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Capítulo 4

Author: Miss-Er
last update publish date: 2026-05-18 03:46:46

El corazón de Berlyn sintió que se desplomaba hasta el estómago.

La cifra de cinco millones de dólares —la deuda que su difunto padre había dejado entre bancos y prestamistas ilegales— apareció de pronto ante sus ojos como una proyección maldita. Una cantidad suficiente para arrastrarla a prisión esa misma noche si daba un paso en falso.

La propuesta de Dave Moreno ya no era una simple opción.

Era el único salvavidas en medio de la tormenta.

Elyn necesitaba ese dinero.

No solo para sobrevivir a los hombres vestidos de negro que la perseguían constantemente, sino también para rescatar los restos de sus sueños casi muertos. Muy en el fondo de su corazón, aún deseaba convertirse en diseñadora de moda. Quería tener su propia boutique, un salón de belleza… incluso un centro comercial de lujo.

Aunque esté gorda y sea terrible cuidando de mí misma… ¿qué tiene de malo soñar en grande?, pensó Elyn mientras apretaba sus dedos sudorosos.

—Respóndeme, chica curvilínea —exigió Dave.

Sus ojos afilados brillaban intensamente, atrapando el rostro de Elyn con una intensidad casi mortal. Su mano seguía apoyada contra la puerta de madera, bloqueándole cualquier vía de escape.

Elyn tragó saliva con dificultad.

Reuniendo valor, levantó lentamente la cabeza, aunque sus piernas seguían temblando bajo la imponente presencia del multimillonario.

—¿H-hasta cuándo durará este contrato, señor…? —preguntó con voz apenas audible.

Dave curvó los labios en una sonrisa leve, cargada de dominio absoluto.

—Hasta que me canse de ti —susurró fríamente.

Antes de que Elyn pudiera procesar aquellas palabras arrogantes, Dave se movió.

Su mano fuerte atrapó la nuca de la muchacha y tiró de ella hacia arriba, aplastando inmediatamente sus labios contra los de Berlyn sin pedir permiso.

Elyn se estremeció.

Por reflejo, apoyó ambas manos sobre el pecho firme de Dave, duro como piedra.

Pero esta vez el beso no fue brutal como el anterior.

Era exigente de una manera extraña.

Dave parecía explorar cada rincón de sus labios, adorándolos con besos húmedos y lentos que vaciaban por completo la mente de Elyn. Sus largos dedos descendieron hasta la cintura generosa de la joven, acariciándola por encima del ajustado uniforme de sirvienta y apretándola suavemente… sin una sola pizca de rechazo o asco.

En medio de aquel beso embriagador, los recuerdos de Michael irrumpieron de golpe en la mente de Elyn.

Durante los dos años que habían sido pareja, Michael jamás la había tocado de esa manera. Ni siquiera era capaz de besarla con sinceridad.

Cada vez que Elyn intentaba pedirle un simple beso en la mejilla, él siempre encontraba una excusa irritante para apartarse.

"Mantén las distancias, Elyn. No me gustan las muestras de afecto en público."

O también:

"No te acerques tanto, vas a arruinar el maquillaje."

Siempre era igual.

Y aun así, ella había seguido comportándose como una sirvienta obediente: hacía las tareas universitarias de Michael, lavaba su ropa y caminaba dos pasos detrás de él como una sombra indeseada.

Qué irónico.

Su exnovio mediocre la trataba como basura… mientras que el hombre absurdamente atractivo y multimillonario que tenía delante no sentía el menor rechazo hacia sus ochenta kilos de curvas.

—Ah…

Un suave gemido escapó involuntariamente de los labios de Elyn cuando Dave profundizó el beso.

Aquel pequeño sonido pareció despertar algo peligroso dentro de él, porque Dave soltó un gruñido grave y volvió a pegar su cuerpo contra el de ella hasta eliminar cualquier distancia entre ambos.

Cuando finalmente se separaron, la respiración de Elyn ya era completamente irregular.

Se apoyó contra la puerta, intentando calmar el latido salvaje de su corazón.

—¿Por qué… por qué terminó así, señor…? —preguntó de repente, todavía jadeante.

Sus ojos húmedos se clavaron directamente en los de Dave.

—¿El accidente que sufrió hace un año… tiene algo que ver con la señora Victoria? ¿Por qué la engaña?

Dave guardó silencio unos segundos.

La sonrisa fría volvió a dibujarse lentamente en su hermoso rostro.

Levantó el pulgar y limpió con suavidad la humedad que quedaba en la comisura de los labios de Elyn. Sin embargo, su mirada se volvió más oscura.

—Ya te dije que no hagas demasiadas preguntas —advirtió con voz peligrosa.

Su dedo presionó ligeramente el labio inferior de la joven.

—Eso no es asunto tuyo. Tu única tarea ahora es cuidarme, convertirte en mi mujer y vigilar cada movimiento de Victoria en esta casa. ¿Entendido?

Elyn asintió lentamente.

—Lo entiendo, señor.

La muchacha bajó la mirada.

Aun así, su curiosidad seguía creciendo.

Detrás del matrimonio perfecto del famoso multimillonario, aquel que los medios adoraban mostrar como una pareja ejemplar, parecía esconderse un juego enfermizo lleno de traiciones y secretos oscuros.

—¡Señor Dave!

Un susurro urgente sonó de pronto detrás de los enormes ventanales cubiertos por finas cortinas.

Dave se apartó inmediatamente de Elyn.

Toda su aura cambió al instante, volviéndose fría y alerta.

Con pasos silenciosos y firmes, caminó hasta la ventana y abrió ligeramente el cristal.

Del otro lado se encontraba un hombre alto, vestido con un elegante traje negro y apoyado sobre la barandilla del balcón exterior.

Era Yuda, el asistente personal y mano derecha de Dave, encargado durante todo ese tiempo de manejar sus movimientos secretos fuera de la mansión.

—Señor, tenemos un problema urgente en nuestra sucursal de Manhattan —informó Yuda rápidamente, con el ceño profundamente fruncido—. El equipo de auditoría encontró varios documentos falsificados colocados deliberadamente bajo el nombre de…

La frase quedó interrumpida de golpe.

Sus ojos se abrieron al notar por primera vez la presencia de Berlyn detrás de Dave. El uniforme de sirvienta estaba ligeramente desordenado y sus labios se veían hinchados y rojizos.

Yuda parpadeó varias veces antes de señalarla con evidente desconcierto.

—Eh… señor… ¿y ella quién es? —preguntó confundido.

Hasta donde sabía, Dave jamás permitía que extraños permanecieran dentro de su habitación sin vigilancia estricta.

Dave lanzó una breve mirada hacia Elyn y luego volvió a enfocarse en su asistente, completamente inexpresivo.

—Ahora ella también es de los nuestros —respondió con firmeza, sin dejar espacio para objeciones.

Yuda pareció quedarse atónito.

Miró a Elyn de arriba abajo con evidente desconfianza, evaluando a la muchacha curvilínea que permanecía quieta y nerviosa detrás de Dave.

Después se inclinó ligeramente hacia la abertura de la ventana y susurró con preocupación:

—Señor… ¿está seguro? ¿De verdad puede confiarle nuestro secreto a esta chica? ¿Y si termina traicionándolo por la señora Victoria?

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