FAZER LOGINElyn observó fijamente el líquido transparente dentro del pequeño frasco de vidrio. Sus dedos temblorosos se sentían fríos mientras caminaba hacia el lavabo de mármol en la esquina del baño. Con un movimiento rápido, destapó el frasco y dejó que el medicamento de alta dosis —el veneno destinado a destruir lentamente los nervios de Dave— desapareciera por el desagüe.
Un leve olor químico impregnó el aire antes de que Elyn abriera rápidamente el grifo para eliminar cualquier rastro.El crepúsculo comenzaba a teñir el cielo del distrito residencial de la familia Moreno con tonos rojizos y dorados. El ambiente dentro de la majestuosa mansión se sentía mucho más tranquilo que durante el caos emocional que había reinado desde primera hora de la mañana. En la sala de estar de la segunda planta, cubierta por una gruesa alfombra de lana, el aire acondicionado estaba ajustado a una temperatura agradable para garantizar la comodidad de la señora de la casa.Berlyn estaba sentada, recostada contra un largo sofá color crema, con las piernas estiradas y cubiertas por unos finos calcetines de punto. Sobre su regazo descansaba abierto un ejemplar de la última edición de una guía sobre el embarazo, pero su mirada ya no estaba puesta en las palabras impresas en sus páginas. Sus ojos se habían desviado hacia su hijo mayor, Arvin, que estaba ocupado construyendo torres con bloques de madera sobre la alfombra junto a Dave.Al ver al hombre de complexión imponente, vestido con una c
La noticia del embarazo de Berlyn se extendió como una cálida brisa que envolvía cada rincón de la mansión Moreno. Para Dave, la llegada de otro hijo era un regalo de valor incalculable. Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que este segundo embarazo traía consigo una dinámica muy diferente a la de la primera vez que Berlyn había estado embarazada.Si durante su primer embarazo Berlyn había sido relativamente tranquila e independiente, esta vez los cambios hormonales la volvían mucho más sensible, propensa a los caprichos y presa de cambios de humor completamente impredecibles. Aquella situación consiguió que Dave Moreno, un director ejecutivo de sangre fría acostumbrado a controlar transacciones empresariales por valor de billones, experimentara un nivel de estrés que jamás habría imaginado.Aquella mañana, el dormitorio principal ya estaba envuelto en una pequeña tensión desde las siete.Dave se encontraba frente al gran espejo, ajustándose la corbata de lujo. Había cancelado del
La cálida luz del sol de la tarde comenzó a teñir de naranja el largo pasillo de cristal que conectaba el invernadero con el edificio principal de la mansión. Berlyn seguía sentada en una cómoda tumbona, con la hoja de papel que acababa de terminar de dibujar sobre el regazo. A su lado, Dave permanecía fielmente acompañándola, bebiendo de vez en cuando un sorbo de té de crisantemo que ya comenzaba a enfriarse mientras observaba los ágiles dedos de su esposa deslizarse sobre el papel.Sin embargo, cuando Berlyn extendió la mano para tomar un lápiz de colores de la mesita de madera que tenía al lado, su movimiento se detuvo de repente.Su visión comenzó a nublarse. Una intensa sensación de vértigo la golpeó inesperadamente, sin previo aviso. El invernadero, que hasta entonces había permanecido tranquilo, pareció inclinarse y girar a su alrededor, haciendo que perdiera el equilibrio de inmediato. El lápiz se le escapó de los dedos y cayó al suelo de baldosas cerámicas con un tintineo.—¿
LLos cálidos rayos del sol matutino se deslizaron lentamente a través de las rendijas de las cortinas de seda del dormitorio principal de la mansión Moreno. La luz dorada se extendió sobre las gruesas sábanas blancas, creando una atmósfera de tranquilidad que hacía mucho tiempo no se respiraba en aquella habitación. El aire de la mañana era fresco y limpio, impregnado de un tenue aroma a jazmines procedente del jardín interior, cuya fragancia entraba por la ventana ligeramente entreabierta.Berlyn fue la primera en despertarse. Abrió los párpados lentamente, acostumbrándose al resplandor que iluminaba la habitación. Lo primero que sintió fue el calor que rodeaba su cintura. El robusto brazo de Dave seguía firmemente ceñido alrededor de ella, abrazándola por detrás con una mezcla de posesividad y ternura. La respiración regular de su esposo, cuyo cálido aliento acariciaba su nuca, constituía la melodía más reconfortante para dar la bienvenida a su mañana.Berlyn giró lentamente el cue
Las frías y tenebrosas paredes de hormigón del antiguo almacén fueron desapareciendo lentamente de la vista mientras Dave avanzaba a grandes zancadas, llevando a Berlyn en brazos hacia el aire libre. La suave brisa nocturna acarició el rostro de Berlyn, aportándole una frescura que disipó de inmediato los últimos restos del intenso olor a anestésico y la humedad asfixiante del lugar donde la habían mantenido secuestrada.Dave no aflojó su abrazo ni un solo instante. Las fuertes manos del director ejecutivo sujetaban firmemente la espalda y el pliegue de las rodillas de su esposa, como si temiera que, de relajar la presión siquiera durante un minuto, la mujer entre sus brazos desapareciera y volviera a ser arrebatada por las sombras de la noche.—Señor, el vehículo principal está listo. El equipo también ha despejado por completo el perímetro exterior —informó Yuda, que permanecía erguido junto a la puerta abierta de la berlina negra. La voz de su asistente sonaba grave, cargada de un
El aroma de aire húmedo mezclado con polvo y olor a óxido penetró en los sentidos de Berlyn a medida que recuperaba lentamente la conciencia. Sentía la cabeza extremadamene pesada, con un mareo insoportable a causa de los residuos del anestésico que envenenaba su cuerpo.Al intentar mover las manos, el roce áspero de la cuerda de esparto que ataba sus muñecas por detrás del respaldo de la silla de madera le provocó un ardor punzante en la piel. Berlyn abrió los ojos con mucho esfuerzo. A su alrededor solo había un viejo almacén en penumbras, iluminado apenas por una bombilla amarilla que colgaba desamparada del techo cubierto de polvo.—¿Ya despertó, Sra. Moreno? —dijo una voz extremadamente familiar desde las sombras, en un rincón de la estancia.Unos pasos constantes se aproximaron. Julian Vance emergió de la oscuridad, vistiendo una camisa blanca con las mangas remangadas hasta los codos. Ya no quedaba rastro de la sonrisa educada ni del encanto ejecutivo que solía proyectar. El ro







