MasukJulián—¿Y bien? ¿Con quién piensas ir a la cena de gala del próximo fin de semana?Levanté la mirada de los documentos que estaba revisando y encontré a Noel sentado frente a mi escritorio, con una expresión que me hizo sospechar que llevaba un buen rato esperando para hacerme aquella pregunta.—¿Es lo primero que vas a preguntarme después de tantos días sin vernos?—Por supuesto. —Se acomodó en el sillón y sonrió—. Eres uno de los invitados principales, vas a dar el discurso de bienvenida y estás nominado entre las veinte personas más influyentes de Inglaterra. Creo que lo mínimo que puedes hacer es presentarte con una buena acompañante.Dejé el bolígrafo sobre la mesa.—No quiero ir.Noel parpadeó un par de veces, como si acabara de decirle que pensaba abandonar el país.—¿Cómo que no quieres ir?—Exactamente eso. No quiero ir.—Julián, llevas semanas trabajando en esa actividad. Es una cena de gala importante, tienes compromisos con los organizadores y vas a pronunciar el discurso
Julian KesingtonHabía pasado una semana intentando convencerme de que alejarme de Alanne era lo correcto.Una semana sin verla, sin escuchar su voz y sin buscar excusas para acercarme a ella. Siete días en los que hice todo lo posible por ocupar mi tiempo y mantener la cabeza en su sitio.No había funcionado.Aquella mujer se había instalado en mis pensamientos de una manera que me resultaba tan irritante como desconcertante. Podía pasarme horas trabajando, revisando contratos o resolviendo problemas de la empresa, y aun así bastaba un instante de silencio para que terminara pensando en ella.En su sonrisa.En la forma en que fruncía el ceño cuando algo le molestaba.En su maldita costumbre de mirarme como si pudiera ver a través de todas mis defensas.Y, sobre todo, recordaba aquella noche en la que habíamos dejado de fingir que entre nosotros no ocurría nada.No me arrepentía de haber hecho el amor con ella. Eso era precisamente lo que más me preocupaba.Había deseado estar con Ala
Me desperté cuando todavía no había amanecido del todo.Al principio, no supe qué me había sacado del sueño. Me quedé inmóvil, con los ojos entrecerrados y la cabeza todavía pesada por la migraña de la noche anterior. Tenía la boca seca y el cuerpo me dolía como si no hubiera descansado en absoluto.Intenté acomodarme sobre el otro costado, pero algo me hizo detenerme.Sentí una humedad extraña entre las piernas.Fruncí el ceño y aparté lentamente las sábanas.Entonces la vi.Una pequeña mancha rojiza destacaba sobre el blanco de la sábana.Durante unos segundos me quedé mirándola sin comprender lo que estaba viendo. Mi mente se negó a relacionar aquella mancha con el embarazo, como si ignorarla pudiera hacer que desapareciera.Pero no desapareció.Me incorporé de golpe.—No... —susurré.Aparté las sábanas con manos temblorosas y comprobé que la mancha era real. No era grande, pero tampoco necesitaba serlo para que el miedo se apoderara de mí.Sentí que el corazón comenzaba a latirme
Anne se quedó mirándome durante unos segundos. Por primera vez desde que había entrado en mi casa, pareció darse cuenta de que estaba a punto de llorar.—Alanne, cariño, no quería decirlo de esa manera —se apresuró a decir—. Es que estoy preocupada por ti. ¿Tú sabes lo que está diciendo la gente? ¿Has visto las fotografías que están circulando? Todo el mundo tiene algo que opinar sobre tu vida y yo no quiero que termines sufriendo por tus decisiones.Me abracé a mí misma.—¿Y por eso lo primero que haces es reprocharme lo que pasó?—No te estoy reprochando nada. Solo quiero que entiendas que debes tener cuidado. Hay personas que pueden aprovecharse de ti y...—¿Se te olvida por qué acepté involucrarme con esa gente?Anne frunció el ceño.—¿De qué estás hablando?La miré con incredulidad. No podía creer que tuviera que recordárselo.—Acepté convertirme en madre subrogada para poder costear tus tratamientos contra el cáncer, mamá. Para pagar tus medicamentos, tus consultas y todo lo que
A las nueve de la noche, mi cena esperaba sobre la mesa del comedor: puré de papas y pescado a la plancha.No tenía demasiada hambre, pero sabía que debía alimentarme bien. Desde que había aceptado ser madre sustituta, me había tomado muy en serio las recomendaciones médicas. El embarazo todavía no se notaba en mi vientre, y los cambios en mi cuerpo eran discretos, aunque mis pechos estaban un poco más redondeados y sensibles.Después de cenar, tomaría mis vitaminas prenatales y me daría una ducha.Ese era el plan.Pero alguien tocó a la puerta.Sonreí ligeramente, convencida de que sería Jazmín. Quizá había terminado de trabajar y había decidido pasar a verme antes de regresar a su casa.Me levanté y caminé hasta la entrada.—¡Ya voy!Abrí sin preguntar quién era.La sonrisa desapareció de mi rostro.Tony estaba frente a mí.Hacía tiempo que no cruzábamos palabra desde aquel día lluvioso en que me había dejado sola en la acera. Todavía recordaba lo que ocurrió después: el ladrón, el
Salimos de la boutique con el recuerdo de lo ocurrido todavía pegado a la piel.Jazmín caminaba a mi lado sin decir demasiado. De vez en cuando me miraba de reojo, como si estuviera esperando que yo rompiera el silencio, pero no tenía ganas de hablar. Todavía podía sentir el tirón de Dalila en mi cabello y recordar la forma en que me había mirado antes de marcharse.Aquella sonrisa torcida seguía molestándome.—¿Estás bien? —preguntó Jazmín cuando llegamos al carro.—Sí.—Alanne, no tienes que decirme que estás bien si no lo estás.Abrí la puerta del pasajero y me acomodé en el asiento.—¿Qué quieres que te diga? ¿Que estoy harta de todo esto? Pues sí, lo estoy. Pero tenemos trabajo y no podemos quedarnos aquí hablando de Dalila.Jazmín suspiró antes de ponerse al volante.—Está bien. Vamos a la floristería. Tenemos que terminar los arreglos de la boda y entregarlos a tiempo.Aquella boda era precisamente la razón por la que habíamos ido a la boutique. Nos habían invitado y queríamos







