Home / Romance / Propiedad de la Bestia / Capitulo 4: El Vínculo Prohibido

Share

Capitulo 4: El Vínculo Prohibido

Author: S.P.Rivers
last update publish date: 2026-07-08 01:21:08

—No es a ellos... —susurró Alessia, con los ojos anegados en lágrimas que amenazaban con desbordarse por sus mejillas—. Por favor, permíteme una llamada. Solo una.

Killian la observó en silencio, analizando cada milímetro de su expresión. La desesperación en su voz no parecía la de alguien que busca un rescate de sus captores, sino la de alguien que intenta con todas sus fuerzas evitar una tragedia inminente. Tras un tenso silencio que pareció eterno, sacó su teléfono de oro y se lo extendió de mala gana. Salió del despacho para darle una falsa privacidad, pero sus pensamientos lo traicionaban a cada paso que daba por el pasillo.

“¿A quién llamaría con ese fervor?”, se preguntó, sintiendo una punzada extraña en el pecho, algo que se negaba rotundamente a llamar celos.

Dentro de la fría habitación, Alessia marcó el número con dedos temblorosos, temiendo que la llamada se cortara antes de tiempo.

—¿Hola? Sí, soy yo... ¿Podrías pasarme con ella? —su voz cambió drásticamente a una dulzura dolorosa que contrastaba con el miedo de antes—. Hola, cariño. Sí, mi amor... Lo siento, hoy no podré volver a casa. Tengo trabajo extra. Lo sé, te lo prometí... Te lo compensaré, te llevaré a la heladería que tanto te gusta. Descansa, dulces sueños. Te amo.

Killian entró abruptamente, rompiendo la calma y cerrando la puerta de madera con un golpe seco que resonó en las paredes.

—¿"Cariño"? ¿Con quién hablabas? —su voz era un trueno sordo que llenó todo el espacio.

—No es nadie... —respondió ella de inmediato, intentando borrar a toda prisa el rastro de ternura de su rostro para recuperar su máscara de frialdad.

Él la tomó del brazo bruscamente, apretando el agarre mientras sus ojos dorados centelleaban con una furia peligrosa.

—¿Nadie? ¿De verdad? ¿A quién llamaste?

—¡Suéltame! —le gritó ella, sacando de lo más profundo una valentía que lo dejó completamente gélido—. ¡No me toques! Somos desconocidos, ¿por qué tendría que decirte cada aspecto de mi vida privada?

Killian sonrió de lado, una mueca vacía y sin un solo rastro de humor.

—Eres muy valiente, cariño. Evidentemente no sabes con quién estás tratando.

Hizo una sutil señal hacia la esquina más oscura de la habitación y de las sombras surgió su asesino más letal, una figura silenciosa y amenazante. Killian le tendió el teléfono con una frialdad implacable:

—Rastrea este número. Mata a la persona con la que habló.

Alessia palideció al instante, perdiendo todo el color del rostro.

—No... eres un monstruo —gritó, sintiendo de golpe que el corazón se le detenía en el pecho.

—Qué bueno que lo sepas, eso es exactamente lo que soy.

—¡Está bien! Te lo diré, solo no la mates, por favor —suplicó ella, derrumbándose por completo ante la terrible amenaza. Killian detuvo al asesino con un solo gesto de la mano y se sentó en el sofá, imponente y calculador.

—Estamos solos, Alessia. Habla.

Ella sacó con cuidado una pequeña libreta escondida en su pecho y se la entregó con manos vacilantes. Al abrirla, Killian vio la fotografía doblada de una niña de cuatro años: cabello rubio ceniza, ojos dorados y pequeñas pecas en las mejillas. Había fotos de Alessia con ella desde que era una bebé pequeña.

—Es mi hija —confesó Alessia, mirando fijamente al suelo con una profunda impotencia—. Se llama Daniela. Le prometí que volvería para leerle un cuento. Con ella hablaba.

Killian se quedó completamente mudo, sus ojos dorados fijos en la imagen de la niña que, por una coincidencia aterradora y misteriosa, compartía sus mismos rasgos físicos.

S.P Rivers

"Al final, la Bestia no necesitaba ser domada, solo necesitaba a alguien que no temiera quemarse en su infierno."

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Propiedad de la Bestia   Capitulo 36: El Silencio de la Fortaleza

    El trayecto de regreso fue un viaje a través de las sombras. Killian no soltó a Alessia ni un segundo, manteniéndola apretada contra su pecho en el asiento trasero del blindado. Daniela, que esperaba en el otro vehículo, fue transferida al suyo apenas se detuvieron por seguridad. Al ver a su madre herida, la niña quiso gritar, pero Killian la atrajo hacia ellos con un brazo libre. —Shh, Dani. Mamá necesita silencio. Está descansando —mintió él con la voz ronca, mientras sentía que la respiración de Alessia se volvía cada vez más superficial. El motor del coche rugía en la oscuridad de la noche, rompiendo el silencio de la carretera desierta, mientras el pánico se instalaba como un frío glacial en las venas del capo. Cada bache del camino parecía una amenaza directa a la frágil vida que sostenía entre sus manos.Al cruzar los muros de la mansión, el ambiente era de funeral. Killian bajó del coche con Alessia en brazos; ella ya no respondía, su cuerpo era un peso muerto que enviaba desc

  • Propiedad de la Bestia   Capitulo 35: El Peso del Refugio

    El grito de Alessia cortó la neblina roja que nublaba el juicio de Killian. Él soltó a Lucas, quien cayó como un fardo de carne inútil y sangrante contra el suelo. El traidor intentó balbucear, pero Killian ni siquiera lo miró. Su atención, antes dividida por el odio, se centró con una intensidad devastadora en la mujer que intentaba mantenerse erguida entre los escombros.—Llévenselo —ordenó Killian. Su voz no era un grito, era un trueno sordo que hizo vibrar las paredes—. No lo maten. No todavía. Quiero que cada minuto que pase hasta el amanecer sea un recordatorio de por qué nunca debió nacer. Entréguenlo a los hombres del sótano. Que aprendan de él lo que significa la agonía.Dos guardias entraron como sombras y arrastraron a un Lucas suplicante fuera de la oficina. Los gritos del traidor se fueron apagando por el pasillo, pero Killian ya no escuchaba.Él se dejó caer de rodillas frente a Alessia. Sus manos, que hace un segundo estaban listas para arrancar una vida, ahora temblaba

  • Propiedad de la Bestia   Capitulo 34: El Despertar del Demonio

    El silencio que siguió al estruendo de la puerta fue más aterrador que los disparos exteriores. Killian se quedó inmóvil en el umbral, su figura recortada por la luz mortecina del pasillo. Sus ojos no eran los de un hombre; eran dos abismos dorados fijos en la escena que tenía delante. Alessia, tirada en el suelo, con el rostro hinchado y la ropa desgarrada, intentaba tomar aire desesperadamente mientras Lucas, aún con el gancho clavado en el muslo, retrocedía arrastrándose por el suelo, presa de un pánico primario.—K-Killian... puedo explicarlo... —balbuceó Lucas, buscando a ciegas su arma, que había caído a unos metros.Killian no respondió con palabras. Caminó hacia él con una lentitud tortuosa, cada paso resonando como el martilleo de un ataúd. Ignoró las súplicas del traidor, sus ojos solo tenían espacio para los moratones que florecían en la piel de Alessia. “La tocaste”, rugía una voz dentro de su cabeza, una voz que exigía una carnicería que el mundo nunca había visto. “Manch

  • Propiedad de la Bestia   Capitulo 33: El Encuentro y la Promesa de Sangre

    Daniela corría por los pasillos del aserradero como una exhalación de terror. Sus pequeñas botas resonaban contra la madera vieja, esquivando escombros y cables sueltos. El aire estaba saturado de un humo grisáceo que le quemaba la garganta, y el eco de los disparos la hacía saltar, pero las palabras de su madre ardían en su mente: “Corre hacia el ruido”.“Papá, por favor, papá...”, repetía como un mantra, con el pecho a punto de estallar.De pronto, al doblar una última esquina, el asfixiante escenario cambió por completo, una explanada descubierta que se encontraba bañada por la fría luz de la luna. Allí, esparcidos entre los cuerpos inertes y ensangrentados de los hombres que habían osado traicionarlo, estaba él. Killian avanzaba entre la destrucción con una calma verdaderamente aterradora, rodeado por un aura de muerte tan densa y pesada que habría espantado a cualquier ser humano. Pero no a ella.—¡PAPÁ! —el grito de la niña cortó el fragor de la batalla.Killian se detuvo en sec

  • Propiedad de la Bestia   Capitulo 32: El Sacrificio de una Leona

    El estruendo de la guerra exterior se acercaba, pero dentro de aquella oficina mugrienta, el aire se había vuelto denso y letal. Lucas, presa del pánico al escuchar la carnicería que Killian estaba desatando afuera, perdió toda su fachada de galán oscuro. Sus ojos bailaban erráticos, inyectados en sangre y desesperación. Sabía que si Killian lo encontraba, no habría una muerte rápida.—¡Ven aquí! —rugió Lucas, lanzándose sobre ellas con el arma en la mano. Su plan de gloria se había esfumado; ahora solo buscaba un seguro de vida.Alessia reaccionó por puro instinto materno. Empujó a Daniela detrás de ella, usando su cuerpo como un escudo de carne y hueso. El impacto del cuerpo de Lucas contra el suyo la dejó sin aire, pero ella no cedió ni un centímetro.—¡Daniela, ahora! —gritó Alessia, su voz rasgando el aire—. ¡Corre hacia el ruido! ¡Busca a tu padre! ¡Corre y no mires atrás!La niña se quedó paralizada, con los ojos desorbitados por el terror. Sus pequeñas manos se aferraban a la

  • Propiedad de la Bestia   Capitulo 31: El Aserradero de las Almas Perdidas

    El aserradero abandonado en el sector norte era un esqueleto de madera y metal que crujía bajo el viento helado de la madrugada. El olor a serrín podrido y aceite de motor inundaba el ambiente, mezclándose con el aroma metálico de la sangre que aún goteaba del labio de Alessia.Dentro de la oficina del capataz, convertida en una celda improvisada, Alessia mantenía a Daniela envuelta en sus brazos. Sus pensamientos eran un torbellino de culpa y furia. “Debí ser más rápida, debí matarlos a todos en la habitación”, se recriminaba mientras sentía el latido acelerado del corazón de su hija contra su pecho. Daniela ya no lloraba con ruido; solo sollozaba en silencio, un sonido que desgarraba a Alessia más que cualquier golpe.—Escúchame, Dani —susurró Alessia, obligando a la niña a mirarla a los ojos a pesar de que la luz parpadeante le daba a su propio rostro un aspecto espectral—. En cuanto esa puerta se abra, quiero que te escondas debajo de esa mesa vieja del rincón. No salgas, no impor

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status