Mag-log inSORPRESA
"Alteración emocional causada por algo imprevisto o inesperado"
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Tal vez no debí prestar atención a Ariana, no logro entender qué hago en este lugar, ella solo me dijo que era un club exclusivo y en mi estúpida inocencia, pensé que me hablaba sobre un lugar donde la gente venía a beber y a ligar.
¡Qué idiota!
Llevo toda la noche limpiando habitaciones que huelen a aceites esenciales, mezclados con el olor a sudor y a sexo, aunque nunca lo he practicado, reconozco el olor, soy virgen, pero no idiota y he estado en muchas fiestas donde las personas se dejan llevar por la emoción. Pero, ni sabía que existían este tipo de lugares, Ariana nunca me explicó que trabajaría en un club sexual y mucho menos, que tendría que limpiar las habitaciones, antes de que la siguiente pareja o grupo las utilizaran.
Así que aquí estoy, limpiando secreciones, botando papeleras llenas de preservativos, esterilizando o cambiando juguetes sexuales, cambiando sabanas, limpiando juegos de látex y dejando perfectamente acondicionada cada habitación, para lo cual tengo de cinco a diez minutos, así que me he pasado toda la noche corriendo de una lado para el otro.
En realidad no he visto nada, porque llevo unos audífonos manos libres a través de los cuales me informan a qué habitación debo entrar.
—¿Qué haces idiota?
Siento como un cuerpo me golpea con fuerza, levanto la mirada y me encuentro con una chica pelirroja, con una cabellera increíblemente sedosa y hermosa, es mucho más alta y delgada que yo, me mira como si yo fuera una estúpida.
—Espero que no se te ocurra volver a chocarte conmigo, al parecer en este lugar han perdido la calidad en el momento de seleccionar al personal de limpieza.
¡Maldita clasista!
Tengo ganas de darle un puñetazo en la cara, sin embargo, bajo la mirada y le pido disculpas.
—Perdone, señorita. No volverá a pasar —digo con la voz baja, no quiero meterme en problemas en mi primer día de trabajo.
Lo primero que nos dijeron es que toda la noche, teníamos que ser invisibles y claro, vengo yo y me choco precisamente con la persona más antipática del lugar.
—Por supuesto que no volverá a pasar, usted no volverá a trabajar en este lugar.
Contengo la respiración, lo que me pagan por una hora aquí, normalmente, lo consigo trabajando casi todo el día y a pesar de lo estresada e incómoda que me siento, necesito el dinero.
—Señorita, le aseguro que no quise molestarla, por favor, necesito el trabajo —suplico.
Me arde el vientre de tener que rogarle a esta idiota.
—Querida, déjalo. No olvides por lo que hemos venido, Luka Meyers es por lo único que debes preocuparte.
La chica sonríe, se inclina y besa al chico delante de mí, sus bocas se mueven con calma, pero el beso parece tan erótico, que siento como mis pezones se ponen erectos, la mujer lleva su mano a la entrepierna del hombre, que la levanta contra la pared del pasillo, le abre las piernas, baja su cremallera y la penetra frente a mí, que no he logrado dar un solo paso por lo sorprendida que estoy.
—¡Sí! ¡Más duro! —Escucho que susurra y el hombre se mueve con mayor velocidad, no puedo creerlo —¿Te gusta lo que ves?
La chica me mira mientras habla, para luego levantar la cabeza y pegarla contra la pared, volviendo a gemir.
Bajo la cabeza y me alejo del lugar, estoy un poco desconcentrada, escucho el número de la nueva habitación a la que debo ir, siento mucho calor, me muevo lo más sigilosamente posible, fui asignada al área de salas privadas, cada una de ellas sirve para un aspecto en especial y además hay dos salas grandes.
"Chica nueva, está libre la sala trece, tienes diez minutos"
Escucho la voz de la encargada de la limpieza a través de mis audífonos. Afortunadamente no tengo más problemas, entro en la sala y limpio en menos de diez minutos, aprovecho que he terminado antes para revisar mi teléfono, me preocupa que le pase algo a mi hermano y que no me encuentre disponible o que no me entere hasta el otro día.
Escucho un fuerte ruido y miro el reloj de pared de la sala, debo irme, tengo entendido que la encargada no se toma muy bien que seamos sorprendidos en una sala por alguien, debemos salir de las habitaciones o salas, antes del tiempo limite que nos asignan.
Acabo de terminar mi primer turno y observo a mis compañeros hablar y reír, me he lavado las manos hasta cansarme, buscando quitar el olor a detergente, tengo un aceite perfumado, me aplico un poco, me pongo una falda corta de pliegues.
¡Hace mucho calor!
Abotono mi blusa negra y me pongo mis botines, me dejo suelto el cabello porque no sé qué hice la goma que traía, tomo mi bolso y me dirijo a la salida.
Mientras camino busco mi teléfono, no lo encuentro, reviso con calma y vuelvo a la habitación donde nos cambiamos, no encuentro mi teléfono. ¿Qué lo hice?
Hago memoria, intentando recordar el último momento en el que lo utilicé.
¡Mierda!
La sala trece, la de la bañera de hidromasaje. No sé qué hacer, tengo que recuperarlo, no tengo dinero para comprar otro y sobre todo, no pueden encontrarlo porque perdería de inmediato mi trabajo.
Me dirijo a la sala trece, espero que se encuentre sola, por lo general, cuando están ocupadas tienen la luz roja encendida y la puerta cerrada, si ese es el caso, tendré que esperar oculta hasta que se libere y las personas salgan, rogando porque nadie haya reparado en mi teléfono.
Estoy de suerte, puedo entrar en la sala; Sin embargo, lo hago con cautela, no sea que me vaya a encontrar con alguien del último servicio, el de la madrugada que deja todo preparado para el día siguiente.
La sala está en la semi penumbra, siento un fuerte olor almizclado, entre la madera, el sándalo y otra cosa que no logro identificar, es como si fuera un olor único.
Han dejado la música, leve, muy sutil, como si te estuvieran invitando a embriagarte.
Observo mi teléfono, está sobre un muro al lado de la cama.
¿Cómo pude olvidarlo?
Camino de prisa hacia donde se encuentra, tengo que salir de aquí.
—¡Date la vuelta —Mis manos se quedan suspendidas en el aire y mi respiración se agita.
Una voz ronca, baja y autoritaria me sorprende, pensé que no había nadie más en este lugar.
¿Será uno de los jefes?
—He dicho, date la vuelta. —Mi piel se eriza e inmediatamente me vuelvo y miro hacia el fondo de la habitación, de donde al parecer proviene la voz.
No logro ver nada, a pesar de la luz tenue que ilumina la cama, esa parte de la habitación, se encuentra en completa oscuridad
—Cierra la puerta.
Me acerco un poco más a ella, intentando entrar a los aseos sin que ella haya terminado de salir.Nuestros cuerpos se tocan y observo el pulso latir acelerado en su cuello y una perla de sudor deslizarse por su boca.Ella es alta, no tanto como yo, pero más que la media, así que puedo susurrarle sin mucho esfuerzo.—Creo que se te ha disparado la tensión. —Levanta el brazo, intentando sentir su pulso.—No, yo… Es solo que hace mucho calor.Paso con delicadeza una mano por su cabello y lo dejo detrás de su oreja.Inclino mi cara y ella levanta la suya; nuestros cuerpos en contacto, estamos tan cerca que puedo sentir su aliento.—A mí también se me ha disparado, siente.Llevo su mano a mi pecho y soy consciente del momento en el que ella levanta la mirada, y sus labios se acercan a los míos y me pierdo en su olor, huele a jazmín y a vainilla.—Lo siento, debo irme.Ella se aleja y me ma
Durante mi infancia y mi adolescencia, antes de partir a los Estados Unidos, siempre me pregunté cómo hacían ellos dos para entenderse y vivir juntos durante tantos años.Mi madre es una pediatra muy reconocida, es la jefe de pediatría en un reconocido hospital de Bruselas y tiene un consultorio privado en nuestro pueblo.Después de terminar la universidad y mientras Jéremie y yo crecíamos, trabajó solamente en la consulta privada cuatro días a la semana y, cuando comenzamos a ir al colegio, empezó a aumentar sus horas de consulta.Ella es una mujer muy activa, que adora cuidar de los niños.Mi padre es un chocolatero; suena raro, pero es real, y Jéremie también y trabaja con él.Mi hermano ha creado nuevos chocolates, increíblemente buenos, y mi padre, al tener la ayuda de Je, ha vuelto a jugar con los computadores y a pasar tiempo en su taller de alfarero. Y cuando se aburre de trabajar o de pasar tiempo entre el barro, le pide
Mi tío frunce el ceño y yo me recojo el cabello rubio en un moño.—Eso parece, la chica pasa su tiempo de un lado para el otro; a pesar de que vive en París, es documentalista.Levanto una ceja; mi primo se ha llevado a una nerda a la cama, nunca lo hubiese imaginado.—¿Tienes un nuevo tatuaje? —Lo miro con fijeza.—Tengo claro a qué tatuaje se refiere; siempre que me ve, me pregunta lo mismo. Aunque en esta ocasión la respuesta es positiva; tengo el mismo tatuaje que Enzo se hizo en mi honor. Porque, por fin, fui capaz de hacérmelo en su honor.—Lo tengo —digo simplemente, y mi tío asiente.—Estaría muy orgulloso de ti, de eso estoy seguro. —Palmea mi hombro y se aleja; tengo la impresión de que lo he hecho sentirse mal.—No te preocupes, querido, se le pasará. Esta noche mirará una foto de Enzo y hablaremos de él y luego todo estará bien.Me vuelvo a mirar a mi tía Rita, una mujer de pocas palabras y algo tí
Dieciséis años después Jean —Bájate del auto. —Hablo en un tono frío y autoritario.No quiero saber nada en absoluto sobre esta mujer; no sé cómo se me ocurrió que podría llevarla a casa para las vacaciones de verano.Mis padres y mi hermano menor me esperan y debo irme ahora.—¿Por qué no me dejas explicarte lo sucedido, Jean? Esas fotos no tienen nada que ver con nosotros, son muy viejas; sabes que estoy diciendo la verdad. —La miro y tomo una de las fotos, dejándola sobre su regazo.—Por supuesto, y por eso vas a negarme que este tatuaje lo tienes solo hace una semana.Podría haberle creído y llegar a pensar que en la foto está con alguien con quien salía antes de conocerme, pero el tatuaje se lo hizo hace poco.Fui yo quien la llevé donde un amigo tatuador, el único en el que en Estados Unidos le permito crear arte en mi piel. Y estuve ahí cuando se lo hici
Por el espejo retrovisor, veo a mis hijos despidiéndose de nosotros, acompañado de nuestros amigos y observo deprisa como Gia ha abierto la ventana del auto y se despide sacando la mano, a pesar del frío que hace.—No vayas a proponerme matrimonio, por favor, porque te aseguro que te diré que no. —Me quedo pensativo.¿Acaso no quiere estar conmigo?Finalmente, no nos divorciamos, pero eso no significa que le interese seguir a mi lado.—¿No volverías a casarte conmigo? —pregunto un poco desilusionado, tomando la autopista.—No, lo siento, Luka, pero no lo haría.—Me mira y se muerde el labio inferior.—Me estás gastando una broma, ¿verdad?No quiero preguntar nada más y parecer un estúpido, aunque en realidad detesto las medias tintas.—Gia, dime lo que quieres decir, sabes que detesto…—Que griten y que no sean claros contigo, siempre lo he sabido. —Se vuelve hacia mí y sonríe. —Amo nue
La voz de Bastián llama mi atención; he salido un momento para respirar un poco, sé que hace frío. Sin embargo, no he podido dejar de pensar en Enzo y en Danna.—Ellos están bien, nosotros cuidaremos de su hijo.Mi relación con Bastián se ha estrechado; es el único hermano que me queda, porque, aunque irónicamente, Damián es mi único hermano de padre y madre, su odio y resentimiento es tan grande que, a pesar de que fui a visitarlo a la prisión en dos ocasiones, se negó a verme.—Tienes razón, pero no puedo dejar de pensar en lo jóvenes que eran. —Eso es lo que más me entristece, aparte de haberlos perdido, pensar en todo lo que ellos no vivieron.—Vivieron lo que tuvieron que vivir, no te acongojes por eso. —Observo a Bastián y sonrío.En ocasiones no puedo seguir su lógica; es como si estuviera hablando con una versión masculina de Ariana, nunca sabes con qué te va a salir.—Qué inteligente te me has vuelto. —Sonrío y gol







