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Capítulo 2

Author: Miss-Er
last update publish date: 2026-05-18 03:37:14

El uniforme de sirvienta que Victoria le había dado le resultaba sofocante.

Berlyn permanecía frente al espejo del baño, conteniendo la respiración mientras intentaba subir con dificultad la cremallera lateral del vestido. La tela barata de color crema apretaba su generoso pecho y marcaba cada curva de su cuerpo voluptuoso.

Elyn observó su reflejo durante unos segundos antes de esbozar una sonrisa amarga.

—¿El uniforme es demasiado pequeño… o yo realmente soy tan enorme como un cerdo? —murmuró, acariciándose las mejillas redondeadas.

Sacudió la cabeza rápidamente y se dio unas suaves palmadas en el rostro.

No tenía tiempo para lamentarse.

—Concéntrate, Elyn. Estás aquí para trabajar y ganar dinero, no para seguir llorando por las humillaciones de Michael.

Después de serenarse, salió del baño llevando una palangana con agua tibia y una pequeña toalla. Junto a la cama king size, acomodó un pañal para adultos y ropa limpia para Dave Moreno.

La habitación estaba sumida en un silencio sepulcral; apenas podía oírse el leve tic-tac del reloj.

Elyn miró al hombre recostado sobre la cama.

Dave Moreno seguía inmóvil, con la vista perdida en el techo, como si hubiera dejado el alma abandonada en algún lugar lejano. Su mandíbula perfectamente definida y su nariz recta le daban un aspecto imponente, pero su rostro permanecía rígido y pálido.

Elyn se sentó al borde de la cama y lo contempló con compasión.

—Qué triste destino el suyo, señor Moreno… Tenerlo todo y no poder disfrutar de nada.

Por supuesto, no obtuvo respuesta.

Suspiró suavemente y comenzó a desabotonar uno a uno los botones del pijama de seda de Dave.

Bajo las sábanas, Dave contuvo el aliento en silencio.

El aroma de su nueva cuidadora —dulce y cálido— irrumpió de pronto en sus sentidos, alterando por completo su concentración. Durante un año entero había fingido ser un hombre paralizado para desenmascarar las verdaderas intenciones de su esposa, y en todo ese tiempo había ignorado sin esfuerzo a decenas de enfermeras.

Pero el tacto de aquella chica curvilínea era distinto.

Demasiado distinto.

La toalla tibia comenzó a deslizarse por su pecho firme con una delicadeza casi insoportable.

—En realidad, no quería un trabajo así, señor —charló Elyn para aliviar su propia incomodidad—. Mis ojos podrían corromperse por verlo desnudo.

Creyendo que Dave no podía escucharla, comenzó a hablar sin reservas.

—¿Sabe? Hace dos días mi novio me humilló delante de todos…

Su voz tembló apenas.

Sus manos siguieron limpiando lentamente el abdomen masculino.

—Dijo que le avergonzaba porque estoy gorda… que parezco un saco de arroz. Yo creía que me amaba de verdad, pero al final solo fui su criada y su vergüenza secreta.

El pecho de Dave se tensó.

No por rabia.

Sino por la sinceridad desnuda en las palabras de aquella muchacha.

Elyn escurrió la toalla y descendió para quitarle el pantalón del pijama y cambiarle el pañal. Pero apenas la última barrera de tela desapareció, sus ojos se abrieron de golpe.

Su mirada quedó clavada en la parte más íntima del multimillonario.

—Vaya… ¿qué es esto, señor…? —soltó con torpeza, intentando reír para disipar la tensión.

Sin embargo, aquella risa incómoda desapareció poco a poco.

Una opresión dolorosa volvió a instalarse en su pecho.

Sus pensamientos retrocedieron hasta Michael… hasta el asco y la humillación de verlo deseando a otra mujer mientras a ella siempre la rechazaba con frialdad. Michael la había hecho sentir poco atractiva, indigna de ser tocada, como si no tuviera derecho a desear ni a ser deseada como mujer.

El dolor, la rabia y la dignidad aplastada se mezclaron de pronto con una valentía impulsiva y temeraria.

En aquella habitación aislada, frente a un hombre que creía incapaz de reaccionar, Elyn se sintió libre de las crueles opiniones del mundo.

Nadie iba a juzgarla allí.

Impulsada por la curiosidad y por el deseo reprimido de recuperar la autoestima que Michael había destrozado, extendió lentamente la mano.

Con descaro inocente, convirtió la intimidad del multimillonario en el objetivo de su desahogo emocional… una pequeña prueba de que ella también podía tocar y controlar algo que siempre le había sido negado.

Sus dedos cálidos comenzaron a rozar y juguetear tímidamente con la punta de la masculinidad de Dave.

—Señor… perdón por atreverme tanto —susurró Elyn—. Pero es que… resulta demasiado tentador.

Un extraño cosquilleo recorrió la punta de sus dedos, como si acabara de recuperar una parte de la dignidad que Michael le había arrebatado.

¡Maldita sea!

Dave maldijo internamente con todas sus fuerzas.

Su mandíbula se endureció mientras luchaba por contener la reacción involuntaria de su cuerpo. El calor de los dedos de Elyn desencadenó un impulso feroz.

La sangre le ardió en las venas.

En cuestión de segundos, su miembro reaccionó con firmeza, endureciéndose por completo hasta erguirse con evidente tensión.

Elyn se apartó sobresaltada.

Su rostro se volvió rojo como un cangrejo hervido.

—S-Señor… aunque su cuerpo parezca el de un muerto viviente… esta parte sigue muy viva —murmuró, tragando saliva con dificultad.

¡Pequeña desgraciada…!

Dave apretó los dientes, haciendo todo lo posible para evitar que su respiración se agitara.

Con las manos temblorosas, Elyn volvió a tomar la toalla e intentó limpiar sus muslos. Pero el creciente tamaño de Dave hacía que cada roce accidental de sus dedos se sintiera como una tortura sensual que amenazaba con destruir la cordura del multimillonario.

—Señor Moreno… puede despedirme después por haber sido tan atrevida cuando se recupere —susurró ella para distraerse—. Pero por ahora… espero que siga paralizado un poco más. Así podré seguir trabajando aquí y pagar los cinco millones de dólares que debe mi padre.

Al escuchar aquellas palabras inocentes, egoístas y peligrosamente seductoras, sumadas a la tortura insoportable que sufría bajo las sábanas, la férrea resistencia que Dave había mantenido durante un año entero finalmente se quebró.

El deseo prohibido explotó dentro de él.

Al diablo con esta maldita actuación.

Elyn apenas iba a tomar un pañal limpio cuando, de repente, una mano poderosa atrapó su muñeca.

Su respiración se cortó.

Los ojos se le abrieron desmesuradamente cuando su cuerpo curvilíneo fue arrastrado con fuerza hasta caer sobre la cama. En un movimiento rápido y dominante, Dave Moreno ya se encontraba sobre ella, aprisionándola contra el colchón.

La mirada de Dave ya no estaba vacía.

Sus ojos oscuros brillaban ahora con un fuego intenso, peligroso y abrasador.

Elyn quedó completamente paralizada.

Su corazón parecía haberse detenido.

—¿S-Señor…?

La voz grave y ronca de Dave sonó por primera vez frente a su rostro.

—Chica curvilínea… te atreviste a provocarme, tentarme y jugar conmigo en esta habitación. Así que ahora… acepta tu castigo.

Continuará…

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