado de la línea, nadie respondió.

Pasaron varios segundos antes de que la voz temblorosa del director rompiera el silencio.

—Jefe… La cuenta de la señorita Scarlett ya estaba restringida —informó con miedo—. Anoche rechazamos una solicitud para cubrir unos gastos médicos. No pudimos procesarla.

Fruncí el ceño.

—¿Qué gastos médicos? —pregunté con impaciencia—. ¿Ella no estaba bien?

El hombre tragó saliva antes de responder.

—La solicitud de mil dólares de ayer venía de la sala de urgencias del hospital privado de la familia —explicó con dificultad—. El dinero era para realizar un procedimiento de emergencia y salvar al bebé.

Hizo una pausa, como si temiera pronunciar las siguientes palabras:

—Como usted ordenó personalmente que rechazáramos la transacción, el hospital no pudo realizar el procedimiento a tiempo… La señorita Scarlett perdió al bebé.

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