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Capítulo 8: Lejos de estar feliz

Author: sheyla garcia
last update publish date: 2026-08-15 04:39:16

Julian se metió tranquilamente las manos en los bolsillos de la chaqueta, manteniendo la postura erguida.

—Es bastante fácil conseguir la ubicación de las personas hoy en día, señorita Fritz. Solo tuve que preguntar su nombre completo a la administración de la clínica, la busqué en redes sociales y apareció de inmediato. Es simple. A ustedes les encanta publicarlo todo en internet.

—¿A ustedes? —preguntó Alanne de golpe, frunciendo el ceño sin entender a qué se refería exactamente con ese tono despectivo.

¿A qué se refería? ¿A su extracto social? ¿A que ella era una ciudadana común y él un magnate de la ciudad? ¿A que ella, con su negocio que apenas tenía un año arrancando, atravesaba meses verdaderamente complicados en los que no tenía ni para comprar mercancía fresca sin hacer malabares financieros? ¿A que tenía que vivir al justo porque no le alcanzaba para darse lujos mes tras mes?

Jazmín, a diferencia de ella, venía de una familia bastante pudiente de Surrey y tenía respaldo de sobra para sostener su parte del negocio; incluso en diferentes ocasiones de vacas flacas, Jazmín había pagado la renta del local por completo sin pedir nada a cambio.

Alanne se cruzó de brazos, sintiendo que las mejillas le ardían de indignación.

—¿A qué se refiere exactamente con "ustedes", señor Kensington ? —preguntó con frialdad.

Él ladó ligeramente la cabeza, observando el fuego defensivo en los ojos de la joven.

—Creo que estamos un poco tarde para tecnicismos y para que no nos tutemos —dijo él con una voz grave que retumbó en las paredes de cristal—. Llevas al heredero de la familia Kensington en tu vientre.

—¡No sabemos si estoy embarazada! —replicó Alanne en un tono elevado.

—Las probabilidades son astronómicamente altas —respondió él sin inmutarse—. Hay más de un noventa y cinco por ciento de probabilidades de que estés embarazada ahora mismo. El embrión estaba totalmente sano, fuerte y viable. Dalila se lo iba a colocar justamente ayer y nos aseguramos previamente de que fuera el momento perfecto de su ciclo, que coincidía de forma exacta con el tuyo. Así que te puedo asegurar que ese bebé, que lleva la sangre Kensington , ya está más que pegado a tu útero.

Alanne soltó un bufido de pura rabia e incredulidad sin darse cuenta, apretando las manos en puños a los costados de su vestido.

Jazmín, intentando suavizar la tensión destructiva que amenazaba con hacer estallar la floristería enfrente de las empleadas que observaban disimuladamente desde el mostrador, dio un paso adelante y extendió una mano con educación profesional.

—Hola. Mi nombre es Jazmín Vance. Encantada de conocerlo, señor Kensington . Lamento mucho que ambos se encuentren en esta situación tan dantesca. Sé que, si conversamos como adultos, podemos llegar a un acuerdo.

Julian miró la mano de Jazmín, la estrechó con un gesto breve y educado, pero luego devolvió sus ojos de hielo hacia Alanne.

—"Podemos" suena a plural, señorita Vance —comentó Julian de forma tajante—. Y esta es una situación estrictamente privada que tiene que ver por completo con Alanne y conmigo.

Alanne soltó una risa seca, dando un paso agresivo hacia él.

—¿Con usted y conmigo? ¿Y dónde está su esposa? ¿Dónde está la mujer que se supone iba a recibir ese embrión? —preguntó Alanne con tono inquisitivo—. Creo que ella debería ser quien estuviera aquí conversando con nosotros, no usted jugando al guardián todopoderoso.

Julian apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos del cuello se le tensaron visiblemente. No respondió a la pregunta sobre Dalila. En su lugar, dio un paso corto hacia ella, reduciendo la distancia entre ambos.

—He venido hasta aquí para hacer un acuerdo contigo, Alanne.

—El único acuerdo que voy a hacer es con la clínica de fertilidad —le espetó ella con resentimiento—. Con la clínica que debía cuidar mis intereses y mi integridad. Porque si voy allí...

Alanne se detuvo de golpe. Se mordió la lengua al darse cuenta de que estuvo a punto de despotricar sobre la demanda legal frente a él. La imagen de Michael regresó a su mente como una puñalada trapera: su prometido cancelando el compromiso la noche anterior, dejándola sola en el peor momento de su vida. Un nudo horrendo se le formó en la garganta, pero lo tragó con amargura, irguiendo la espalda.

—Voy a abortar —dijo simplemente, soltando las dos palabras con una firmeza helada.

El silencio que siguió en la tienda fue absoluto. Las flores parecían congeladas en sus jarrones.

—No quiero este bebé —continuó Alanne, mirando a Julian fijamente a los ojos—. No es mi bebé, no fue planeado y no estoy lista para ser madre en este momento de mi vida.

Aquellas palabras hicieron cambiar drásticamente el rostro de Julian Kensington . La frialdad aristocrática se agrietó para dar paso a una sombra de incredulidad y furia contenida. Sus cejas se juntaron de forma severa.

—Alanne... piense muy bien en lo que está diciendo —advirtió él, y su voz bajó a un susurro peligroso.

—¡No tengo nada que pensar! —exclamó ella, alzando los brazos—. Este no es mi bebé. No puedo sencillamente quedarme embarazada por el error de un médico negligente. Así que voy a ir a una consulta esta misma semana para que me den una pastilla, o para que me pongan una inyección, o sencillamente para que me extirpen...

—¡Por favor, no continúes! —la cortó Julian, subiendo ambas manos en un gesto imperioso de detención, con la mirada teñida de una auténtica alteración.

Alanne se calló de golpe, dándose cuenta de que había llegado demasiado lejos con su parlanchinería descontrolada. Siempre le pasaba lo mismo: cuando los nervios la traicionaban y el pánico la rebasaba, comenzaba a hablar sin filtro, soltando palabras hirientes y explicaciones atropelladas que no podía contener.

Jazmín intervino de inmediato, poniendo una mano serena sobre el brazo de Alanne y mirando al empresario.

—Creo que lo mejor es que ustedes dos se sienten a conversar como personas civilizadas —sugirió Jazmín, señalando hacia el fondo de la tienda—. ¿Por qué no se sientan allí en la terraza interior y yo les llevo una taza de café caliente?

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