تسجيل الدخول—¡Feliz cumpleaños! —Me sorprende felicitándome mi mejor amiga, Lupita, con un enorme ramo de flores.
—Pensé que no vendrías —digo, abrazándola.
—Jamás te dejaría sola —asegura—. Ayúdame a bajar las cosas del coche.
—¿Qué cosas?
—Traje un pastel y algunas bebidas, tenemos que embriagarnos.
—¡Ay no! —exclamo, dejando el ramo de flores sobre la mesa—. Aún me duele el estómago de la última noche loca que tuvimos.
Suelta una enorme risotada y la acompaño a su coche.
Lupita y yo nos conocimos hace unos años en el gimnasio y ha sido un gran apoyo para mí en todo este tiempo, si no hubiese sido por ella, no me imagino como estaría en estos momentos.
—¿No me digas que estuviste llorando? —cuestiona y no puedo negarlo—. Tenemos que hacer algo antes de que te deprimas.
—No me voy a deprimir, solo me dio algo de nostalgia —confieso y me mira sin creerme.
—Esta bien, voy a fingir que te creo y que las otras veces que te he encontrado llorando, es porque tenías una basurita en los ojos —musita con sarcasmo.
—Mejor cuéntame qué estabas haciendo ayer cuando te llamé, te escuchabas agitada —La distraigo.
—Lo estaba, me di una escapada con uno de los entrenadores —murmura, mientras dejamos las cosas que trajo sobre la mesa.
—Pero si todos son muy jóvenes —La recrimino, moviendo la cabeza.
Pasa sus dedos alrededor de los ojos dando pequeños toques.
—Necesito colágeno, mi vida —bromea y no puedo evitar una carcajada.
Ella también es divorciada, tuvo una relación demasiado tóxica durante mucho tiempo. No tuvieron hijos y el ex quiso dejarla en la calle, pero al final, se dividió todo en partes iguales, ella se mudó aquí a Seattle y se asoció con el dueño de unos gimnasios muy reconocidos, lo que le ha permitido vivir muy bien.
—Yo no entiendo cómo tú puedes aguantar sin sexo —Me señala, arrugando la frente.
—Cuando nacieron mis hijos, todo eso disminuyó y conforme pasaban los años, dejó de ser una prioridad en nuestro matrimonio, así que no pienso en eso —explico, sacando unas copas para servirnos.
—Aprendí a hacer unas bebidas llamadas orgasmos —comenta moviendo las cejas con diversión—. Al menos podrás tenerlos de alguna manera —bromea.
—El sexo no es algo que me interese.
—Claro, si tu ex solo te buscaba una vez al año, ¿cuál era la gracia?
—Tuvimos buen sexo, al principio —Lo justifico.
—No lo dudo, pero eso es algo que tiene que continuar cultivándose, las caricias y la intimidad, son una parte fundamental para que exista esa conexión especial en la pareja.
—Lo sé, no entiendo qué nos pasó, ni siquiera recuerdo en qué momento perdimos esa complicidad de pareja que tanto me gustaba y no me refiero solo a lo sexual.
Toma una coctelera de la barra de vinos que tenemos o que tenía Tomás, pone hielo, baileys, amaretto, licor de café, crema de leche, demasiado vodka para mi gusto, lo agita y rellena las dos copas, colocando una cereza de adorno y un poco de canela.
—Aquí tienes tu orgasmo —Me entrega la copa y le doy un sorbo.
—No está nada mal.
—No —confirma, al darle un trago—. ¿Vinieron tus hijos?
—Están en Nueva York con su padre.
—Claro, que buena idea tuvo el bufón ese de llevárselos para el día de tu cumpleaños.
—No importa —respondo, encogiéndome de hombros—. Seguramente no hubieran venido, están muy ocupados con todo lo de la universidad.
—¿Por qué no te vas de viaje? —propone.
—¿A dónde?
—No lo sé —murmura—. Tal vez a un crucero, la playa, una cabaña en algún lugar lejano con un vecino calenturiento que te de varios orgasmos, que no sean bebidos —aclara y ambas nos reímos.
—No lo sé, pensaba ir a pasar una temporada con mi madre.
—¡Ay no! —Me interrumpe—. México es hermoso para que te distraigas, pero tú madre solo te estará recordando lo malo que fue perder al bufón de tu ex.
—Mi madre lo adora, todavía esta mañana que me habló para felicitarme, me preguntó por él.
—Me lo imagino, pero tu eres su hija, no él, además, te engañó y sigue con la fulana esa —gruñe—. No se puede recuperar a una persona que no quiere ser recuperada.
—Ni lo digas, ella cree que debí perdonar la infidelidad y que es mi culpa que no estemos juntos.
—Por eso las parejas de antes duraban muchos años, porque las mujeres perdonaban todo y más en nuestros países, a veces pienso que hay mujeres más machistas que los mismos hombres.
—Son otras culturas, otra educación —asevero.
—Lo sé, pero me alegro que no le hicieras caso a tu mamá.
—No podría estar con Tomás imaginando que nada pasó —suspiro y doy un sorbo a mi bebida.
—¿Cuánto llevas sin sexo? —insiste con el tema.
—Ya ni lo recuerdo.
—¿Tienes algún juguete?
—No, ¿cómo crees?
—Es más normal de lo que te imaginas —responde—. Aunque no se compara con sentir el calor de la otra persona, ayuda bastante.
—¡Deja de hablar de eso! —La regaño—. ¿Tan amargada me veo, que siempre me hablas de sexo?
—¡Ay amiga! —vocifera, exagerada—. Quisiera decir que no, pero no me gusta mentir.
—Eres mala —La recrimino y se carcajea.
—Necesitas retomar tu vida.
—Te recuerdo que después de que mis hijos se fueron, salimos.
—Saliste unas cuantas veces conmigo y siempre rechazabas a los hombres que se te acercaban.
—Lupita, uno de los “hombres” —hago el signo de comillas con los dedos—. Tenía veintiún años.
—¿Y eso qué?
—No podría, es demasiado.
—¿Y qué me dices de aquel moreno que nos invitó unos tragos?
—Quería llevarme al baño y ni siquiera sabía su nombre —bufo—. Lo siento, pero no estoy para esas cosas.
—Pero en la otra salida conociste a aquel abogado muy atractivo.
—Sí, pero cuando me invitó a cenar olvidó su cartera —resoplo—, y todavía quería ir a un hotel.
—Sin vergüenza, quería sexo y sin gastar —resopla.
—Además creo que era casado —murmuro.
—Ay noo, los casados son karma y no necesitamos más de eso —hace una señal de cruz con los dedos—. Aunque no lo creas, cuando me separé estaba igual que tú, a todos los hombres les ponía pretextos, pero poco a poco me di cuenta que no tiene nada de malo disfrutar.
—Lo sé, pero no es algo que me interese en este momento, además, estoy trabajando y eso me distrae. ¿Qué más quieres que haga?
—Que vuelvas a salir conmigo, que trates de divertirte y sobre todo, digas lo que digas, necesitas sexo.
—No me siento cómoda, me casé muy joven y todo mi mundo estaba aquí —señalo la casa—. No quiero que nadie vea mi cuerpo desnudo nuevamente.
—No digas tonterías, eres una mujer hermosa —Me toma de la mano presionándola—. Por ejemplo, en el gimnasio atraes las miradas de muchos hombres, créeme.
—Seguramente me miran pensando para qué voy al gimnasio si sigo gorda.
—¡Serenity Stewart! —exclama, alzando la voz—. Ya quisiera yo tener esas curvas. No soy envidiosa, pero Dios te dejó demasiados pechos y trasero, tal vez yo llegué tarde a la fila de la repartición y tú te me habías adelantado tomando mi parte —comenta divertida y suelto una enorme carcajada.
Agradezco infinitamente tener a Lupita como amiga, siempre me saca de mis peores momentos haciéndome reír.
—No sé si me sentiría cómoda con otro hombre, de verdad —confieso—. Mi cuerpo ya no es el mismo y me daría pena.
—¿Pena? —rebate—. Te aseguro que en un momento de pasión, lo menos en lo que piensa un hombre es en la celulitis o en los gorditos, además con esos atributos que tienes, cualquiera caería rendido —asegura—. Yo los mostraría con orgullo —declara, levantando el mentón—. Salud porque te animes a rehacer tu vida, en algún momento —Chocamos nuestras copas y solo sonrío con sus ocurrencias.
Después de un rato, cortamos el pastel y seguimos bebiendo orgasmos. No tengo idea de cuántos llevamos, pero las carcajadas y la música a todo volumen, no faltan.
Ya muy tarde, suena mi teléfono y bajo el volúmen a la música.
—Hola —respondo.
—¡Feliz cumpleaños, Serenity! —Me felicita, Tomás.
—Gracias —respondo.
—Siento haberme traído a los chicos de viaje justo en estas fechas, pero eran los días que tenía libres en el trabajo —Se justifica.
—Lo entiendo, no hay problema.
—¿Qué tal la estás pasando?
—Estaba a punto de ir por otro orgasmo, cuando tu llamada me interrumpió.
—¿Estás acompañada? —pregunta y puedo notar sorpresa en su voz.
—Por supuesto, no es que yo prepare los orgasmos sola —Se queda en silencio por algunos segundos.
—¿Tomás? —Lo llamo.
—Que la sigas pasando bien, disculpa la interrupción —Cuelga y frunzo el ceño confundida ante su reacción.
—Aquí tienes otro orgasmo —dice Lupita, entregándome mi copa—. ¿Quién te llamó?
—El bufón, pero dijo que lo disculpara por interrumpirme.
—En primer lugar no debería llamarte y en segundo lugar, ¿interrumpir qué?
—Recuerda que estamos en buenos términos, no tengo nada en su contra —aclaro—. Fue mi primer amor y es el padre de mis hijos, eso no va a cambiar.
—Lo sé, y quedaste bien con él porque tienes un corazón de oro, otra en tú lugar lo hubiera dejado en la calle.
—Me dejó la casa, mi coche y una buena suma de dinero, ¿qué más le iba a quitar?
—La empresa, ahí es donde más les duele —asevera y hace el ademán de dar un golpe.
De pronto doy un sorbo a mi bebida y suelto una enorme carcajada que por poco la escupo.
—¿Qué te pasa?
—Le dije a Tomás que estaba a punto de ir por otro orgasmo y que no estaba sola —explico y Lupita se une a mis carcajadas, cuando imaginamos lo que entendió.
—Me alegra que se imagine que estás acompañada.
—¿Qué va a pensar de mí?
—Que piense lo que quiera, él ya está con otra mujer.
—Adriana es muy joven, guapa y muy delgada. Es lógico que se enamorara de ella —murmuro.
—Le entregaste tus mejores años a ese hombre y no supo valorarte, así que deja de pensar en esas cosas y súbele a la música que la noche apenas está comenzando.
El nacimiento de los gemelos, fue muy impresionante, si bien ya había presenciado el nacimiento de Haimi, en está ocasión me sentía sumamente abrumado al ver a Serenity en la camilla, esperando la cesárea, la cual se realizó a las treinta y seis semanas de embarazo, estaba nervioso hasta que escuché el llanto de nuestros pequeños, logré respirar con normalidad y lloré como nunca antes lo había hecho. Ahora nuestros niños tienen cinco meses, y llevan los nombres escogidos por sus hermanos, Haiden y Hadriel, este último tiene los ojos un poco más oscuros y es la única forma de diferenciarlos, mi madre siempre los confunde y hay ocasiones en que le cambia el pañal al mismo en el transcurso de unos minutos. Se parecen mucho a mí, mi padre dice que son mini Evans, así que el los llama Evan uno y Evan dos. Nuestra rutina ha cambiado, es cierto que tener dos bebés al mismo tiempo es difícil, pero también es una bendición, además aquí no falta ayuda, mis padres, Pedro, Silvana, Haimi, Dougla
Al llegar a la casa, me toma en los brazos para entrar. —Bienvenida a su casa, señora Dawes —Me pone en el suelo con cuidado y me lanzo a sus brazos para besarlo, intento quitarle rápidamente la ropa y me detiene. —Eres muy inquieta —sonríe—. Vamos a disfrutarnos como nunca antes. Me alza llevándome a la habitación y me doy cuenta que la tiene decorada con pétalos blancos, la emoción me sobrepasa y empiezo a llorar. —Lo siento —me disculpo—. Nunca me imaginé que pudiera sentirme tan feliz. —Quiero que te sientas así, todos los días a partir de ahora —Me abraza con fuerza y nos quedamos así por unos minutos. Ya que estoy más tranquila me alejo un poco, me quito el vestido quedando en ropa interior y suspira. —Eres tan hermosa —exhala y empieza a desnudarse. Como siempre me pasa desde la primera vez que lo vi desnudo, se me hace agua la boca, es un hombre delgado, pero tiene el cuerpo muy tonificado, además que sabe muy bien lo que hace cuando me tiene entre sus brazos. Llevo mi
Lupita…—No quiero irme —Le digo a Serenity, mientras preparamos las maletas.—No lo hagas —replica—. Nadie te está corriendo.—Tengo muchos pendientes, me quedé más tiempo de lo que inicialmente había pensado y necesito revisar algunas cosas con el contador nuevo.—Me parece que el sheriff tuvo algo que ver, en estas vacaciones extendidas.—Sí —reconozco con tristeza.—¿Pasa algo?—Vas a pensar que estoy loca —suspiro—. Entre Jeriko y yo obviamente ha habido momentos apasionados e inolvidables, me ha demostrado que la madurez es mucho mejor que el colágeno —sonrío.—¿Pero…? —inquiere.—Nunca hemos hablado de lo que pasará cuando me vaya, no sé si estamos en una relación o si es solo sexo, y tal vez con mi partida todo acabe.—Me extraña que siendo tan directa, no le hayas preguntado —menciona mi amiga y sé que tiene razón.—Tengo miedo, creo que me enamoré y no quiero sufrir si me confirma que solo era algo pasajero —confieso, haciendo un puchero.—¡Ay Lupita! —vocifera en modo recri
Han pasado algunas semanas del incendio, por suerte todo está mucho mejor y mi mujer está cada día más hermosa. Decidimos derribar lo que quedaba de la casa, para construir otra un poco más grande, ya que mis padres querían mudarse para darnos nuestro espacio, algo que ni Serenity, ni yo aceptamos y la mejor opción que decidimos como familia, fue construir algo para ellos y así tenerlos cerca. —Buenos días —saludo al entrar a la cocina y noto a Serenity y a Lupita cuchicheando, a veces las escucho hablando de orgasmos y solo me da risa, pero en esta ocasión las noto un poco serias. —Buenos días —responden las dos al mismo tiempo. Me acerco le doy un beso a mi preciosa mujer y en eso entra mi mamá. —Douglas está histérico con los preparativos de la boda —dice mi madre, ya que se casarán esta tarde. —Ahora voy para ver si necesita ayuda —respondo. —Llévale un tranquilizante para toros —bromea—. Eso lo ayudará. Las carcajadas de Lupita me hacen reír. —Voy a ayudar a Mei con
Por la mañana, el doctor nos dice que podemos irnos, siempre y cuando Serenity repose unos días, así que salimos del hospital muy temprano, por suerte mi padre me dejó la camioneta ayer por la noche y no tenemos contratiempos para regresar a casa. Al llegar, Serenity decide darse una ducha para descansar mejor y después se va a la cama, siguiendo las indicaciones del médico. —Voy a llamar a los chicos —suspira y asiento, mientras lo hace, me voy a la ducha para refrescarme y comenzar con la rutina del día. Al salir del baño, me dice que prefirió no contarles con detalle lo sucedido, pero sí les dijo que hubo un incendio que no pasó a mayores, en realidad tiene razón en no preocuparlos, porque yo sentí que morí cuando la vi inconsciente y no desearía que ellos pasaran por lo mismo. —¿Vas a trabajar hoy? —pregunta mientras me acomodo a su lado en la cama, ya estoy listo, pero me está costando separarme de ella. —No quisiera, pero tenemos cosas pendientes. —No te preocupes por m
A mi mente viene el recuerdo del momento en el que me despedí de Serenity hace unas horas, para que pudiera descansar y puedo sentir como la sangre abandona mi cuerpo en ese instante, mi corazón late con fuerza como si se fuera a salir de mi pecho en cualquier momento. Cabalgo a toda velocidad y el camino me parece eterno, conforme me acerco, puedo ver el humo saliendo de la casa, siento que no logro avanzar lo suficientemente rápido. Llego y me bajo de un salto, puedo ver las llamas aumentando cada vez más. —¡Evan! —Me detiene Lupita, al ver que estoy a punto de entrar. —¡Serenity está adentro! —exclamo y me suelto de su agarre sin prestar atención a lo que me dice. Puedo escuchar la voz de mi madre, pero no logro decifrar lo que está diciendo. Me acerco a la puerta, pero las llamas no me permiten entrar, estoy a punto de hacerlo cuando veo a Jeriko saliendo con Serenity en brazos, inconsciente. —¡Serenity! —grito asustado al verla. La tomo con cuidado y justo en ese momento vie







