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PROMESAS EN BLANCO. Universo Ferrari.
PROMESAS EN BLANCO. Universo Ferrari.
Author: Jeda Clavo

C1. El dilema del corazón.

Author: Jeda Clavo
last update Petsa ng paglalathala: 2026-02-25 10:27:03

Giovanni Ferrari.

 Parado en la entrada de la iglesia, esperaba ansioso la llegada de la mujer que amaba. Caminaba de un lado a otro sin poder contener el nudo que sentía en el estómago. 

—Creo que estás a punto de abrir un surco en el piso —me dijo mi amigo tratando de quitar un poco la tensión, pero eso no fue suficiente para calmarme.

Estaba nervioso, imaginándome miles de escenarios. ¿Y si no venía? ¿Si se había arrepentido o se había dado cuenta de que no me amaba lo suficiente? ¿Sí su familia la retuvo? Me pregunté, sintiendo la angustia palpitar en mi pecho, tanto que incluso una leve capa de sudor comenzó a cubrir mi frente.

Mi amigo a mi lado me miró con una expresión de preocupación, se dio cuenta de que estaba a punto de colapsar e intentó de nuevo tranquilizarme. 

—No tienes por qué preocuparte, Giovanni. Sabes que esa mujer te adora y sería incapaz de dejarte embarcado; tarde o temprano va a llegar.

Los invitados me miraban con interés, unos con curiosidad y otros con expresiones de lástima. Pues no era para nada común ver al empresario más prominente de Europa, esperando por más de veinte minutos a la novia, quien se había retrasado o probablemente había huido, cuando había prometido pasar el resto de su vida a mi lado.

De repente, la puerta de la iglesia se abrió, y todos los murmullos cesaron. Mi corazón se detuvo un instante. Allí estaba ella. Florella Francesca Castello. Aunque yo la llamaba Francesca. La mujer que había capturado mi corazón y mi alma. Vestida de blanco, con un delicado velo que caía sobre su rostro, a pesar de la sencillez de su vestimenta se veía deslumbrante.

Sus ojos brillaron con una mezcla de emoción y nerviosismo, y aunque sus pasos eran seguros, podía ver en su mirada que estaba tan asustada como yo.

—Mira, ahí viene —dijo mi amigo con una sonrisa amplia, pero mis oídos zumbaban, atrapando solo el latido acelerado de mi corazón y el ruido de sus pasos golpeando en el suelo.

Cuando Francesca comenzó a caminar hacia mí, cada paso resonaba como un tambor en mi pecho. Se acercaba, y con cada centímetro que avanzaba, el aire se volvía más denso. Todo lo que había planeado decirle se desvaneció. Las palabras se me atragantaron en la garganta.

Ella llegó hasta el altar, y en ese momento, todo el mundo a nuestro alrededor se esfumó. Solo existíamos nosotros dos. Tomé su mano, sintiendo su suave piel bajo la mía, y la miré a los ojos.

—Te ves hermosa —logré murmurar, sintiendo que el tiempo se detuvo en ese instante.

Ella sonrió, su nerviosismo desapareció por un instante mientras la felicidad iluminaba su rostro y yo me sentí un poco más enamorado.

—Gracias, Giovanni. Estaba tan asustada de llegar tarde… y llegué, incluso temí que te hubieses ido por tanto esperar —su risa nerviosa resonó en la iglesia.

—No hay lugar en el mundo donde prefiera estar, si no es aquí contigo, en este momento, y puedo esperar por ti el tiempo que quieras —respondí, buscando su mirada para asegurarme de que sentía la misma intensidad de este instante.

Sin embargo, de manera repentina, un sonido rompió la magia del momento. La puerta de la iglesia se volvió a abrir y un grupo de personas irrumpió en la ceremonia. 

No eran unos invitados más. Era su familia. Se congeló en su lugar, y su sonrisa se desvaneció al ver a su madre, su hermana y varios amigos que claramente no estaban invitados.

—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó, con la voz temblando.

La tensión en el aire se volvió palpable. Su madre, una mujer de rostro severo y mirada penetrante, avanzó con determinación y se paró en frente de ella.

—Esto es un error. No puedes casarte con él. Giovanni no es el hombre que queremos para ti, es un libertino, ¡no te va a hacer feliz! —exclamó la mujer con una voz autoritaria.

Los murmullos se reanudaron entre los invitados. Mi amigo me miró, con la preocupación escrita en el rostro. Ella tragó saliva y miró a su madre con una mezcla de desafío y desamparo.

—No me vas a decir qué hacer, mamá. Esto es mi vida y estoy a punto de casarme con el hombre que amo —dijo con firmeza, aunque su voz se quebró ligeramente.

—No lo conoces como nosotros. Todos los Ferrari son unos promiscuos, que no hacen felices a sus mujeres, solo se quieren a sí mismos. No sabes lo que son capaces de hacer. No puedes fiarte de él, Florella Francesca —respondió su madre, levantando la voz.

Sentí cómo un frío recorrió mi espalda. Cada palabra que ella decía era como un puñal, intentando perforar la burbuja de felicidad que habíamos creado. Pero no iba a dejar que arruinara este día.

—Francesca, ¿quieres que hable con tu madre? —le pregunté, sintiendo la necesidad de defenderme.

 —No, Giovanni. No ahora... no sé... —Ella me miró con ojos implorantes, y el dolor en su expresión me partió el corazón.

—No vayas a creerles. Ellos no tienen la razón —insistí, sin apartar la mirada de ella.

—Florella Francesca, escúchame —dijo su madre, llamando su atención.

—¡No! —gritó, su voz resonó en la iglesia. Se giró hacia mí, y en su mirada vi una mezcla de amor y temor. —Giovanni, ¿quiero saber si realmente me amas? ¿Si prometes ser el amor de mi vida y que pase lo que pase siempre estarás a mi lado?

—Por supuesto, mi amor. Sabes cuánto Te amo y haré lo que sea por hacerte feliz… por favor, no vayas a alejarte de mí.

—Si te casas con él, vas a ser infeliz por el resto de tus días —siseó su madre con una clara expresión de molestia, mientras su mirada se oscurecía. 

Francesca vaciló, mirando de mí a su madre; el tiempo pareció detenerse mientras todos esperábamos su respuesta.

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Mga Comments (4)
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Mart Soto
la madre de ella demasiado egoísta
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Omaira Calderon
la Madre de Francesca se cree que todos tienen que obedecerla, espero que no se deje manipular ¯⁠\⁠_⁠(⁠ツ⁠)⁠_⁠/⁠¯
goodnovel comment avatar
Omaira Calderon
Francesca no tiene porque tener dudas del Amor hacia Giovanni, si ella realmente lo ama debe confiar, ahora sino lo ama, entonces que no se case ¯⁠\⁠_⁠(⁠ツ⁠)⁠_⁠/⁠¯
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