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CAPÍTULO 2: EL VACÍO DEL PODER

Autor: T.gaitán
last update Data de publicação: 2026-04-19 07:17:18

ELENA

El corazón me retumbaba en los oídos con una fuerza que me mareaba.

Me quedé inmóvil tras el mostrador de la panadería, viendo cómo el coche negro de Alaric Vossen desaparecía entre la bruma y la lluvia.

Mis dedos todavía hormigueaban por el impacto de la bofetada. Nadie en su sano juicio golpearía a un hombre así, pero yo había dejado de estar en mi sano juicio el día que mi tío decidió que yo era una moneda de cambio.

—Elena, ¿qué demonios ha sido eso? —Don Mario se acercó, su rostro estaba pálido, casi gris—. Ese hombre... es Vossen. El dueño de la mitad de los créditos de esta ciudad. Si decide que este local no le gusta, mañana seremos un estacionamiento.

—Lo siento, Mario. No volverá a pasar —mentí. Mi voz sonaba como si viniera de otro planeta.

Me quité el delantal con manos torpes. El sudor frío me pegaba la camiseta a la espalda. Necesitaba salir de allí. Necesitaba correr a mi apartamento, cerrar los siete cerrojos que había instalado y desaparecer.

Al salir, la lluvia se había vuelto más violenta. Fui directo a la estación de bus. Metí mi tarjeta en el lector, esperando el pitido familiar.

En su lugar, una luz roja parpadeó y una voz metálica anunció: "Tarjeta bloqueada. Consulte con su entidad bancaria".

—Debe ser un error —le dije al conductor, intentando forzar una sonrisa—. Tengo saldo. Recargué ayer.

—Lo siento, chica. No pasa, no subes.

Bajé del bus con un nudo en la garganta.

No era el fin del mundo, caminaría las veinte calles. Pero antes, necesitaba efectivo. Fui al cajero automático de la esquina.

Metí mi tarjeta de débito, la que guardaba mis ahorros de tres años: los propinas, los turnos extra, el dinero que era mi billete de salida hacia una vida como psiquiatra.

Tecleé mi clave.

Mis dedos temblaban tanto que me equivoqué dos veces.

Al tercer intento, la pantalla no mostró mi saldo. Se quedó en blanco un segundo antes de que aparecieran letras grandes y gélidas

"CUENTA BLOQUEADA POR ORDEN DEL PROPIETARIO MAYORITARIO. SALDO DISPONIBLE: $0.00"

Sentí como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.

El aire se me escapó de los pulmones. Alaric. No habían pasado ni veinte minutos y ya me había cortado el oxígeno financiero.

El Banco Vossen no solo manejaba el dinero de los ricos; mi pequeño banco local había sido absorbido por su imperio el mes pasado.

Él no solo sabía mi nombre; él era el dueño de cada centavo que yo poseía.

Caminé las veinte calles bajo la lluvia torrencial. Mis zapatos estaban empapados, mi ropa pesaba y el frío empezaba a calarme los huesos. Pero lo que más me pesaba era el presentimiento.

Ese instinto de supervivencia que me decía que el cajero era solo el principio.

Cuando doblé la esquina de mi calle, mi edificio estaba rodeado de camiones de mudanza negros.

No tenían logotipos.

Hombres con uniformes oscuros sacaban muebles de los apartamentos vecinos.

—¡Eh! ¿Qué está pasando? —le grité al administrador, el señor López, que estaba en la acera con una carpeta en la mano y una expresión de puro terror.

—Elena... lo siento mucho —dijo sin mirarme a los ojos—. El edificio ha sido declarado en ruina estructural hace una hora.

Todos tienen que desalojar.

—¿Una hora? ¡Eso es imposible! ¡Llevo viviendo aquí tres años!

—Vossen Holdings compró el terreno y la deuda del edificio —susurró él, acercándose para que nadie lo oyera—. Me dijeron que todos tenían un lugar donde ir, excepto tú. Elena, me dieron órdenes específicas de que no puedes sacar tus cosas. Ni tus libros, ni tu ropa. Nada.

—¿Qué? ¡Son mis pertenencias! ¡Tengo mis libros de medicina ahí arriba! —Intenté empujarlo para entrar, pero dos hombres corpulentos se interpusieron en mi camino. No eran policías. Eran seguridad privada. Eran sus perros.

—Señorita, no haga esto más difícil —dijo uno de ellos, su voz era monótona—. No tiene permiso de acceso.

Me quedé ahí, en medio de la acera, empapada hasta el alma.

Había perdido mi trabajo, mi dinero y mi casa en menos de dos horas.

Él estaba borrando mi rastro, despojándome de todo lo que me hacía "Elena" hasta dejarme solo como un cuerpo que respira.

Un trueno retumbó justo encima de nosotros.

Miré hacia la calle y vi cómo el coche negro se deslizaba lentamente hacia la acera, como un tiburón que ha olido sangre en el agua.

La ventanilla trasera se bajó unos centímetros, revelando esos ojos grises que ahora me perseguirían en mis pesadillas.

La puerta se abrió desde el interior.

—Sube, Elena —la voz de Alaric fue un susurro que dominó el ruido de la tormenta—. No tienes dinero, no tienes casa y no tienes a nadie. Si te quedas aquí, mañana serás solo un cadáver más en la morgue.

—Prefiero morir aquí que subir a ese coche contigo —siseé, aunque mis dientes castañateaban por el frío.

Él soltó una risa seca, desprovista de humor.

—Oh, no vas a morir. No te daré ese privilegio. Subes por tu voluntad o mis hombres te subirán como la carga que eres. Y créeme, preferirías que mis manos fueran las primeras en tocarte de nuevo, no las de ellos.

El miedo, crudo y asfixiante, me obligó a mover los pies. Miré mi edificio, mi vieja vida siendo cargada en camiones para ser quemada o destruida, y luego lo miré a él.

Alaric Vossen me extendió una mano.

No era una invitación; era una orden de captura.

Subí al coche. El calor de la calefacción me golpeó como una bofetada inversa.

El olor a sándalo me envolvió, reclamándome.

—Buena elección, Elena —dijo él mientras el coche arrancaba—. Ahora, hablemos de lo que me debes.

ALARIC

Ella está aquí, sentada a mi lado, y el olor a lluvia y harina barata que desprende me resulta más adictivo de lo que me gustaría admitir.

Está temblando, sus labios están azulados por el frío y me mira como si fuera a degollarme en cuanto me descuide.

Me gusta.

Dios, cómo me gusta.

Observo su perfil mientras el coche atraviesa la ciudad hacia mi propiedad privada.

Es hermosa en su desgracia.

Me he encargado de que no le quede nada.

Ni un solo dólar, ni un solo libro, ni un solo lugar donde esconderse. He pasado meses planeando este momento, desde que vi su foto en el expediente de deuda de su tío.

Pero verla así, rota pero con los ojos ardiendo de odio hacia mí, es mucho mejor de lo que imaginé.

—¿Por qué haces esto? —su voz es un hilo de seda, pero cortante como una navaja.

—Porque puedo —respondo, ajustándome los puños de la camisa—. Porque tu tío te puso un precio, Elena.

Y yo soy el único hombre en este mundo que puede pagarlo.

No eres una empleada de panadería, ni una estudiante de psiquiatría.

Eres el activo más valioso de mi banco.

Me inclino hacia ella, invadiendo su espacio hasta que nuestras rodillas se rozan.

Ella intenta pegarse a la puerta, pero no hay salida.

—Mañana —continúo, bajando la voz hasta que solo sea para ella—, el mundo pensará que Elena Mendoza ha desaparecido.

Y tendrán razón.

A partir de hoy, solo existes porque yo te permito respirar. Serás mi sombra, mi asistente, mi juguete. Estudiarás tus libros, sí, pero bajo mis términos.

Y por cada vez que intentes huir, el precio que pagarás no será en dinero. Será en algo mucho más personal.

Veo cómo traga saliva.

Su pulso en el cuello es frenético.

—Eres un monstruo —dice ella.

—Soy el dueño del banco, Elena —le corrijo, rozando su mejilla con el dorso de mis dedos, saboreando el estremecimiento que recorre su cuerpo—. Y tú acabas de entrar en números rojos.

Prepárate, porque voy a cobrarme hasta el último de tus suspiros.

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Comentários (4)
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Cons Espher
Me tienes completamente enganchada con esta historia
goodnovel comment avatar
Cons Espher
Él es demasiado injusto, la deuda es del maldito tío, ella no se merece esos
goodnovel comment avatar
FerWang
​"Escribes increíble, autora. Sigo leyendo
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