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CAPÍTULO 3: EL CONTRATO DE PIEL

Autor: T.gaitán
last update Data de publicação: 2026-04-19 07:21:13

ELENA

El ático de Alaric Vossen no es un hogar; es una declaración de guerra.

Mármol negro, cristales que van del suelo al techo y una iluminación tan fría que hace que mi piel herida parezca de porcelana vieja.

Al entrar, el silencio es absoluto, roto solo por el goteo de mi ropa empapada sobre el suelo impecable.

Él no me pide que me siente.

Me guía con una mano firme en la base de mi nuca, un gesto que parece una caricia pero que tiene la fuerza de una cadena.

—No voy a quedarme aquí —dije, mi voz rebotando en las paredes vacías—. Esto es secuestro.

—Esto es protección de activos, Elena —respondió él sin mirarme.

Se detuvo frente a una puerta doble de madera oscura—. De ahora en adelante, nuestras vidas se sincronizan. Comeremos juntos, nos bañaremos juntos y dormiremos en la misma cama.

No eres una invitada; eres una extensión de mi voluntad.

—¡Estás loco! —le grité, intentando soltarme. El pánico me cerraba la garganta—. No puedes obligarme a...

—Puedo hacer lo que quiera. He comprado tu pasado, tu presente y tu futuro.

Me arrastró hacia el comedor, donde una mesa larga estaba servida para dos. Me obligó a sentarme, pero cuando intenté levantarme, él se desabrochó la corbata de seda gris con una lentitud desesperante.

Antes de que pudiera reaccionar, atrapó mi muñeca derecha.

El movimiento fue tan rápido que solo vi un destello de seda antes de sentir el nudo apretándose contra la pata de la silla de hierro.

—Solo una mano libre para comer, Elena. La otra me pertenece —susurró, sentándose frente a mí—. Cena. Si no lo haces, te alimentaré yo mismo, y te aseguro que no te gustará el método.

Cené con el sabor de la hiel en la boca, sintiendo la humillación quemarme más que el hambre. Él me observaba, cortando su carne con una precisión quirúrgica, como si estuviera diseccionando mi resistencia.

Horas más tarde, me llevó a la habitación. Me desató de la silla solo para obligarme a entrar en una cama que olía a él.

Se acostó a mi lado, todavía vestido con su camisa de seda, y cerró los ojos. Su respiración se volvió lenta, pesada.

Pensé que el monstruo finalmente había bajado la guardia.

Esperé.

Cada minuto parecía una hora.

Cuando estuve segura de que dormía, me deslicé fuera de las sábanas.

Mis pies descalzos no hicieron ruido sobre la alfombra.

Corrí por el pasillo, buscando una salida, cualquier puerta que no estuviera cerrada con código.

Vi una luz tenue filtrándose por una rendija. Entré de golpe, esperando encontrar una ventana o una escalera de incendios.

Pero no era una salida.

Era su despacho.

El aire se me escapó de los pulmones. Las paredes no tenían cuadros, tenían mapas. Mapas de mi vida.

Había fotos mías saliendo de la universidad, fotos de la panadería, y lo peor... fotos de mi infancia. Imágenes borrosas de los hombres que mi tío Julián metía en casa.

Había informes detallados, nombres de cada mano que me había tocado, fechas, cantidades de dinero. Él lo sabía todo. Tenía un archivo de mi dolor perfectamente organizado en carpetas de cuero.

—Es una colección impresionante, ¿no crees? —La voz de Alaric llegó desde la puerta.

Me giré, temblando.

Él estaba apoyado en el marco, con la camisa entreabierta y la mirada más oscura que nunca.

Cerró la puerta tras de sí con un clic definitivo.

—¿Por qué tienes esto? —sollocé, señalando las fotos de los hombres que me destruyeron—. ¿Disfrutas viendo cómo me rompieron?

—No, Elena. Estudio a la competencia para saber qué partes de ti ya han sido reclamadas y qué partes voy a conquistar yo —se acercó a un monitor y pulsó una tecla.

Una imagen de video se proyectó en la pared.

Era mi tío Julián.

Estaba atado a una silla en un sótano oscuro, con el rostro desfigurado por los golpes

. Un hombre con guantes le sujetaba la cabeza mientras otro acercaba una pinza a sus dedos.

—Él te vendió por diez mil dólares esa última vez —dijo Alaric, su voz era un susurro manipulador, estudiado para quebrarme—. Puedo hacer que se detengan. O puedo hacer que el video dure horas hasta que no quede nada de él. Solo tienes que pedírmelo.

Miré a Julián.

El hombre que me arrebató la inocencia, que me usó como un fetiche para pagar sus vicios.

Sentí una frialdad antigua nacer en mi centro.

Mis estudios de psiquiatría me decían que debía sentir compasión, pero mi alma herida solo sentía una liberación oscura.

—Por mí... que se muera —dije, mis propias palabras sonaron extrañas, letales—. Ya no me importa. Que pague lo que debe.

Alaric soltó una risa ronca, una vibración de triunfo. Se acercó a mí, atrapando mi nuca con una mano cálida y posesiva, obligándome a mirar el video de la tortura de mi tío mientras sus labios rozaban mi oreja.

—Esa es mi chica. Bienvenida a la oscuridad, Elena. Sabía que bajo esa fachada de futura doctora había una reina de las sombras esperando ser despertada.

Me giró con violencia y me besó.

Fue un beso que sabía a hierro y a posesión, una invasión que buscaba reclamar mi boca como había reclamado mi vida.

Por un segundo, mi cuerpo traidor respondió al calor, pero la realidad me golpeó de vuelta.

Me separé con un gruñido y, por segunda vez, mi mano impactó contra su mandíbula.

—No soy tu reina —siseé, aunque las lágrimas me nublaban la vista—. Y no soy tu propiedad.

Alaric se ladeó por el golpe, pero esta vez, en lugar de sonreír, sus ojos se volvieron dos rendijas de plata líquida.

Me sujetó de las dos muñecas y me empujó contra el escritorio, tirando las carpetas de mi pasado al suelo.

—Te lo advierto, Elena —su voz era una promesa de destrucción—. Cada bofetada aumenta los intereses de tu deuda.

Y esta noche, voy a empezar a cobrar los recargos.

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Comentários (5)
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Cons Espher
No era más fácil que tratara de conquistarla por la buena?
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Malak
voy por el siguente
goodnovel comment avatar
Malak
... Definitivamente Alaric y Elena serán una bomba en esta historia. Prometen muchísimo ...
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