LOGINPOV: ScarlettSterling soltó una risa baja y tranquila, cargada de una burla tan indiferente que hizo palidecer todavía más a Cassius. Después dirigió una breve mirada hacia la caja de terciopelo que él sostenía entre las manos.—Señor Gallo, si no recuerdo mal, hace unos meses asistió a la subasta de otoño de Sotheby’s en Nueva York —comentó con indiferencia—. Se retiró de la puja por este zafiro aurora y, poco después, compró para Camilla aquella mansión de Beverly Hills.Sterling rozó con suavidad el collar que resplandecía alrededor de mi cuello antes de mirar a Cassius con desprecio.—Tengo curiosidad —continuó—. ¿Su esposa simplemente no le importaba o consideró que no valía unos cuantos millones?Cassius clavó la mirada en el zafiro y palideció. Durante aquella subasta había considerado que gastar una fortuna en una joya para mí era un desperdicio, pero ahora pretendía comprar mi perdón ofreciéndome el anillo ancestral de la Donna.La ironía era cruel. El zafiro al que hab
POV: ScarlettA la noche siguiente permanecí frente al enorme espejo de cuerpo entero, contemplando el vestido de seda negra que habían confeccionado especialmente para mí. La tela se ajustaba a mis curvas como una segunda piel y el zafiro aurora resplandecía alrededor de mi cuello, tan brillante que parecía atravesar la oscuridad de los últimos cinco años.Tomé las llaves y conduje sola hasta la finca de los Hamptons. Quería llegar temprano para sorprender a Sterling y, por primera vez en mucho tiempo, el corazón me latía con una emoción que no nacía del miedo ni del dolor.Cuando el automóvil entró en el camino privado, una figura salió corriendo desde un costado. El hombre abrió los brazos y se plantó frente al vehículo, obligándome a pisar el freno. Los neumáticos chirriaron contra los adoquines y mi cuerpo se tensó en cuanto reconocí aquel rostro.Era Cassius.El Don de la mafia neoyorquina, aquel hombre que durante años había parecido invencible, tenía ahora el aspecto de un
POV: ScarlettEl aroma de la carne wagyu y el queso despertó de inmediato mi apetito, que hasta entonces parecía haberse olvidado de que existía.Tomé el tenedor y me dispuse a cortar un tercer trozo, pero una mano grande y cálida cubrió la mía con suavidad. Sterling me retiró el cubierto con total naturalidad.—Por ahora es suficiente, Scarlett —indicó con amabilidad, aunque su tono no admitía discusión—. Come despacio. Tu estómago no está acostumbrado a recibir tanta comida pesada.Me detuve. Al prestar atención, me di cuenta de que comenzaba a sentirme llena.—¿Acaso puedes leer la mente? —bromeé mientras levantaba la mirada hacia él—. ¿Cómo sabes exactamente cuándo estoy satisfecha?Sterling no sonrió. Se apoyó contra la vieja barandilla del porche y me observó con seriedad.—No leo la mente —aclaró sin apartar los ojos de mi rostro—. Lo sé porque tienes un corazón hermoso y sincero. Todas tus emociones se reflejan en tu expresión. Cualquiera que se tomara la molestia de pre
POV: ScarlettAquella tarde, por fin me tomé el tiempo necesario para acudir a mi revisión posoperatoria en la deteriorada clínica comunitaria. Mientras esperaba mi turno, observé los carteles médicos descoloridos de las paredes y hojeé sin interés una revista que debía llevar años sobre aquella mesa.—Señorita Scarlett, es su turno —anunció la enfermera desde la puerta.Me levanté, pero las puertas corredizas de la clínica se abrieron antes de que pudiera avanzar. Un hombre alto entró con paso firme, vestido con un traje oscuro hecho a la medida. Su presencia era serena, pero tenía esa clase de autoridad que obligaba a todos a hacerse a un lado.Sus ojos grises azulados recorrieron la sala con atención hasta detenerse en mí. En cuanto me vio, la tensión de su rostro pareció desaparecer.—¿Usted es el señor Sterling? —pregunté, sorprendida por su presencia.Él asintió y se acercó.—Martha me habló de tu revisión —explicó con un tono de voz grave que me hizo estremecer—. Lamento
POV: ScarlettEl tren llegó a la estación cuando el cielo ya estaba completamente oscuro. Arrastré la maleta por las calles costeras de los Hamptons hasta llegar a la antigua cabaña de madera de mi abuela.Empujé la puerta y las bisagras oxidadas soltaron un chirrido agudo, como si se burlaran del estado miserable en el que me encontraba. En cuanto crucé el umbral, la muralla de hielo que había levantado alrededor de mi corazón se vino abajo.La maleta se me resbaló de la mano y cayó con estrépito. Las piernas dejaron de sostenerme y terminé desplomada sobre las tablas cubiertas de polvo, mientras aquella oscuridad que llevaba días conteniendo terminaba por devorarme.—Perdóname… —murmuré con la voz destrozada mientras me sujetaba el vientre—. Hijo, de verdad perdóname. Mamá no pudo protegerte.Rompí en llanto en medio de la casa vacía. Lo único que podía ver era aquella mesa de quirófano fría y la luz blanca cayendo sobre mí mientras perdía a mi hijo.Odiaba a Cassius por su cru
POV: CassiusDurante los tres días siguientes utilicé cada contacto que tenía dentro de la mafia para poner Nueva York de cabeza. Mis hombres revisaron hoteles, aeropuertos, estaciones y hasta los rincones más miserables de la ciudad, pero Scarlett parecía haberse esfumado.—Jefe, no encontramos nada en Brooklyn —me informó uno de ellos por teléfono.—Ya revisamos todos los hoteles de Manhattan —añadió otro poco después—. La señorita Scarlett no se registró en ninguno.—Tampoco hay señales de que haya salido por algún aeropuerto o estación de tren —comunicó un tercero con cautela.Las malas noticias siguieron llegando hasta que sentí que la poca cordura que me quedaba comenzaba a resquebrajarse. En apenas tres días había envejecido una década. Mi orgullo no era más que una cáscara vacía. Tenía los ojos hundidos, la mandíbula cubierta por una barba asquerosa y apenas conseguía dormir.Cada vez que cerraba los ojos, veía a Scarlett alejándose de mí sin mirar atrás. Después aparecía







