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61. Lo que el beso sí cambió

last update publish date: 2026-09-09 09:28:31

Caden no preguntó si quería que subiera conmigo a C-2.17.

Esperó en el pasillo mientras Sierra desaparecía con Petra al otro extremo del corredor y yo buscaba la llave en el bolsillo. Después de lo ocurrido frente a la Casa Vane, el gesto parecía pequeño. Tal vez por eso me golpeó más que cualquier promesa.

—¿Quieres que me vaya? —preguntó.

La respuesta fácil era sí. Había tenido demasiadas personas decidiendo qué necesitaba, y todavía me costaba distinguir entre compañía y ocupación. Pero tamb
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  • Omega Sin Cadenas   65. El pañuelo de Knox

    La primera persona que llamó traidora a Petra lo hizo en voz baja.La segunda se aseguró de que todos escucháramos.Ocurrió en el comedor, dos días después de que Sierra empezara a dormir en la habitación libre del piso de Petra. La noticia de la expulsión Vane había circulado junto con una versión mucho más entretenida: Petra Hale alojaba a la antigua prometida del Alfa mientras conspiraba con la Omega que había destruido B-0.A la gente le encantaba una historia donde tres mujeres no podían compartir espacio sin estar tramando el fin del mundo.—Qué generosa —dijo una Beta cerca de la fila del almuerzo—. Primero ayuda a Cross a entrar donde no debía. Ahora recoge a Vane. ¿También vas a alojar a Mourne cuando se quede sin aliados?Petra siguió sirviéndose sopa.—Depende. ¿Ronca?Varias personas rieron.La Beta no.—No sé de qué te ríes. El Consejo todavía podría sancionarte.—Entonces supongo que debería aprovechar la sopa antes de que confisquen las cucharas.Yo estaba a tres pasos.

  • Omega Sin Cadenas   64. El Alfa que no duerme

    Descubrí que Caden no dormía porque empezó a llegar antes que yo.Eso, por sí solo, era ofensivo.Yo llegaba al despacho antes de las siete desde hacía semanas. Él solía aparecer unos minutos después con café y una expresión que sugería que el mundo había cometido un error al amanecer. Tres mañanas seguidas ya estaba allí cuando entré.La cuarta encontré la lámpara encendida y el mismo documento abierto en la mesa que había visto la tarde anterior.—¿Dormiste aquí?Caden levantó la vista.—Buenos días para ti también.—Eso no es una respuesta.—Dormí.—¿Cuánto?—Lo suficiente.Una mentira técnicamente vaga seguía siendo mentira.Dejé mi bolso sobre la silla.—Tienes la misma camisa.—Tengo varias iguales.—Y la misma mancha de tinta en el puño.Miró la manga como si lo hubiera traicionado personalmente.—Eso parece una invasión preocupante de mi privacidad.—Eso parece que no dormiste.Caden se puso de pie demasiado rápido. El movimiento lo obligó a apoyarse un instante en el escritor

  • Omega Sin Cadenas   63. No voy a usarlo contra ti

    Caden supo que algo había pasado con Ezra porque Naya dejó de insultarlo durante casi una hora.Knox consideró que esa observación era suficiente para justificar una intervención.—No preguntes.—No iba a preguntar.—Mentira.Caden dejó el informe de patrullas sobre el escritorio. Desde la ruptura del yugo, las reuniones tardaban más, las órdenes incluían discusiones y tres Gammas habían empezado a hacer preguntas que antes habrían tragado en silencio. Era agotador. También era la primera vez que sentía que cada sí recibido podía pertenecer realmente a quien lo pronunciaba.Aun así, ninguna reforma institucional había conseguido volverlo inmune a ver a Ezra salir de la cafetería con la expresión de un hombre que acababa de entregar algo importante.—Estoy celoso —dijo.Knox se recostó en la silla.—Eso ya lo sabíamos desde el vaso.—Sigo estándolo.—Progreso extraordinario.Caden lo ignoró.—No voy a preguntarle qué hablaron.—Bien.—Quiero preguntarle.—También bien. La moralidad no

  • Omega Sin Cadenas   62. Lo que Ezra sí quiere

    Ezra me encontró antes del desayuno con tres hojas dobladas dentro de la chaqueta y la expresión de alguien que llevaba horas decidiendo si entregarlas.—Si dices “necesito hablar contigo”, me voy —le advertí.—Entonces necesito discutir contigo sobre una coincidencia estadísticamente ofensiva.—Mucho mejor.Nos sentamos en una mesa apartada de la cafetería. Desde que el Consejo había abierto parte de los registros médicos por B-0, Ezra colaboraba con dos sanadores jóvenes revisando inconsistencias. No porque yo se lo hubiera pedido. Esa diferencia importaba más de lo que él parecía entender.Extendió las hojas.—Doce Omegas con evaluaciones físicas casi idénticas. Mismo intervalo entre controles, mismas pérdidas de hierro, mismo tipo de sedación y notas de recuperación redactadas con frases distintas para ocultar que el procedimiento era el mismo.Leí la primera página.—Extracción.—Eso creo.—¿Antes de B-0?—Algunos registros tienen quince años.El desayuno dejó de interesarme.Ezr

  • Omega Sin Cadenas   61. Lo que el beso sí cambió

    Caden no preguntó si quería que subiera conmigo a C-2.17.Esperó en el pasillo mientras Sierra desaparecía con Petra al otro extremo del corredor y yo buscaba la llave en el bolsillo. Después de lo ocurrido frente a la Casa Vane, el gesto parecía pequeño. Tal vez por eso me golpeó más que cualquier promesa.—¿Quieres que me vaya? —preguntó.La respuesta fácil era sí. Había tenido demasiadas personas decidiendo qué necesitaba, y todavía me costaba distinguir entre compañía y ocupación. Pero también estaba cansada de fingir que cada vez que quería algo debía quererlo menos para seguir siendo libre.—Quiero que entres.Caden esperó a que abriera la puerta y cruzó solo después de mí. No se instaló junto a la cama ni dejó la chaqueta sobre una silla como si el espacio pudiera acostumbrarse a él por repetición. Se quedó cerca de la entrada hasta que señalé el sofá.—Puedes sentarte.—Gracias por la autorización formal.—No te acostumbres a mi hospitalidad.La comisura de su boca se movió, p

  • Omega Sin Cadenas   60. Sierra quema su coartada

    Sierra me pidió que no fuera a la Casa Vane.Así que no fui.Esperé al otro lado de la calle.La diferencia importaba.La residencia privada de los Vane ocupaba casi una manzana del extremo oeste del campus: piedra blanca, ventanales altos y jardines diseñados para parecer naturales a un costo obsceno. Caden estaba conmigo porque había preguntado si quería compañía y yo había dicho que sí.No había decidido acompañarme.No había mandado seguridad.No había convertido el encuentro de Sierra con su padre en una operación Blackthorn.Aun así, llevaba veinte minutos mirando la puerta como si pudiera abrirla con los ojos.—Podemos irnos —dijo.—Acabamos de llegar.—Lo digo para que conste.—Consta.—Bien.—Estás nervioso.—Su padre financió B-0.—Eso no es lo que te pone nervioso.Caden me miró.Empezaba a odiar cuánto podía leerlo sin ayuda del vínculo.—Sierra está sola ahí dentro.—Ella lo pidió.—Lo sé.Eso era el punto.Confiar no consistía en dejar de preocuparse. Consistía en no usa

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