تسجيل الدخولDereck miró hacia la puerta. Una sombra de irritación letal cruzó sus facciones. Entendió de inmediato la manipulación de Samantha, la conveniencia exacta del momento, pero la sangre bajo su techo era un escándalo que requería su atención inmediata.
Con un movimiento brusco, liberó las muñecas de Claire y se apartó.
El peso desapareció, pero el frío del pánico se quedó adheri
—Pensé que quizá no volverías a subir —susurró ella, con el terror de un nuevo abandono vibrando en las cuerdas vocales.—Solo estaba en el vestíbulo, Claire.—Lo sé.Pero la lógica no importaba. Sus brazos ya se habían cerrado alrededor de su cuello en un agarre desesperado. Derric no la obligó a caminar. La alzó en peso, la llevó hasta el sofá central y se sentó con ella en su regazo, ignorando por completo la mirada divertida que Bianca les dirigía desde los monitores.—Me parece fascinante que toda la cúpula de la organización se haya mudado a tu sala de estar porque una mujer se niega a soltarte —comentó su hermana, apoyada en el respaldo de una silla.—Correcto —confirmó Derric.—Solo quería comprobar que eras consciente de tu nivel de domesticación.Claire escondió el rostro en el hueco del cuello de Derric, ardiendo de vergüenza. Él le sostuvo la nuca con una mano protectora.—No te apartes por ella —le ordenó en voz baja—. Jamás.Bianca sonrió, esta vez con un afecto desnudo
La puerta principal se abrió poco después. Una mujer de cabello oscuro y ojos verdes cruzó el umbral con la naturalidad de quien considera a los hombres armados parte del mobiliario. Llevaba un abrigo claro, guantes de cuero y una sonrisa demasiado dulce para la tensión que imperaba en el lugar.Claire se quedó rígida. El oxígeno se le atascó en la garganta.Había visto ese rostro. Samantha se había encargado de dejar la revista abierta sobre la mesa, señalando a la mujer que colgaba del brazo de Derric, asegurando que él había encontrado a alguien intacta, alguien digna de su mundo. El recuerdo la asaltó con violencia, trayendo consigo el olor a encierro y el eco de una humillación calculada.Derric registró el cambio en su respiración al instante.—Claire.Ella miró a la recién llegada y luego a él. El instinto la empujó a apartarse, sintiéndose de pronto como un intruso grotesco en un espacio que no le pertenecía. Derric no se lo permitió. Su brazo se tensó alrededor de sus hombros
Se recostó vestido sobre un extremo del colchón, marcando una distancia cuidadosa. Claire tardó pocos minutos en anularla. Vencida por el sueño, buscó el calor hasta encajarse contra su costado, con una mano aferrada a la camisa de él y el rostro hundido bajo su mandíbula. Derric rodeó su cintura midiendo la presión. Tocar la fragilidad de sus costillas le inyectaba veneno en la sangre, pero la respiración de ella finalmente comenzó a acompasarse.Él no durmió. Y no le importó en absoluto.A la mañana siguiente, Claire despertó con un sobresalto violento. Sus dedos rastrearon frenéticamente la tela de la camisa antes siquiera de enfocar el techo. Al encontrar la solidez de su pecho, el aire regresó a sus pulmones en un suspiro roto.—Sigues aquí.—Te lo advertí.Desde ese amanecer, la distancia entre ambos dejó de existir. Claire caminaba poco; cuando sus piernas cedían, Derric la levantaba en brazos sin preguntar. Ella se sentaba a su lado durante las reuniones operativas, envuelta e
Claire soltó el aire retenido. El temblor persistió, pero sus uñas dejaron de perforar la camisa de Derric. Él apoyó los labios contra la coronilla de la joven y respiró el olor a polvo y cautiverio de su cabello. Debajo de la rabia homicida que le quemaba las venas, palpitaba algo infinitamente más agudo: ella estaba ahí. Viva. Respirando. Durante siete meses había cargado con un vacío sin forma, y ahora ese hueco latía contra su pecho.Alcanzaron la torre residencial. Derric rechazó la silla de ruedas y la camilla. Cruzó el vestíbulo privado cargándola, flanqueado por su equipo táctico y con el médico a prudente distancia.Dentro del ascensor, los hombres intercambiaban coordenadas en murmullos inaudibles. Ninguno se atrevió a mirarla con curiosidad o lástima. Conocían la identidad del peso que su jefe sostenía y comprendían las consecuencias letales de fallar en su protección.El panel iluminó los números. Claire parpadeó, observando el acero y el cristal.—¿Adónde vamos?—A mi cas
Cruzaron las puertas. El aire de la noche, gélido y limpio de encierro, le golpeó el rostro a Claire, haciéndola temblar. Derric maniobró rápidamente, soltando el brazo izquierdo de ella el segundo necesario para quitarse la chaqueta del traje y envolverla, protegiéndola del frío.Antes de subir al vehículo, Claire alzó la cabeza. La mirada se desvió, casi contra su voluntad, hacia la imponente fachada de la mansión. Buscó la ventana del piso superior.Siete meses.Siete meses de ayunos. Bofetadas disfrazadas de correctivos. El silencio mortuorio. El pánico a las jeringas y a la oscuridad.El cuerpo de Claire fue sacudido por un temblor incontrolable.Derric lo detectó al instante.—No vas a volver —sentenció.Ella giró el rostro hacia él, temerosa.—¿Qué?—A esa casa. —Su voz era un pacto sellado con sangre—. Nunca más.Claire cerró los ojos, y una lágrima caliente se escurrió por el puente de su nariz.—¿Y si me obliga legalmente? —susurró, aterrorizada por los fantasmas de la buroc
Derric apretó el abrazo. Sentir la fragilidad extrema de los huesos bajo la ropa de ella desató un instinto primitivo y oscuro que apenas logró contener.—No voy a permitir que pases un maldito segundo más aquí —le juró al oído.Claire se aferró a la solapa de su camisa.—No me dejes... —suplicó.Derric la sujetó contra su pecho con firmeza absoluta.—Jamás.Se giró hacia el pasillo.Dereck, tosiendo, lograba ponerse sobre una rodilla. Uno de los operativos de Derric se acercó para neutralizarlo. Dereck rechazó la mano.—¡Suéltala! —rugió, con la boca ensangrentada.Derric no alteró el paso.—¡Es mi mujer!Claire se estremeció violentamente al escuchar el grito.Ese temblor fue suficiente.Derric se detuvo. No giró el cuerpo. Apenas ladeó la cabeza por encima del hombro.Dereck estaba en pie, apoyado en un mueble. Humillado. Furioso.—¡Es mi esposa!Derric lo miró con el desdén reservado para las plagas.—No por mucho tiempo.Dereck dio un paso en falso.—¡Y lleva a mi hijo!Claire em







