登入Miré inmediatamente a Anne.—¿Es cierto?Mi madre abrió la boca, pero tardó unos segundos en responder.—Hubo algunas conversaciones después del divorcio. Nada que pudiera considerarse un intento serio de mantener contacto contigo.—Eso no es justo, Anne —protestó Tom—. Sabes perfectamente que nuestra separación fue complicada.—¡Basta! —exclamé, levantando ambas manos—. No quiero escuchar cómo se culpan el uno al otro. No me importa quién pidió el divorcio ni quién estaba más molesto. Quiero saber por qué ninguno de esos problemas pudo resolverse sin que yo terminara perdiendo a mi padre.Tom apretó los labios.—Alanne, yo no sabía cómo hacerlo.—¿Cómo hacer qué? ¿Llamarme? ¿Venir a verme? ¿Mandarme una tarjeta por Navidad?—No era tan sencillo.—¡Claro que era sencillo!Mi voz se quebró.Di un paso hacia él, sintiendo que las lágrimas comenzaban a deslizarse por mis mejillas.—¡¿Y qué hay de mí?! —grité, golpeándome el pecho con una mano—. ¿Qué pasa conmigo, Tom? ¡Yo era tu primogén
Alanne—Alanne, cariño... Es tu padre. Ha regresado a casa.Durante varios segundos fui incapaz de reaccionar. Miré a mi madre, después al hombre que estaba a su lado y finalmente volví a mirarla, esperando que soltara una carcajada y me dijera que todo aquello era una broma de mal gusto.Pero Anne continuaba sonriendo.Y el desconocido también.—¿Qué? —pregunté, sintiendo que la voz apenas me salía de la garganta.—Soy Tom, cariño —intervino el hombre, dando un paso hacia mí—. Tom Fritz. Tu padre.Retrocedí inmediatamente.No sabía qué me resultaba más desagradable, si escucharlo presentarse como mi padre o la familiaridad con la que acababa de llamarme cariño.—No te acerques —le advertí, levantando una mano.Tom se detuvo. Su sonrisa desapareció lentamente y miró a mi madre, como si esperara que ella interviniera para ayudarlo.—Alanne, sé que esto es una sorpresa —comenzó Anne, acercándose a mí—, pero quiero que escuches lo que tu padre tiene que decirte.Solté una risa incrédula.
AlanneLa casa de mi madre era una bonita propiedad de dos plantas, con una fachada color crema, ventanas amplias y un pequeño jardín que Anne cuidaba personalmente desde hacía muchos años. Las rosas que crecían junto al sendero estaban floreciendo y el aroma de las plantas llegaba hasta el pórtico. Había algunas macetas nuevas cerca de la entrada y me pregunté cuándo había encontrado tiempo para comprarlas.Me detuve frente a la verja y respiré profundamente.Siempre había amado aquella casa. De niña podía pasarme horas jugando en el jardín mientras mi madre escribía en su despacho, situado en la segunda planta. Recuerdo que algunas tardes bajaba con una taza de té y se sentaba conmigo para leerme los fragmentos de sus novelas que consideraba apropiados para mi edad. Yo fingía comprender todas aquellas historias de amor, aunque lo único que realmente me interesaba era pasar tiempo con ella.Mi madre había comprado la propiedad cuando sus novelas comenzaron a venderse por miles de eje
AlanneEran casi las seis de la tarde cuando Jazmín terminó de cerrar la caja registradora. Yo estaba sentada en uno de los taburetes del mostrador, revisando unos mensajes en mi teléfono mientras esperaba que terminara. Habíamos pasado buena parte de la tarde organizando los últimos detalles de la boda y, aunque no había hecho demasiado esfuerzo, comenzaba a sentirme cansada.—Listo, señorita. Podemos marcharnos —anunció Jazmín mientras guardaba las llaves en su bolso—. Mañana nos espera un día bastante largo, así que espero que esta noche duermas como una persona normal.—Eso intentaré, aunque primero tengo que sobrevivir a la cena con mi madre —respondí, levantándome con cuidado.Jazmín hizo una mueca.—¿Todavía no te ha dicho para qué quiere verte?—No. Y eso es precisamente lo que me preocupa. Mi madre nunca ha sido una mujer de muchas sorpresas. Cuando dice que necesita hablar conmigo de algo importante, generalmente significa que voy a terminar escuchando algo que no me gustará
Alanne—¿Rey? ¿El detective?Jazmín dejó de masticar su panecillo de limón y me miró con una expresión que conocía demasiado bien. Era la misma que ponía cuando estaba a punto de decir alguna barbaridad y esperaba que yo no la juzgara.—Sí, ¿qué pasa con él? —preguntó mientras se limpiaba los dedos con una servilleta y volvía a colocar los lirios blancos dentro del recipiente.—¿Cómo que qué pasa con él? ¡Jazmín, es el detective que está investigando la denuncia de Dalila! —exclamé, acercándome al mostrador—. ¿Qué hacía aquí?Mi amiga se encogió de hombros con una tranquilidad que consiguió ponerme todavía más nerviosa.—Vino a traerme un café. También hablamos un rato, por si te interesa saberlo.Me quedé mirándola, intentando comprender cómo había ocurrido aquello. Hacía menos de una hora me había encontrado con Rey en Louise y lo había visto salir con dos cafés. Jamás se me habría ocurrido que uno de ellos era para mi mejor amiga.—En serio, ¿te gusta ese hombre? —pregunté finalment
AlanneLa pastelería Louise estaba más concurrida de lo habitual. Eran poco más de las once de la mañana y casi todas las mesas estaban ocupadas por personas que desayunaban o conversaban mientras disfrutaban de una taza de café.Me acerqué al mostrador y observé los postres que había detrás del cristal. Había tartaletas de frutas, cruasanes rellenos de chocolate, pequeños pasteles de vainilla y unos panecillos de limón que parecían recién salidos del horno.Se me hizo agua la boca.Desde que había comenzado el embarazo, mis gustos habían cambiado bastante. Había días en los que no soportaba el olor de ciertos alimentos y otros en los que podía pasarme horas pensando en comer algo específico.Aquella mañana quería un panecillo de limón.—Buenos días —saludó una de las empleadas.—Hola. ¿Me puedes dar dos panecillos de limón, por favor?—Por supuesto. ¿Algo de beber?—Un capuchino descafeinado, por favor.—Enseguida.Mientras la muchacha preparaba mi pedido, busqué la cartera dentro de







