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146. Una pista

Author: Mariela Reyes
last update publish date: 2026-11-02 00:12:15

Bianca cerró los ojos y exhaló largo y tendido, apoyando la frente en su mano libre.

—Avísame en cuanto la doctora abra la boca. Cualquier cambio, Luca. Cualquier cosa.

En el hospital, Derric escuchó a Luca pronunciar el nombre de su hermana a espaldas de él, pero no se dio la vuelta. Toda su existencia estaba concentrada en la camilla de Claire.

Una enfermera de urgencias sostenía una bolsa de plástico transparente para evidencias y esperaba pacientemente mientras le quitaban la ropa manchada
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  • Prisionera de su odio   149. La noticia que siempre debió ser

    El silencio entre ambos se llenó de respiraciones. Bianca oyó una puerta cerrarse en el hospital; Derric escuchó que alguien le hacía una pregunta a su hermana y que ella respondía con una negativa breve. Por primera vez en muchas horas, ninguno tenía una orden útil para el otro.—¿Cómo está? —preguntó Bianca al fin.Derric se pasó una mano por la cara.—Han podido confirmar que el embarazo continúa. No me han dicho que todo esté bien.Bianca apoyó la frente contra la pared. La pintura estaba fría.—Es algo.—Sí.—Agárrate a eso mientras consigo lo demás.Derric miró el reflejo de la lámpara en el suelo brillante. Había escuchado la noticia junto a Claire; ella había pedido que se la repitieran y después le había apretado la mano hasta hacerle daño. Él no había conseguido decir nada. Todavía no sabía cómo sostener aquella pequeña respuesta sin exigir que significara más.—No lo pierdas —dijo.—No lo voy a perder.Cuando cortó, Derric llamó a la doctora Valli. La encontró revisando inf

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    Ella miró a Enzo. Dereck había dejado de intentar apartarse, pero seguía con el cuerpo inclinado hacia la puerta, como si una parte de él todavía estuviera peleando con las manos que lo retenían. Tenía los ojos húmedos y no parecía darse cuenta.—Eso depende de lo que tengas que decirme.—Quiero verte cuando hables con él.—No eres tú quien da las órdenes.—No te vayas y me dejes aquí sin saber cuándo vas a volver.La frase salió atropellada, demasiado distinta de las anteriores. Dereck cerró la boca al terminar y apartó la mirada, con una contracción en el rostro que Bianca no había visto antes. Ella dejó que aquel silencio se prolongara. Estaba acostumbrada a que los hombres intentaran esconder el momento en que empezaban a tener miedo; pocas veces lo había visto regresar con una forma tan concreta.—Entonces dame una razón para quedarme —respondió.Dereck levantó la cabeza. La vio esperar y algo empezó a cambiar detrás de sus ojos. Miró las manos que lo retenían, con los labios sep

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    Pavel asintió frenéticamente. Dio cada detalle, balbuciendo números, caminos de tierra y descripciones. Bianca le hizo repetir la información formulando las preguntas de tres formas distintas, buscando contradicciones, hasta que se convenció de que el dolor y el terror no le dejaban margen para inventar.Unos minutos más tarde, mientras Enzo verificaba las coordenadas por satélite, Pavel, temblando por el shock, intentó pedirle agua.Bianca miró la botella cerrada que alguien había dejado sobre la isla de la cocina. Luego alzó la vista hacia el piso de arriba, recordando el vaso vacío y astillado junto a la cama donde Claire se había deshidratado luchando por su vida.—No —dictaminó Bianca.Enzo regresó del porche con el comunicador en la mano, interrumpiendo el castigo.—Señora. El equipo térmico acaba de confirmarlo. Hay una señal de calor dentro de la cabaña. El dron captó a un hombre entrando hace cinco minutos. La complexión y la cojera coinciden con las cámaras de seguridad que

  • Prisionera de su odio   146. Una pista

    Bianca cerró los ojos y exhaló largo y tendido, apoyando la frente en su mano libre.—Avísame en cuanto la doctora abra la boca. Cualquier cambio, Luca. Cualquier cosa.En el hospital, Derric escuchó a Luca pronunciar el nombre de su hermana a espaldas de él, pero no se dio la vuelta. Toda su existencia estaba concentrada en la camilla de Claire.Una enfermera de urgencias sostenía una bolsa de plástico transparente para evidencias y esperaba pacientemente mientras le quitaban la ropa manchada a Claire.—No dejes que se la lleven —suplicó Claire, tirando débilmente de los dedos de Derric.—No van a tirarla, amor —le explicó él, con una voz ronca por el esfuerzo de mantenerse calmado—. Es el protocolo. Van a guardarla en la bolsa para toxicología.—Mi chaqueta...—Esa también la guardamos.—Había algo dentro. Tienes que buscarlo, Derric.Él se inclinó sobre ella. Claire tenía los ojos inyectados en sangre, las pupilas dilatadas y la piel cubierta de un sudor frío y enfermizo. La doctor

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    Después, levantó la cara hacia el pasillo del segundo piso.—¿Pavel? —preguntó.—Los chicos siguen buscando en las dependencias de servicio, señora —respondió otro operativo.—A Claire, a la cadena, y a la jeringa los trajeron hasta aquí. No se teletransportaron porque nosotros tiráramos la puerta —la voz de Bianca no se alteró, pero su frialdad era letal—. Encuéntrenlo. O los enterramos a todos aquí mismo.El operativo tragó saliva. La conocía desde hacía años, lo suficiente para saber que bajo esa aparente calma operaba una psicopatía funcional, desatada y con permiso de su propia familia para cobrarse la factura de sangre. Se llevó el comunicador a los labios y subió las escaleras a toda prisa.Bianca lo siguió. En el último escalón, se detuvo.Desde allí podía verse el interior del dormitorio de Claire. La lámpara rota, la cama destrozada.«Me acordé», había susurrado Claire, rota y llorando.Bianca entró despacio. Su mirada analizó la escena del crimen con la precisión de un fore

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    Claire miró a su alrededor, parpadeando. La luz era brillante, aséptica. El aire olía a yodo y no había nadie bloqueando la puerta de salida. Aun así, se llevó la mano temblorosa al cuello, acariciando la piel magullada para comprobar, una vez más, que el acero ya no estaba.Derric vio el gesto. Tuvo que mirar hacia el suelo para contener las lágrimas de pura furia asesina que le quemaban los ojos.La madre de Derric contestó al primer tono. Él había salido al pasillo un momento porque el equipo de ultrasonidos necesitaba espacio para preparar a Claire. Se quedó pegado al cristal de la puerta, observando los monitores.—La encontré —fue lo único que dijo Derric.Al otro lado, no hubo palabras, solo el sonido de una respiración que se rompía en llanto. Derric escuchó el crujido del teléfono cambiando de manos y a su padre preguntando de fondo con voz ronca.—¿Está viva, hijo? —consiguió preguntar su madre.—Sí. La tengo en el hospital.—¿Qué ha pasado? ¿Puedes hablar?Derric se miró la

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