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Capítulo 4

Author: Bagel
Al escuchar la certeza en mi voz, Logan se rio, con una actitud arrogante y despectiva. Una mirada de comprensión cruzó su cara y, una vez más, intentó atraerme hacia sus brazos.

—Está bien, está bien. Fui desconsiderado. Me equivoqué. Mañana haré que el departamento de finanzas te entregue una tarjeta negra ilimitada. Podrás comprar lo que quieras, sin formularios de solicitud, ¿está bien?

Agachó la cabeza, intentando darme un beso en la frente.

—En cuanto al sello, haré que Chloe te lo envíe. Puedes jugar con él unos días. Ya que te importa tanto ese juguetito, te daré el gusto. De ahora en adelante, aprobaré yo mismo los gastos de curación de tu loba. Saldrán de mi cuenta de banco. Ya es suficiente, Sienna. Estoy cansado y ya pasé mucho tiempo tratando de contentarte por hoy. Mientras seas obediente, te daré todo lo que quieras.

Durante los últimos tres años, esta rutina me había funcionado todas las veces. También sabía que, para un Alfa orgulloso como él, este era el límite de sus concesiones. Así que, con tan solo agachar un poco la cabeza y ofrecerme algo de dulzura, yo solía conmoverme hasta las lágrimas.

Pero ahora era demasiado tarde. Mi loba se había ido. No quería su dinero, ni tampoco el sello con el que Chloe había jugado incontables veces. Su cercanía ahora solo hacía que me sintiera sofocada.

—Logan, no quiero nada.

Giré la cabeza, esquivando su beso, con voz tranquila.

—Solo quiero romper el vínculo de pareja.

Los movimientos de Logan se detuvieron. Se dio cuenta de que no estaba haciendo un berrinche ni me estaba haciendo la difícil. Me estaba yendo.

La máscara de devoción se agrietó, revelando la fría arrogancia que ocultaba. El aura de Alfa que emanaba de él se volvió amenazante.

—Sienna, deja de ser tan caprichosa. ¿A dónde podrías ir sin mí? Eres una Omega con una loba desvanecida. En cuanto pierdas mi protección, no serás más que una errante débil. El mundo exterior es peligroso. Sin la medicina especial de la manada, tu cuerpo no durará ni tres días con lo frágil que es.

Estiró la mano para acariciar mi largo cabello

—Hago esto por tu bien. No me obligues a encerrarte hasta que te calmes.

Sí. Siempre lo hacía “por mi bien”.

Por mi bien, le dio mi poder a alguien más; por mi bien, dejó que mi loba se marchitara y muriera.

Yo estaba muy consciente del destino de un errante. Cazada por otras manadas, perseguida por cazadores, muriendo sola en la naturaleza. Pero al quedarme aquí, mi alma ya estaba muerta.

Prefería morir libre en la naturaleza que ser su muñeca mimada en una jaula, viéndolo a él y a otra loba continuar con su pequeña farsa. Volví a cerrar mi maleta, la tomé por el asa y caminé hacia la puerta principal sin mirarlo ni una sola vez más.

—Entonces déjame morir allá afuera.

Logan se quedó paralizado. Jamás esperó que la Sienna que siempre era tan obediente, tan profundamente dependiente de él, de hecho se atreviera a cruzar esa puerta.

Pero no me siguió. Su confianza y su orgullo de Alfa lo convencieron de que esto era solo un berrinche más dramático de lo normal.

No fue sino hasta que el sonido de la puerta al cerrarse resonó por la habitación que Logan sintió una extraña sensación de enojo. De forma inconsciente metió la mano en su bolsillo y sus yemas rozaron algo frío y duro.

Era el amuleto de lobo de obsidiana que yo misma le había tallado para su último cumpleaños, un resultado de los ejercicios de energía espiritual que practicaba para sanar a mi loba. No era valioso, no valía nada comparado con los relojes de lujo y los regalos de Chloe. Pero él siempre lo llevaba consigo.

Logan frotó la piedra, recordando el mensaje que Chloe le había enviado antes:

“Alfa, a la Luna hay que consentirla. Solo está armando un pequeño drama de escape para llamar su atención”.

“Conozco esos jueguitos demasiado bien. Ni se le ocurra ir tras ella. Solo déjela estar un tiempo, que pruebe lo amarga que es la vida sin usted”.

“En uno o dos días, volverá gateando, llorando y rogando por su perdón”.

Logan apretó con enojo la obsidiana en su puño, y los bordes afilados se enterraron dolorosamente en su palma. Sí, Chloe tenía razón. No podía dejarlo.

Logan respiró hondo, tratando de calmarse.

“Si quieres armar una escena, entonces adelante. Cuando regreses, maltrecha y destrozada por el mundo exterior, suplicándome, haré que admitas lo bien que estás conmigo, y jurarás que nunca más te atreverás a pronunciar la palabra romper”.
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