Querido exesposo, ruega por mi amor

Querido exesposo, ruega por mi amor

last updateÚltima actualización : 2025-07-24
Por:  J.D AndersonCompletado
Idioma: Spanish
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Ellyn creyó en el amor desde niña, y su corazón siempre le perteneció a Federico Durance. Cuando él accedió a casarse con ella, pensó que al fin su sueño se hacía realidad. Pero pronto descubrió la cruel verdad: Federico solo aceptó el matrimonio por obligación familiar. Lo que debía ser una historia de amor se transformó en una vida llena de indiferencia y dolor. Un año después, la herida se abre aún más con el regreso de Samantha, la exnovia de Federico. Ella no solo viene decidida a recuperarlo, sino que afirma estar esperando un hijo suyo. Ellyn, rota por la traición, exige el divorcio… pero Federico se niega rotundamente. Todo cambia cuando Samantha la acusa de haber provocado la pérdida de su bebé. Humillada y señalada, Ellyn se ve obligada a firmar el divorcio y desaparece de la vida de Federico sin dejar rastro. Tres años más tarde, Ellyn regresa, junto a su pequeña hija, Ya no es la misma, vuelve más fuerte, segura y decidida con una empresa que competirá contra la de su exesposo. Mientras las mentiras del pasado salen a la luz, Federico descubre demasiado tarde que Ellyn era inocente. Ahora, completamente enamorado y arrepentido, ruega por el amor de Ellyn, pero ¿Podrá un hombre arrepentido recuperar el corazón que una vez destruyó?

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Capítulo 1

Capítulo: Divórciate de tu esposo

Elyn abrió los ojos de golpe, con el corazón a punto de estallar.

La oscuridad la envolvía por completo, húmeda, pesada, casi viva.

Intentó gritar, pero algo rugoso y maloliente le obstruía la boca: un trapo empapado y atado con fuerza.

Al mover el cuerpo, un dolor punzante le recorrió las muñecas y los tobillos.

Estaba atada. Apretó los dientes contra la tela mojada.

No podía moverse. No podía hablar.

Un escalofrío helado le subió por la espalda mientras su mente luchaba por procesar lo evidente.

Estaba secuestrada.

El miedo se apoderó de ella como un puño cerrándose en su pecho.

Su respiración se volvió errática, entrecortada, mezclándose con el sonido lejano y constante de gotas cayendo.

¿Dónde estaba?

Intentó calmarse, pero era imposible. Todo su cuerpo temblaba. El cuero de las sogas le quemaba la piel.

Trató de pensar. De recordar.

Y entonces, como un relámpago, la memoria estalló.

«Por la mañana. Estaba en una cafetería. Había accedido a reunirse con Samantha, contra todo juicio.

 Samantha… la mujer que siempre estaba detrás de su esposo, su primer amor.

Recordó su rostro perfectamente maquillado, esa mirada afilada que brillaba con una mezcla venenosa de compasión fingida y orgullo.

Se sentó frente a ella con una serenidad insultante, como quien ya ha ganado.

—Elyn… entiende. Federico no te ama. Déjalo ir. Nos vamos a casar. Estoy embarazada —le había dicho con una voz cálida.

Elyn había sentido cómo algo se desmoronaba dentro de ella.

Como si el suelo se abriera bajo sus pies.

 ¿Un hijo? ¿Desde cuándo?

Cada palabra de Samantha era un cuchillo, pero no le daría el gusto de verla derrumbarse.

No. Nunca.

—Si Federico quiere el divorcio, que lo tramite —respondió con una calma que no sentía—. Díselo tú, si se atreve a pedir el divorcio, se lo daré; yo no me rebajaré a pelear por él, ese acto de mendigar es tu característica principal.

La rabia hizo enrojecer a Samanta.

Elyn se levantó. Caminó hacia el estacionamiento con los ojos secos, pero el alma hecha trizas.

Cada paso era una lucha por no desmoronarse. Estaba a punto de subir a su auto cuando escuchó la voz de Samantha a sus espaldas.

—¡Elyn! Tienes que dejar a mi hombre. Federico es mío.

Elyn se giró con lentitud, sintiendo que algo oscuro ya se cernía sobre ella.

—No voy a pelear por un hombre que se regala —dijo con una sonrisa amarga—. Si lo quieres, quédate con él.

Y fue entonces cuando todo se quebró.

Una camioneta negra irrumpió en la escena, derrapando frente a ellas.

Las puertas traseras se abrieron con violencia.

Hombres con pasamontañas descendieron como sombras, apuntándolas con armas.

Gritos. Un golpe. Luego, oscuridad.»

***

Elyn volvió a la realidad ante los sonidos cercanos.

Pasos. Lentos. Pesados.

Acercándose.

Elyn contuvo el aliento.

Su corazón latía con tanta fuerza que sentía que iba a explotar.

Los pasos resonaban en el suelo de concreto, acompañados por el zumbido eléctrico de una lámpara parpadeante.

Alguien se agachó frente a ella.

Sintió unos dedos ásperos, desatarle la venda de los ojos. La luz la cegó por un segundo, pero cuando logró enfocar, el mundo se volvió más aterrador aún.

El lugar era una especie de bodega o sótano. Las paredes estaban húmedas, agrietadas, con manchas oscuras que no quería identificar.

Tres hombres la observaban.

Dos reían entre dientes. El otro la miraba como si ya no fuera humana, sino mercancía.

—¿Cuánto crees que nos dará tu marido por ti, señora Durance? —preguntó uno, sonriendo con burla—. ¿Un millón de euros?

Elyn no pudo evitar que las lágrimas le nublaran los ojos.

Pero no eran solo por miedo. Era algo peor. Una certeza desgarradora comenzaba a florecer en su pecho.

El hombre sacó su teléfono y marcó un número.

Ella lo reconoció de inmediato.

«No, no, por favor, no…»

El tono sonó una vez. Dos.

Luego, la voz de Federico se oyó a través del altavoz, seca y molesta.

—¿Qué quieres, Elyn? Te dije que la reunión de hoy es muy importante…

—Señor Durance, tenemos a su esposa. Exigimos un millón de euros. Si no paga, no la vuelve a ver con vida.

Un silencio espeso.

Por un segundo, Elyn pensó —rogó— que escucharía preocupación.

Pero entonces llegó la carcajada.

Fría. Mecánica. Inhumana.

—¿Es una broma? ¿Otra de tus escenas, Elyn? —rio Federico—. Si quieres jugar un juego estúpido, gana un premio estúpido. Si la matas, ahórrate el drama. Tírala al río King.

Y colgó.

El mundo de Elyn se congeló.

El aire desapareció de sus pulmones. El dolor no vino en forma de gritos ni de histeria.

Fue una ola silenciosa, profunda, como si le hubieran arrancado el alma.

Federico… nunca la amó. Nunca pensó salvarla. Ni siquiera intentó negociar.

Ni una palabra de duda. Solo desprecio.

—¡Maldita mujer! ¡Ni por tu cuerpo quiere pagar! —bramó uno de los captores, alzando la mano para golpearla.

Pero una voz lo detuvo.

—¡Esperen!

El grito fue agudo, desesperado.

Todos voltearon.

Y Elyn también.

Allí, en un rincón oscuro, apenas iluminado por la lámpara tambaleante, había otra figura.

Atada. Despeinada. Con el maquillaje corrido y los ojos ensanchados.

Samantha.

—Por ella no pagará —dijo con voz temblorosa, los ojos clavados en los de Elyn—. Pero por mí… por mí Federico pagaría cien millones.

La revelación cayó como una bomba.

Elyn la miró, sin saber si reír, llorar o gritar.

Samantha también había sido secuestrada.

Y, al fin, ambas estaban en el mismo infierno, pero Elyn tuvo una pregunta que heló su sangre, ¿Cuál de las dos saldría libre de ahí?

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merefely
merefely
siempre perdonan al abusador , y escriben a la mujer como descerebrada total , tenía una mínima esperanza, pero vuelven por el poder del guion
2026-06-16 01:57:50
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Mart Soto
Mart Soto
ese Bruno no tiene dignidad después de que ahí está como migajero y Asha no lo ama solo está con él por cariño más nada
2026-02-14 03:10:52
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Mart Soto
Mart Soto
no me gusta que Bruno quede con Asha por qué está se largo con otro diciendo que lo esperaria y se fue con otro más joven dems Asha no lo quiere lo mejor debió quedarse sola por tonta y Bruno ahí de migajero
2026-02-14 03:09:56
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Yorcelis Cantillo
Yorcelis Cantillo
LO IDEAL ES QUE NO LO PERDONE, PORQUE LA MUJER DEBE PERDONAR TODAS LAS ESTUPIDECES QUE COMETE EL IDIOTA ... QUIERO QUE SE MUERA DE CORAJE, CUANDO LA VEA CON OTRO QUE SI LA VALORE Y LE DE SU LUGAR, SIN PENSARLO.
2025-09-21 07:29:19
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Mary Ponce
Mary Ponce
ojalá que elin no lo oerdone a federico y q sufra x lo q iso y q elin se enamore de sebastian no me gustaría q vuelva con federico después de todo lo q le iso una mujer no tiene xq perdonar siempre a la persona q más daño te ase eso es ser masoquista volver siempre a donde mas daño te asen
2025-08-22 20:22:15
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