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Rodrigo liberó a su hija y la abrazó con una fuerza que parecía querer borrar todo el miedo y la angustia que ella había sufrido. Sebastián, a su lado, ayudó a Thomas a mantenerse firme.Ambos miraron hacia el suelo, donde yacía Elen, y aunque su corazón deseaba odiarla, no pudieron evitar sentir una profunda tristeza. Habían sido familia durante tanto tiempo, y verla así, tan vulnerable, les dolía más de lo que esperaban.La ambulancia llegó con rapidez, con sus luces intermitentes y el ruido ensordecedor. Pero, a pesar de los esfuerzos desesperados de los paramédicos, no pudieron hacer nada por ella. El silencio que siguió fue pesado, como si el mundo mismo contuviera el aliento.Sebastián logró demostrar su inocencia y salió rápido de la comisaría. Afuera, lo esperaban Dianella, Thomas y Rodrigo, con rostros marcados por la preocupación, pero llenos de esperanza.—Gracias por elegirme —le dijo Dianella con voz temblorosa, abrazándolo con todo el amor que solo una hija puede dar.—La
Los pasos resonaron como martillazos sobre el concreto, uno tras otro, cada vez más cercanos. Thomas y Daniella contuvieron el aliento. El corazón les latía con tanta fuerza que temían que se oyera. El eco rebotaba en las paredes húmedas de aquella habitación oscura, tétrica, como salida de una pesadilla.Y entonces apareció Elen.Sus tacones retumbaron con firmeza cuando cruzó el umbral. Se detuvo frente a ellos con una mirada cargada de rencor. Su voz, cuando habló, sonó como un silbido venenoso:—¿De verdad creyeron que serían los herederos de todo aquello que debió ser mío? —espetó con los ojos encendidos de rabia—. Qué ingenuos. Eso no va a pasar. Yo misma me encargaré de dejarlos sin nada... sin nombre, sin destino, sin futuro.Thomas tragó saliva, atado, herido, con las muñecas entumecidas por las cuerdas. Se atrevió a hablar, la voz quebrada pero firme:—¿Por qué eres tan cruel, Elen? ¿Qué ganas con esto?Por un instante, algo parecido al miedo cruzó por el rostro de Elen. Un d
Tres meses después.Todo parecía finalmente en calma. Asha y Bruno, aun en esa etapa de aprendizaje acelerado que implica vivir juntos, se iban adaptando con prisa a su vida de recién casados. Para sorpresa de Asha, empezaba a enamorarse de él… de verdad. No solo lo respetaba, no solo lo deseaba: sentía algo más. Como si su matrimonio fuera una luna de miel interminable, suave y dulce, como un atardecer rosado que no se apaga. Y él, él la miraba como si también estuviera descubriendo un amor nuevo. Era correspondida. Y se sentía feliz. Dichosa. A salvo.Mientras tanto, Dianella también florecía. Había vuelto a amar su trabajo, y su última colección había roto todos los récords de ventas entre empresas del mismo rubro. Ver su nombre impreso en cada elogio, en cada cifra superada, le arrancaba sonrisas que ya había olvidado.Sus padres no cabían de orgullo.Toda su familia la abrazaba con admiración.Aquel día, tras una larga jornada, salió del edificio de la empresa con el cansancio c
Un mes después, la noticia llegó como una sombra que nadie esperaba.Iker había muerto. Asha se enteró en una tarde gris, en la que el viento parecía murmurar lamentos que no eran suyos.La noticia no la rompió de inmediato, pero algo dentro de ella se apagó silenciosamente.No lloró al instante; solo se quedó inmóvil, con los ojos muy abiertos y el pecho atascado de una tristeza que no sabía cómo salir.—¿Qué pasó? —preguntó Bruno al ver su expresión vacía, descolocada, como si hubiera visto un fantasma.Ella solo extendió el celular con la noticia.Él la leyó. Tardó unos segundos en entender. Luego la miró con el mismo desconcierto.—Iker... —susurró— ¿estás bien?Asha no respondió.Dio un paso hacia atrás, luego otro, como si necesitara espacio para que el dolor tuviera dónde caer.Finalmente, habló, pero su voz estaba hueca.—Eligió la puerta fácil… —murmuró, con una mezcla de rabia y compasión—. Pudo haber tenido una buena vida. Pudo haberse salvado. Pero eligió esto. Se arrepinti
POV IkerNo puedo más. No puedo respirar, no puedo pensar, no puedo seguir pretendiendo que estoy bien.Salgo corriendo, sin mirar atrás, sin pensar en quién pueda estar viéndome o escuchándome. No me importa nada. Solo quiero escapar de esto, de mí, de lo que acabo de ver, de lo que acabo de sentir.Me detengo en seco al lado de un cesto de basura y me inclino. Vomito. No por lo que comí. Vomito por el dolor, por la angustia, por el asco hacia mí mismo. Jamás, jamás en mi vida, algo me había dolido así. Jamás me había quebrado tan profundo, tan hondo, tan brutalmente.¿Sabes lo que se siente ver a la mujer que amas, a la única persona por la que serías capaz de dar la vida, desnuda y entre los brazos de otro hombre?¿Sabes lo que se siente, oírla gemir, oírla entregarse... pero no a ti? ¿Sabes lo que es que te arranquen el alma del pecho con las propias manos?No puedes volver de eso. No hay manera. No hay retorno. No se supera. No se olvida. Queda tatuado en la memoria como una herid
La despedida fue cálida, conmovedora.Bruno y Asha abrazaron a sus padres con fuerza, con esa ternura que solo nace cuando se está a punto de iniciar una nueva vida.Los ojos de sus madres estaban vidriosos, y los padres los miraban con orgullo. Fue un momento breve pero eterno. Después, tomados de la mano, partieron.Subieron al auto. Bruno conducía, pero no dejaba de mirarla de reojo, como si aún no pudiera creer que Asha era su esposa. Ella sonreía, acariciando distraídamente su anillo mientras el paisaje pasaba lento por la ventanilla.El silencio era cómodo. Una promesa.El muelle estaba iluminado por luces suaves, y el barco los esperaba como un sueño colosal flotando sobre el agua. Era un crucero gigantesco, imponente, como salido de una fantasía.Apenas pusieron un pie sobre la cubierta, Asha sintió que algo en su pecho vibraba de emoción.Bruno le apretó la mano, y ella supo que ese viaje marcaría un antes y un después.Antes de ir al camarote, se detuvieron bajo un cielo estr







