LOGINTodavía no comprendo cómo llega a gustar este tipo de historias hoy en día. La sociedad ha cambiado muchísimo y estoy seguro de que, si alguien escribe las vivencias de lo que sucede diariamente el mundo, jamás podría llegar a su fin.
Por mi parte no soy un hombre muy interesante. Trabajo, respiro y tengo bastante dinero. Bueno, si le anexamos un pequeño detalle de mi oscura vida, sería mejor.
Gracias por leer, nos vemos en unos años.
Muchas cosas han cambiado desde el asesinato de mi hermana menor. Tuve que adaptarme al nuevo mundo que me tocó vivir, mi corazón dejó de latir y se enfriaron mis sentimientos.
Mis necesidades están cubiertas por decirlo así. Soy un tipo bastante higiénico, tengo sexo con cualquier mujer del bar que esté disponible y trabajo lo suficiente para tener la mente ocupada.
No tengo tiempo para más nada.
Bueno, para la familia y buscar al asesino de mi hermana. En fin, soy un hombre infeliz, con una vida dividida por el bien y el mal.
—¿Por qué dejaste que esa mujer te hablara así? —Alessandro interrumpe mis pensamientos, mientras vemos a las alemanas con su hermana—. No sé qué negocios tendrán con Alessandra.
Suspiro mientras vuelvo a revisar mi celular.
Soy desconfiado y no lo digo por ser mafioso, pero me resulta imposible quedarme con los brazos cruzados desde que tengo uso de razón. Recuerdo un profesor en Gales, siempre dijo que debíamos investigar a todo aquel que viniera a trabajar en nuestras empresas.
Ningún extraño con problemas mentales puede entrar a nuestros negocios porque nos iríamos a la quiebra.
Y vaya razón que tenía.
—Porque la conozco de otro lugar —él me mira mal. No nos habíamos ido muy lejos de la habitación donde estaba Alessandra, jamás la dejaríamos sola—-. Quiero y necesito saber que negocios tienen con tu hermana porque no tienen aspecto de prostitutas.
—¿Infiltradas? —asiento, veo a la castaña comprobar el celular y algo me dice que esas dos mujeres están tramando algo—. Quieres hacerles algo y tu cara de idiota me lo está confirmando.
—Esa mujer de ojos azules está ocultando algo. Alessandra nunca habló de ellas y tampoco tienen fotos juntas —guardo mi celular, empiezo a caminar y le hago señas para que me siga—. No sé si son asesinas, pero si es así, nadie en la organización estará seguro.
—Definitivamente eres un idiota —se ríe mientras me sigue—. El Don de la Cosa Nostra tiene miedo de dos frágiles mujeres.
—¿Te corto los huevos para que te rías con más gracia? —se tapa las bolas, su rostro es de total horror—. Actúa como un el subjefe de la mafia. Vamos a intimidar a las alemanas.
Caminamos hacia ellas con paso calmado, alertándolas a las dos y haciendo que se levantaran de la silla.
—¿Algún problema? —pregunta castaña con nerviosismo.
No es precisamente mi tipo de mujer, pero si les gustan las castañas con algunas pecas, ojos azules, de piel broceada y un poco delgada... está bien.
Para gustos los colores.
—Sí —alza las cejas—. ¿Tres millones? —me ve con confusión, entonces quiere más—. Les daré seis millones de dólares.
—¿A qué se debe ese dinero? —interviene la pelinegra—. ¿Alessandra está en problemas? —nos mira con preocupación—. Si eso es así nosotras podemos…
—Es el dinero para que dejen en paz a Alessandra —responde su hermano interrumpiéndola—. Nosotros nos haremos cargo de ella y de todo lo que necesite.
La castaña se empieza a reír como si estuviésemos jugando.
—¿Así son todos los italianos? —pregunta molesta—. Seis millones de dólares es poco para resolver los asuntos que tenemos con ella —se cruza de brazos—. No sé qué clase de personas creen que somos, pero ya que son mafiosos, mejor mátenme de una vez —asiento interesado—. No nos iremos porque los negocios son con Alessandra y no con ustedes.
—¿Qué clase de mujer eres? Se les nota que se acercaron a ella por interés —espeto, con fingida calma.
—Una que tiene que sacar a su familia adelante —responde, veo una vena sobresalir de su sien—. Por si no lo sabes, no todo el mundo caga plata ni es de la mafia.
—¡Ada, basta! —la interrumpe la pelinegra—. Estos tipos son unos idiotas. Déjalo así que no vale la pena —le muestra el reloj de su mano—. ¿Ya viste la hora? Debemos irnos de aquí.
La chica asiente a regañadientes, me ve con rabia y antes de irse vuelve a hablar.
—No te deseo mal, pero ojalá te dé diarrea con gripe —Alessandro, como buen imbécil, se empieza a reír por lo que me dijo.
—Y espero que tu estés ahí para limpiar mi m****a —le respondo, a la fulana Ada, me ve tan mal, que juraría que me está matando.
Tranquila, bella, el odio es mutuo.
[…]
Unas horas después me había llegado la información completa de las dos alemanas. Mi gente es eficiente cuando es la hora del chisme.
Solo pedí lo básico, digamos que respeto la intimidad de las personas.
Confidencial.
Información Personal.
Nombre: Cristal Richter.
País de Nacimiento: Berlín, Alemania.
Edad: 25 años.
Profesión: Doctora.
Información Personal.
Nombre: Ada Schulz.
País de Nacimiento: Sicilia, Italia.
Edad: 27 años.
Profesión: Doctora.
Antecedentes: ambas mujeres tienen un negocio con la señorita Alessandra De Santis. Al parecer quiere que ellas sean encargadas de la salud de la Cosa Nostra. Fueron secuestradas en Alemania hace algunos días y no tienen dinero para estar en el país. Desconocemos desde cuando son amigas de la señorita De Santis, pero fueron liberadas de ser prostitutas por la señorita. Las dos mujeres están con una niña de cuatro años.
¿Así que Alessandra las liberó?
Para ser una mujer estudiada carece de educación y la mujer nació aquí.
Más sospechoso todavía.
—Buenas noches y bienvenido sea. ¿Desea algo de tomar, Don? —Camille, la mesera de siempre, me pregunta.
—No. Estoy buscando a una mujer —respondo, viendo por todo el bar.
El bar de Alessandro es un prostíbulo en la zona VIP. Los hombres vienen a derrochar la plata sin razón alguna. Ninguna de ellas está tan buena como para pagar 1 centavo, pero si para satisfacer a los Capos aliados de nuestra organización.
Negocio es negocio y no se toca la mujer que ellos elijan.
—Lo siento, Capo, pero el jefe nos ha dicho que no podemos vender la información de nuestros trabajadores —responde, con desdén.
La ignoro ya que miro hacia una muy llamativa castaña con poca ropa.
—Ya la encontré —señalo hacia la amiga de Alessandra—. No necesito de ti.
—Lo siento, Capo —me detiene Camille, tomándome de mi brazo—. No puede hablar con ella —frunzo el ceño—. Ella ya fue ofrecida para el Capo de Irlanda.
Miro a... ¿Ada?
—¿Pagó por ella? —asiente—. Solo necesito 10 minutos con esa mujer —me mira dudosa—. No me la voy a coger, dame los 10 minutos y será toda tuya.
—Bueno, pero que no pasen más de 10 minutos —responde—. No queremos más problemas con el Capo de Irlanda…
Sí, pero él es quien se empeñó en mi territorio.
[…]
Esperé a que todas desaparecieran del camerino y ella apareciera. Estaba a punto de atender la llamada de Alessandro, cuando por fin, Ada entró al lugar con cara de susto.
—¿Te compraron por más de seis millones de dólares? —pregunto, ella se sobresalta y baja la mirada, suspiro con indignación por esa actitud—. Se te nota en la cara que la plata es lo más importante para ti —aprieta sus manos haciéndolas puños.
—¿Qué quieres? —cuestiona ronca, alzando la mirada e ignorando mi pregunta—. El dinero es mi mundo y sin el no soy feliz. ¿Eso era lo que querías escuchar? —me mira con odio—. Pues ya lo dije. Ahora puedes irte a hacer lo que sea que hagas.
Aparta la mirada y ve a todos lados, se detiene en un lugar específico y yo, como buen observador, miro el mismo lugar que ella.
Una cama con pétalos de rosas blancas.
¿La harán florecer? Pero tiene un hijo…
—Ada Schulz —me ve seria—. ¿Sabes que el Capo de Irlanda te hará su mujer? Serás su prostituta para siempre.
—Yo no soy una prostituta y yo no… —intenta gritar, pero solo logra alzar un poco la voz, su acento alemán se marca más cuando se molesta—. Necesito el dinero… eso es todo.
—Eres doctora. ¿El dinero que te ganabas con eso no te alcanza? —niega con una mirada fría—. Todo el mundo sabe que es una buena profesión —sonríe—. ¿Trabajabas en Alemania?
—Sí, ejercía mi profesión. Tampoco es que me dieron a elegir porque me secuestraron y ahora estoy aquí —esquiva mi mirada.
Eres una bambina muy mentirosa.
—Realmente no me importa que hiciste con tu vida, pero no quiero que vengas a joderme la existencia —me ve—. Buena suerte con el Capo y déjame decirte que es un viejo verde el que te va a coger.
—Pensé que tú... —susurra, mordiéndose el labio.
La miro con diversión.
—No, no me da la gana. No tengo tanto dinero para gastarlo en una mujer que no me gusta —paso de largo y golpeo su hombro.
—Creí que venías a ofrecerme dinero otra vez —me toma del brazo clavándome sus uñas—. Prefiero mil veces que un viejo verde me compre y me coja, antes de tener que ver algo contigo, grandísimo imbécil.
Me suelta y sale molesta de aquí.
¿Entonces te doy asco?
Me quedaré a disfrutar tu cara de horror cuando veas a tu asqueroso viejo verde.
Ada, me estás fastidiando la mente con tu jodida actitud y tus ganas de llevarme la contraria.
Te haré sufrir.
Eran las cinco de la tarde y ni un rastro de vida de alguno de ellos. Cada minuto que pasaba era una perdición para mí. Les envié un mensaje a mis hombres para que intervinieran, pero no sé qué ha sucedido. Al parecer la cobertura está siendo cortada en el interior del almacén.—Dame la dirección de en donde se encuentra Ada y Cristal —miro con frialdad al mayor, mientras lo tomo por el cuello de la camisa—. ¡Perdí la paciencia y tú eres un inútil! ¡Dame la jodida dirección que voy a ir por ellas!—¡Fabrizio, cálmate! —me intenta alejar Bastian—. Ellas están haciendo su trabajo. Espera un poco y confía por primera vez en lo que ellas están entrenadas a hacer.—Bastian, si fuera tú hermana la que estuviera en ese lugar, ¿qué harías tú? —suelto al mayor—. ¿Esperarías tranquilo a que ella regresara? —me enfrento esta vez a Bastian.—Iría por ella sin pensarlo. Pero debes tener en cuenta que ellas están preparadas para este trabajo y mi hermana está muerta —se aleja.Joder, metí la pata c
En algún lugar baldío.Santorini-Grecia.Regresar aquí y no de la misma manera, fue mi primer choque de la realidad.Ada tenía muchas horas de haberse ido. No le dije nada acerca de la posición actual en la organización, pero no creo que haya sido necesario. Ada es lo suficientemente inteligente para darse cuenta de lo que pasaba.Enterarme del fulano plan que tuvo para apartarse de mí por miedo a que saliera lastimado, me pareció el acto más adorable que pudo tener hacia mí. Claro que me lastimó por creerme débil, pero el hecho de que todo fuera una mentira, digamos que me hizo un borrón en todo mi ser.Uno enamorado perdona mil cosas. No importa si es bueno o malo. El amor nos ciega y sinceramente no sé qué tan cegado estoy por mi mujer.Ahora pensando seriamente una cosa... ¿ella me tendrá miedo?Intenté hacerle una autopsia mientras estaba vivo al informante de Jantine, cuando me desafió, pero murió antes de yo poder terminarla. Además, Alessandro y yo fuimos interrumpidos en el p
Salón privado.Venecia-Italia.Fiesta de compromiso de Chiara Messina y Luigi Rizzo.Cuando las cosas son para uno, aunque te escondas, siempre llegara a ti. Soy el ejemplo palpable de ello. Hace muchos años, hoy la que se llama Chiara y yo, nos separamos porque ella así lo quiso. Nuestros caminos tomaron un rumbo diferente. Si nos reunimos muchas veces después de nuestra ruptura, pero jamás nos encontramos sentimentalmente. Ella tenía otro camino, uno que realmente la hizo feliz y olvidar el mal rato que pasó conmigo.Finalmente puedo decir que no me arrepiento en lo más mínimo de habernos separado. Sin esa ruptura que me marcó para el resto de mi vida, hoy, ninguno de los dos hubiese conocido lo que es el amor y la felicidad verdadera. Debo decir que la amé. Ella fue ese primer amor y la persona que más me lastimó. También debo ser realista. Sofía y yo nunca pudimos ser felices. Ambos tenemos cicatrices de la vida, dolores que no debían ser nuestros y promesas que jamás pudieron ser
Me despierto unas horas más tarde al sentir el lado de mi cama vacío. Normalmente ella duerme hasta después de las 9, si Kristin está con su padre. Me siento en la cama para analizar lo que sucede. Miro alrededor de la habitación y no veo a mi mujer por ningún lado. Me termino de levantar para ponerme mis bóxer y salgo en busca de ella.Camino por el pasillo y veo que la habitación de la niña está cerrada, me acerco un poco para abrirla y veo que está besando su frente mientras sigue dormida.Ella lleva puesta mi camisa que la hace ver tan hermosa.—¿Todo bien con la bambina? —pregunto, ella se sobresalta y me mira mal.Sus ojos bajan por mi cuerpo y sonrío porque sé lo que estaba pensando.No iba a presentarme desnudo frente a la niña.—Solo viene a ver como estaba porque desperté temprano —susurra cuando llega a mi lado.—Pensé que... —niego con la cabeza y me acerco a ella—. ¿Todo bien ahora qué la viste? —pregunto, apoyándome en la pared del pasillo.—Ahora sí —sonríe, caminando h
La veo sentarse a mi lado con cara de preocupación. Se muerde el labio inferior y mueve su pierna derecha rápidamente. Está claramente nerviosa. No sé si será por lo que le diré, o, por algo que ella me intenta ocultar.Suspiro y me acomodo para quedar viéndonos frente a frente. Me regala una dulce sonrisa y sé que después de esto, algo entre nosotros cambiara.—Ada, disculpa mi falta de tacto por lo que te voy a decir —frunce el ceño—, pero al tener la dirección de tu padre, ya no tengo motivos para dejarlo vivo —abre y cierra la boca varias veces mientras mira seria—. Después de la muerte de Fiorella he vivido una amarga vida. Quise vengarme de ese hombre. Le dije a Alessandro que la mejor manera de iniciarse en la organización era haciéndonos nuestro propio camino, y, una mañana dijimos que era un buen día para hacer valer nuestra ley.—Tú... —pasa sus pequeñas manos por su cabello—. No... Después de eso —no logra formar alguna palabra.Sonrío avergonzado. Entiendo que es lo que in
Mientras íbamos de camino a la terraza, en el pasillo se encontraba un hombre gritando a varias personas. Al principio quise reírme, pero al ver a una mujer similar a Ada, quise dispararle al hombre en la frente. Debo dejar mis instintos asesinos. Dios, pero están colmando mi pequeña paciencia el día de hoy.—¡¿Qué mi3rda se supone que están haciendo dejándonos descubiertos?! —gritaba el tipo como si fuera sus dueños—. ¡Debemos mantenernos encubierto, no pueden andar vistiendo ropas que nos descubran!Alessandro me ve con confusión, me encojo de hombros y sigo viendo al viejo que no logro leerle el apellido.¿Ahora resulta que la ropa que llevemos nos dice cuál es nuestra profesión? Es extraño porque me vista como me vista, no parezco mafioso.—El mayor nos prestó las instalaciones por lo seguro que era este lugar. No anden vistiendo así. Hablen con sus subordinados, que de sus superiores me encargo yo —vuelve a hablar, pero más calmado—. Fin de las misiones para ustedes, chicos —frun







