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CAPÍTULO 10: LA OBSERVACIÓN 1

Author: Déesse
last update publish date: 2026-09-25 04:12:27

Célia

El comedor del desayuno es un largo rectángulo bañado por una luz fría y tamizada. Las paredes son de piedra desnuda, el techo abovedado. Una mesa de roble macizo, que podría acoger a veinte personas, reúne solo a dos, en extremos opuestos. Una puesta en escena. Una demostración de distancia.

Kassian ya está allí.

Está de pie junto a una alta ventana, la mirada perdida en el parque a la inglesa que se extiende hasta perderse de vista. Su silueta se recorta, imponente e inmóvil, contra la
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  • Picante Caliente 1   CAPÍTULO I: La Puerta

    ELSALa rotonda me cortó el aliento.Era una sala circular, inmensa, de techo alto —al menos cinco metros, quizás más—. Las paredes eran de piedra vista, esa misma piedra que en el pasillo, pero aquí estaba esculpida, trabajada, cubierta de frescos y bajorrelieves que no podía descifrar en la penumbra. Decenas de velas ardían por todas partes, posadas sobre soportes de hierro forjado, en nichos cavados en la piedra, en el suelo mismo, creando una atmósfera de catedral pagana.En el centro, estaba el altar.Una losa de piedra negra, maciza, pulida por los años —por los cuerpos, comprendí más tarde—. Brillaba suavemente a la luz de las llamas, como si absorbiera su calor y lo restituyera en un resplandor sordo. Alrededor, dispuestas en círculo, había banquetas de terciopelo rojo, cojines oscuros, tapices espesos que caían del techo hasta el suelo, ahogando los sonidos, creando una intimidad casi opresiva.Y estaban ellos.

  • Picante Caliente 1   PRÓLOGO 2

    Abrí.La puerta giró sobre sus goznes sin ruido —los engraso yo mismo cada semana, cada detalle cuenta—. Ella estaba ahí, frente a mí, sus grandes ojos alzados hacia mi rostro. En la penumbra de la calle, no podía ver gran cosa de mí, solo una silueta oscura en el marco.Pero yo la veía.Lo veía todo. Las finas líneas de tensión alrededor de su boca. La forma en que sus dedos apretaban el teléfono en su bolsillo. El ligero temblor de sus labios. Y sus ojos, sobre todo. Sus ojos que me miraban como si yo fuera a la vez la salvación y la condenación.—Elsa.No era una pregunta. Sabía quién era. Lo sabía todo de ella desde hacía semanas —su dirección, su trabajo, sus hábitos, sus fallas—. No se elige a una recluta al azar.—Sí —respondió, la voz estrangulada.—Entra.Me aparté. Detrás de mí, el pasillo oscuro se abría como una garganta. Las velas parpadeaban, el incienso perfumaba, el silencio era absolut

  • Picante Caliente 1   EPÍLOGO 2: EL RESTO DE NUESTRA VIDA 2

    Kassian LéonEl día de la boda.Es pequeño. Es íntimo. Somos nosotros.Una treintena de personas. Sus amigos, su madre, su padre que ya llora. Mis hermanos de armas, mi antiguo comandante, y nadie más. Mi familia son ellos. Mi familia es ella.Ella baja el pasillo. Está de blanco, pero no demasiado. Simple, elegante, luminosa. Me mira, y en sus ojos lo veo todo. Nuestra primera noche, nuestra primera mañana, nuestra primera discusión, nuestro primer perdón. Veo Venecia, París, Bretaña. Veo el futuro. Veo hijos quizás, canas seguro, manos arrugadas sostenidas en las mías.— Estás hermoso, murmura ella al llegar.— Tú lo eres todo, respondo.Intercambiamos nuestros votos. Los suyos son largos, escritos, perfectos. Hablan de paciencia, de espera, de confianza. Hablan del hombre que no decía te amo y que ahora lo grita en el viento.Los míos son cortos. Porque no necesito largos discursos.— No sa

  • Picante Caliente 1   EL CULTO SECRETO : PRÓLOGO

    La invitaciónELSALa primera vez que vi el sobre, creí que era un error.Era un martes de noviembre, el tipo de día gris en que París parece una postal descolorida. Volvía del trabajo, cansada sin razón, como siempre. Mis pasos resonaban en la escalera de mi edificio del distrito once, esa escalera que subía desde hacía dos años sin mirar realmente las paredes, los escalones, las puertas. Solo un camino mecánico entre la calle y mi apartamento.Estaba ahí, deslizado bajo mi puerta.Papel grueso, color crema, que parecía absorber la luz en lugar de reflejarla. Mi nombre escrito a mano con una letra antigua, casi caligráfica, con trazos gruesos y finos como ya no se hacen. Sin sello, sin dirección del remitente. Solo mi nombre, trazado con una aplicación que hacía cada letra inquietante.Elsa.Me quedé inmóvil en el rellano, con la llave en la mano, mirando ese sobre como si fuera a moverse. Mi corazón

  • Picante Caliente 1   EPÍLOGO: EL RESTO DE NUESTRA VIDA 1

    Kassian Léon1 año después.Nunca la he quitado de la mirada.Estamos en nuestro apartamento. El nuestro. No el mío, no el suyo. El nuestro. En Montmartre, con una vista de París que me recuerda a Venecia cada vez que miro por la ventana. Ella eligió los muebles, yo instalé la cocina. Ella trajo sus plantas, yo traje mis libros. Nuestras vidas se fusionaron sin choques, como si siempre hubieran estado destinadas a ser una sola.Esta noche, ella cocina. Lleva una de mis camisetas, demasiado grande para ella, y nada más. Sus pies descalzos sobre el suelo de baldosas, su cabello recogido en un moño aproximado, baila con una música que apenas oigo. Prueba la salsa con la punta de la cuchara, cierra los ojos, sonríe. Está en su casa. Está en nuestra casa.Dejo mi libro. La miro. De verdad.— ¿Qué? dice ella sin darse la vuelta. Siente mi mirada en su nuca.— Nada.— Mientes. Haces ese ruido cuando piensas.

  • Picante Caliente 1   CAPÍTULO 63 : LA EVIDENCIA 10

    Kassian LéonCuando llega al orgasmo, es violento. Su cuerpo se arquea, sus piernas se aprietan alrededor de mi cabeza, sus gritos son ahogados por la almohada. Tiembla mucho tiempo, sacudida por espasmos, vaciada.Subo sobre ella. La miro. Sus ojos están vidriosos, sus mejillas rojas, sus labios hinchados. Es bella. Más bella que todo.— Te amo, dice ella. Te amo tanto.— Lo sé.— Quiero que lo digas.— Pronto.— ¿Cuándo?— Cuando pueda.Ella me mira, y en sus ojos no hay reproche. Solo amor. Solo paciencia. Solo confianza.La penetro. Lentamente. Profundamente. Ella todavía está sensible del orgasmo anterior, cada movimiento es una sobrecarga de sensaciones. Gime, casi llora.— Demasiado, dice ella. Es demasiado.— ¿Demasiado bien?— Demasiado todo.Bajo el ritmo. Casi hasta detenerme. Apenas me muevo, lo justo para quedarme en ella, lo justo para

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