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4. Seduciendo a mi padrastro

Author: Chay_Nhez
last update publish date: 2026-10-10 04:20:09

La llamada había transcurrido bien. Ambos se comportaron como si no estuviera ocurriendo nada extraño entre ellos. Para la madre de Amelia, aquellos dos estaban conviviendo en la casa como dos personas decentes, como familia. Se encontraba totalmente ajena a las provocaciones de su hija para su marido, de las erecciones que él había tenido y de las veces que se sacó semen pensando en su hija. Para esa mujer, todo transcurría perfecto.

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    La mujer se levantó de la cama, respiró hondo y se dirigió el baño. Se echó un poco de agua en la cara y se observó en el espejo. Se notó cansada, pero no de trabajar, estaba cansada de intentarlo y no lograrlo, de sentir que retrocedía en vez de avanzar. Sus ojos estaban apagados, sus labios unidos por una línea fina, muy recta. Miró a la cama, su marido yacía dormido en ella. Le había hablado hacía a penas un minuto y ya estaba dormido, roncando incluso, como si se hubiera acostado hace una hora. Volvió su mirada al espejo y suspiró. Miró la hora en el reloj que siempre llevaba en la muñeca, eran casi las 12 de la madrugada. La idea pasó por su cabeza, y esta vez no se negó. Corrió al closet y buscó el vestido que se había comprado hace mucho, pero aún no había usado. Se lo puso y se miró en el espejo de cuerpo completo. Se observó de arriba a abajo y tragó saliva al ver que le gustaba lo que estaba viendo. Su cuerpo ceñido en un vestido rojo, pegado al cuerpo marcando cada cur

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    Se hundió en ella de una sola estocada. Fuerte, rápida, precisa, profunda, metiendo todo el largo de su falo hasta que sus huevos chocarán contra ella. Amelia soltó un jadeo ahogado demasiado alto, producto de la sorpresa de sentirlo meterse, en un solo movimiento, completamente en su interior. Alexander sonrió, solo curvando una de las esquinas de sus labios. Le había gustado aquello. Sentía su interior caliente apretando su polla, mientras que Amelia se sentía llena por completo. Apretó fuerte sus caderas, elevándolas todo lo que podía, y comenzó a desplazarse lentamente en su interior. El movimiento era tan lento que para ella era una tortura. La exitación se elevaba al máximo, pero también sus ansias de volver a sentirlo completo. Podía sentir cada milímetro de su miembro entrando en ella, pero no llegaba a hundirse completo. Ella gemía bajito, él sonreía con malicia. Ahora era él quien tenía el control. —Más —susurró, él la ignoró— Más, quiero más —repitió más alto. Int

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    Ambos caminaron directo a la habitación de él. Alexander le agarraba el brazo con fuerza mientras que ella tenía una pequeña sonrisa pintada en el rostro. Cayó sentada en la orilla de la cama cuando él la soltó de un empujón. —Ay —se quejó, borrando la sonrisa y frunciendo el ceño en dirección a él. Su padrastro se quedó parado en el medio de la habitación por unos segundos, observando el suelo. Pensando en lo que estaba haciendo y en lo que no debía hacer. Se desabrochó el botón del pantalón y bajó la cremallera. Ya era demasiado tarde. Se pasó las manos por el pelo varias veces y se dirigió a una de las puertas. Amelia lo observaba callada, lo vió perderse tras la puerta del vestidor. Era la habitación de su madre, la conocía bastante. Apareció a los dos minutos con algo en la mano. Pudo verlo mejor cuando se acercó a ella. Eran cuerdas. —Acuéstate en el medio de la cama —ordenó, caminando hasta la cabecera de la cama. —¿Por qué? —preguntó mientras lo veía amarrar la cue

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    Alexander bajó hasta meter la cabeza entre sus piernas. Las abrió exponiéndola completamente a él. Se acercó y la probó. Un lenguetazo fue suficiente para el probar la gloria, suficiente para que ella gimiera. Siguió una y otra vez deleitándose con su sabor y sus gemidos. Sus manos subieron por su abdomen hasta agarrarle los senos y apretarlos. Su lengua experta se movía con experiencia sobre su coño, deteniéndose en su clítoris, succionando, moviéndola de un lado a otro y en círculos. —A... Ale... ¡Ah! ¡Alexander! Gimió ella sin siquiera taparse la boca, sin que fuera bajito, sin ocultarlo. Total, nadie los escucharía, nadie los iba a ver o a interrumpir. Le encantó escucharla gritar su nombre en un gemido, pero ansiaba escuchar otra palabra. Amelia se sentía en el mismísimo cielo. Jamás le habían hecho un oral de esa manera, con tanta hambre, tanto control, tanto deseo. Levantaba su cadera y se agarraba de las sábanas con fuerza. No quería que se alejara. Eso era lo que tant

  • Pecados Compartidos Historias de Adultos   4. Seduciendo a mi padrastro

    La llamada había transcurrido bien. Ambos se comportaron como si no estuviera ocurriendo nada extraño entre ellos. Para la madre de Amelia, aquellos dos estaban conviviendo en la casa como dos personas decentes, como familia. Se encontraba totalmente ajena a las provocaciones de su hija para su marido, de las erecciones que él había tenido y de las veces que se sacó semen pensando en su hija. Para esa mujer, todo transcurría perfecto. Aquellos dos habían cogido diferentes direcciones dentro de la casa luego de la llamada. Cada uno ocupando su cabeza en sus cosas, él la volvía a evitar y ella intentando sacarlo de su cabeza, pero no podía. Aquella atracción que sentía por él era más fuerte que ella. Ya era tarde, casi media noche cuando Alexander decidió que era mejor irse a dormir que estar pasando los ojos por encima de papeles que ni siquiera estaba analizando en realidad. Recogió la mesa de su escritorio y se dirigió a su habitación convenciéndose a sí mismo que Amelia ya estab

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    Habían pasado más de 24 horas en las que Alexander y Amelia no se habían cruzado. Él se había ido de la casa y aún no había regresado. La estaba ignorando todo lo que podía y la mejor forma era no estar cerca. Amelia, sin embargo, esperaba con ansias volverlo a ver. Quería provocarlo y ver como reaccionaba. Se preguntaba si sería igual después de haberse tocado pensando en ella, con su tanga en su mano llenándola de leche. Eran las siete de la noche cuando el auto de Alexander se escuchó entrando al garaje. Amelia había escuchado el ruido, lo conocía a la perfección. Corrió a abrir la puerta de su habitación, luego agarró el espejo de cuerpo completo y lo colocó frente a la pared que quedaba frente a la puerta, lo alineó con esta para que se viera perfectamente. Se quitó la ropa y la lanzó al otro lado de la habitación. Se quedó solo en ropa interior. Se soltó la coleta que tenía en el pelo y lo acomodó. Después fue a verse frente al espejo, era imposible que no la viera ahí. Ale

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