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Capítulo 5. Golpe al ego

Autor: GINNA R.
last update Fecha de publicación: 2026-02-10 11:52:25

El salón decorado con miles de orquídeas blancas que costaban más de lo que la mayoría de los presentes ganaba en un año, se sentía como una jaula de cristal. Becca y Connor tomaron asiento en la primera fila de invitados, justo detrás de la familia directa. El silencio de Connor a su lado era una presencia física; no necesitaba hablar para dominar el espacio.

​En el altar, la ceremonia se desenvolvía con una perfección coreografiada. Chloe, envuelta en encaje francés, se veía radiante, pero Becca notó la grieta en la armadura. Su hermana no dejaba de mirar de reojo a Rodrigo, cuya mandíbula estaba tan tensa que parecía a punto de romperse. Él no miraba a su novia; sus ojos se desviaban constantemente hacia la silueta esmeralda de Becca, como si buscara una explicación a la pesadilla que acababa de entrar por la puerta.

​Sin que Chloe lo supiera, ella ya no era el centro de atención. Los invitados no susurraban sobre el corte del vestido de la novia o el valor de la recepción; el nombre de Connor Beaumont corría como pólvora encendida de mesa en mesa.

​—Tu hermana está empezando a darse cuenta de que el aire ha cambiado —susurró Connor cerca del oído de Becca. Su aliento cálido rozó su cuello, enviando un escalofrío que ella luchó por ocultar.

​—Ella odia no ser la protagonista —respondió Becca en voz baja—. Esto la está matando.

​—Bien. El odio es un excelente fertilizante para lo que vendrá después.

​La ceremonia llegó a su fin. El oficiante los declaró marido y mujer, y el tradicional recorrido por el pasillo central comenzó. Chloe forzaba una sonrisa profesional para las fotos, pero al llegar frente a la pareja Beaumont, el ambiente se congeló.

​—Felicidades, Rodrigo. Chloe —dijo Becca, levantándose con una elegancia que hizo que Chloe apretara el ramo de flores hasta que los tallos crujieron.

​Chloe la ignoró por completo. Sus ojos, llenos de una mezcla de codicia y desprecio, se fijaron directamente en Connor.

​—Así que volvió el gran... o debería decir el delincuente de Connor Beaumont —soltó Chloe, intentando que su voz sonara lo suficientemente alta para marcar territorio.

​Connor la observó con un aburrimiento letal, como si estuviera mirando una mancha de suciedad en un zapato caro.

​—Chloe Sinclair... o debería decir Wester —Connor hizo énfasis en el apellido, arrastrando las sílabas—. Deberías pensar muy bien antes de hablar, en este grupo solo hay un delincuente, y acabas de tomar su apellido en el altar. Disfruta tu boda; me temo que será muy corta. Dudo que seas de las que disfruta de las visitas conyugales en una prisión federal.

​—No me provoques, Beaumont —intervino Rodrigo, dando un paso al frente, con el rostro encendido de furia—. No estás en posición de amenazar a nadie.

​Connor sonrió con una frialdad que detuvo el corazón de Becca. Sin dejar de mirar a Rodrigo, deslizó su mano por la cintura de ella, atrayéndola contra su costado en un gesto de posesión absoluta. Chloe se removió, su mirada fija en la mano de Connor sobre la cadera de su hermana.

​—Provocarte es justo lo que busco, Wester —respondió Connor—. Si pensaste que lo que le hicieron a mi carrera se quedaría enterrado, es que no me conoces ni un poco. Yo no olvido, y definitivamente, nunca perdono. Tarde o temprano, siempre cobro mis facturas. Y la tuya, Rodrigo, tiene demasiados intereses acumulados.

​Rodrigo se tensó, sus puños apretados a los costados, mientras Chloe intentaba sostenerle la mirada a Connor, pero él ni siquiera le concedió la cortesía de mirarla de nuevo. Ella era invisible para él, y eso, para Chloe, era el peor de los insultos.

​—Nos vamos, cariño —le dijo Connor a Becca con una dulzura fingida que sonó extrañamente real—. Ya cumpliste con asistir a este... evento. No perdamos más tiempo valioso aquí.

​Becca asintió, regalándole a Rodrigo y Chloe una última mirada cargada de una piedad fingida que sabía que les dolería más que un grito.

​—Que tengan un matrimonio inolvidable —añadió Becca.

​Estaban a punto de cruzar el umbral del salón cuando la voz aguda de Chloe detuvo a Becca.

​—¡Becca! Espera. Necesito hablar contigo. Solo unos segundos, de hermana a hermana.

​Connor se detuvo y miró a Becca, esperando su reacción. Becca sabía que Chloe solo quería soltar el veneno que tenía acumulado, pero también sabía que necesitaba cerrar ese ciclo.

​—Está bien —asintió Becca.

​—Te espero afuera en el auto —dijo Connor. Entonces, ante la mirada atónita de los invitados que aún permanecían cerca, tomó el rostro de Becca entre sus manos y le plantó un beso suave, pero cargado de una pasión simulada tan perfecta que dejó a Becca sin aliento por un instante. Fue un sello de propiedad frente al mundo.

​Una vez que Connor salió, Chloe arrastró a Becca hacia un pasillo lateral, lejos de los oídos curiosos. En cuanto estuvieron solas, la máscara de novia perfecta cayó.

​—¿Cómo te atreves? —siseó Chloe—. Vienes aquí con ese hombre, intentando arruinar mi noche. Sigues siendo una burla, Becca. Una gorda patética que se aferra a lo primero que encuentra.

​—Es mi esposo, Chloe —respondió Becca con una calma gélida—. No veo por qué no debería estar a mi lado.

​—¿Esposo? —Chloe soltó una carcajada estridente y llena de odio—. ¡Mírate, Becca! ¿Crees que un hombre como Connor Beaumont te tomaría en serio? Solo eres la puta de turno, el juguete que usa para vengarse de papá. Te va a usar y te va a desechar como el desperdicio que eres. Cielos, cada vez que te vemos estás peor. Das lástima.

​Becca escuchó cada palabra. En otro tiempo, esos insultos la habrían hecho llorar. Ahora, solo sentía una profunda satisfacción al ver lo desesperada que estaba su hermana.

​—¿Ya terminaste? —preguntó Becca cuando Chloe finalmente se calló—. Porque no debería preocuparte a quién dejo usarme. Deberías estar mucho más enfocada en tu nuevo marido y en el escándalo que está por estallar. Oh, Chloe... vas a ser el centro de atención de todo Nueva York, pero no por tu boda, sino por el fraude que Rodrigo ha cometido.

—No sabes una m****a, Becca... —empezó a gritar Chloe.

​—Adiós, Chloe —la interrumpió Becca, dándose la vuelta con una sonrisa triunfal—. Y por cierto... voy a dejar que mi marido "me use" todo lo que quiera. Porque, aquí entre nosotras, debo decirte que Rodrigo es un amante pésimo al lado de Connor. Te compadezco, vas a tener una noche de bodas muy aburrida.

​Becca se alejó sin mirar atrás, escuchando el grito de rabia contenida de su hermana a sus espaldas.

​Al llegar al auto, Connor ya estaba dentro, observando la pantalla de su teléfono. Becca entró y se sentó a su lado, ignorándolo mientras trataba de calmar los latidos de su corazón. El encuentro la había dejado exhausta, pero satisfecha.

​El Bentley arrancó, alejándose de las luces de la recepción. Tras unos minutos de silencio, Connor guardó su teléfono y la observó con una fijeza que la hizo ponerse alerta.

​—Cumplí con mi parte del trato, Becca —dijo él, su voz perdiendo toda la dulzura fingida de hace un rato—. Es tu turno.

​—Lo sé —respondió ella, mirando por la ventana—. En cuanto lleguemos al penthouse, te daré las contraseñas del servidor de mi padre y las carpetas con las pruebas del fraude.

​—No me refiero a eso —la interrumpió él.

​Becca lo observó con atención, confundida por el tono de su voz. Connor se inclinó hacia ella, reduciendo el espacio en el asiento hasta que ella pudo sentir el calor de su cuerpo.

​—Los documentos son solo papel, Becca. Yo necesito mi heredero —sentenció él, con una seriedad que no dejaba lugar a dudas—. Y solo conozco una manera de lograrlo. El tiempo empieza a correr esta noche.

​Becca esquivó su mirada, sintiendo cómo el pánico y el deseo se mezclaban en su interior, mientras Connor ponía el auto en marcha hacia su destino final, donde la verdadera batalla estaba a punto de comenzar.

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