Los sollozos ahogados resonaban desde una esquina de la cama king size, ahora completamente desordenada.Berlyn abrazaba sus propias rodillas, escondiendo el rostro entre ellas mientras dejaba que las lágrimas empaparan sus mejillas redondeadas. Su cuerpo temblaba violentamente. Sobre las sábanas de seda blanca, ahora arrugadas, destacaba una intensa mancha roja: el silencioso testigo de la caída de la pureza que había protegido durante diecinueve años.—Deja de hacer ruido. Es molesto —gruñó Dave con voz grave, intentando mantener el tono lo más bajo posible.El hombre se pasó una mano por el cabello negro desordenado y luego clavó en Berlyn una mirada fría y afilada.—¿Quieres que tus lloriqueos se escuchen fuera de la habitación, hm?Berlyn no respondió.Por el contrario, hundió aún más el rostro entre sus rodillas, lamentando la ruina absoluta en la que se había convertido su vida. Su pecho subía y bajaba con dificultad, atrapado por una opresión insoportable. Saber que ya no era
Última actualización : 2026-05-18 Leer más