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LIBRO DIECINUEVE: EL JUGUETE SEXUAL DE LOS PAPÁS

Author: Esty_writes
last update publish date: 2026-10-05 03:54:21

ADVERTENCIA DE CONTENIDO:

ESTA HISTORIA CONTIENE CONTENIDO EXPLÍCITO PARA ADULTOS QUE INCLUYE TEMAS NO CONSENSUADOS, SEXO EN GRUPO, DEGRADACIÓN Y DINÁMICAS TABÚ DE FAMILIAS POLITICAS.

SE RECOMIENDA ENCARECIDAMENTE LA DISCRECIÓN DEL LECTOR.

Punto de vista de Bella

Entré en la casa arrastrando mi última maleta pesada, ya sudando por el largo viaje en coche. La universidad había terminado oficialmente, mi cuenta bancaria lloraba, y necesitaba un sitio donde quedarme. Desesperadamente.

“¿Bella? ¿Er
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  • PLACERES ABRUMADORES   La mejor amiga de mi madre

    Los días se difuminaban en una neblina de sexo crudo y obsceno.Amelia había tomado el control por completo. Se paseaba por la casa vestida únicamente con ese camisón transparente o completamente desnuda, provocándome constantemente. Se inclinaba en la cocina mientras preparaba el café, dejando que el camisón se le subiera para mostrar su culo desnudo y su coño chorreante. Se sentaba en mi regazo durante las «noches de cine», frotándose lentamente contra mi polla mientras fingía mirar la pantalla.Y cada noche, me utilizaba hasta que ya no podía pensar con claridad.Aquella noche en concreto, estaba insaciable.Me empujó de espaldas sobre su cama y se sentó a horcajadas sobre mi cara, bajando su coño húmedo hasta mi boca. «Cómeme el coño, cariño», gimió, frotándose contra mi lengua. «Hazme correrme antes de follarme». La devoré con avidez, chupándole el clítoris y metiéndole la lengua hasta el fondo mientras ella cabalgaba sobre mi cara. Sus gemidos llenaban la habitación mientras m

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    Mamá se había ido. Ahora todo el piso era nuestro: nadie que nos interrumpiera, nadie de quien escondernos. Estaba en mi habitación, intentando (sin conseguirlo) concentrarme en una película, cuando oí unos pasos suaves en el pasillo. Amelia apareció en la puerta de mi habitación como una visión sacada directamente de un sueño erótico. No llevaba nada más que un vestido blanco muy fino y transparente que se ceñía a su cuerpo como seda líquida. La tela era tan fina que casi se veía a través de ella: sus pechos llenos y pesados se veían claramente, con los pezones oscuros, duros y suplicando atención. El vestido apenas le llegaba a la mitad del muslo, y cada movimiento revelaba la suave piel de sus caderas y la sombra entre sus piernas. Se apoyó en el marco de la puerta, con una mano deslizándose perezosamente por su costado. —¿Te gusta lo que ves, cariño? —ronroneó con voz grave y seductora. Me incorporé lentamente, con la polla ya endureciéndose al verla. —Amelia… joder.

  • PLACERES ABRUMADORES   La mejor amiga de mi madre

    A la mañana siguiente, la casa olía a café recién hecho y a tortitas.Me desperté con el cuerpo dolorido, agotada y con la mente aún dando vueltas a todo lo que había pasado la noche anterior. La boca de Amelia sobre mí, ella montándome mientras mamá estaba justo abajo, el riesgo, el placer… todo parecía un sueño febril.Me arrastré hasta abajo, esperando encontrarme con una situación incómoda. Tensión. Quizá incluso arrepentimiento por parte de Amelia. En cambio, estaba en la cocina con mamá, riéndose como si nada hubiera pasado.«¡Buenos días, dormilón!», dijo Amelia alegremente, volviéndose desde los fogones con una sonrisa radiante. Llevaba una blusa de seda discreta y unos pantalones a medida: la viva imagen de la elegancia y la inocencia. Ni un solo atisbo de la mujer que me había hecho una mamada y me había montado como una puta apenas unas horas antes.Mamá me sonrió mientras tomaba su café. «Buenos días, Ryan. Amelia ha preparado el desayuno. Me ha estado contando todo s

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    Amelia no se detuvo.Aunque los pasos de mamá resonaban débilmente en el pasillo, ella mantuvo su boca cálida y húmeda envuelta alrededor de mi polla, chupándome con un apetito lento y deliberado. Me metió más profundo, con la lengua girando alrededor de la parte inferior mientras su mano me masajeaba suavemente los huevos.Contuve la respiración, con el cuerpo tenso, aterrorizado ante la posibilidad de que mamá abriera la puerta en cualquier momento. Pero a Amelia el riesgo parecía excitarla aún más. Gemía suavemente alrededor de mi miembro, un sonido grave y vibrante que me hacía curvar los dedos de los pies.Los pasos pasaron junto a la puerta… y continuaron bajando las escaleras.Amelia se apartó lo justo para susurrar: «Se ha ido a la cocina, cariño. Ahora sé un buen chico y dale de comer a mamá». Volvió a bajar, metiéndomela hasta el fondo de la garganta. Su cabeza se movía más rápido, y unos sonidos húmedos y babosos llenaban la silenciosa habitación mientras adoraba mi polla

  • PLACERES ABRUMADORES   La mejor amiga de mi madre

    Los pasos de mi madre resonaban suavemente por el pasillo. Cada paso hacía que mi corazón se me saliera del pecho. Estaba allí de pie, paralizado, justo en la entrada de la habitación de Amelia, con la puerta apenas cerrada, la polla todavía dura como una roca y marcando un bulto en mis pantalones cortos. Amelia yacía en la cama como una diosa de la tentación: su camisón negro transparente se le había subido hasta la cintura, tenía las piernas bien abiertas y sus dedos trazaban perezosamente círculos alrededor de su coño reluciente mientras me miraba con ojos oscuros y excitados. No se cubrió. En cambio, abrió aún más los muslos y volvió a articular en silencio con los labios: «No. Hagas. Ni. Un. Sonido». Contuve la respiración. «¿Ryan?», la voz de mamá estaba ahora más cerca, somnolienta y confusa. «Me ha parecido oír algo. ¿Estás bien, cariño?». Los labios de Amelia esbozaron una sonrisa pícara. Se introdujo dos dedos lentamente, mordiéndose el labio mientras me mira

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    Mamá decidió trabajar desde casa aquella noche.Entró en el salón con su portátil y una pila de expedientes, murmurando algo sobre un «plazo muy ajustado» y «necesitar la pantalla grande». Amelia y yo intercambiamos una mirada rápida y frustrada desde el otro extremo de la habitación. La tensión entre nosotras seguía palpable desde hacía un rato, pero ahora no tenía dónde ir. La cena fue una auténtica y agonizante tortura.Amelia se sentó justo enfrente de mí en la mesa del comedor, luciendo una elegancia natural con una bata negra de seda que se había puesto después de «arreglarse un poco». La bata estaba atada sin apretar y, cada vez que se movía, se abría lo justo para dejar entrever la suave piel de sus muslos y la curva de sus pechos turgentes.Bajo la mesa, su pie descalzo se deslizó lentamente por mi pierna. Empezó de forma inocente: sus dedos rozaban mi tobillo. Luego, más arriba. Para cuando su pie llegó a la parte interior de mi muslo, ya tenía una erección a medias. Cuan

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