LOGINEthan levantó la mirada de golpe.
—¿Cómo…? Sophia soltó una pequeña risa. —Cariño, hablas de él casi todos los días. Eso lo dejó congelado unos segundos. —No hablo de él todos los días. —Claro que sí. Ethan abrió la boca para defenderse, pero terminó dejándolo pasar. No tenía energía para discutir. Su madre lo observó unos segundos más antes de sonreír emocionada. —Bueno, deja eso por ahora. Tengo noticias importantes. Y ahí estaba esa sonrisa. La sonrisa nerviosa que aparecía cada vez que quería contarle algo importante. Ethan arqueó una ceja. —¿Qué sucede? Sophia se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja. —Esta noche vendrá alguien a cenar. —¿Alguien? —Mi novio. Ethan parpadeó sorprendido. —Espera… ¿novio? ¿Tienes novio y no me habías dicho? —Porque quería estar segura antes de presentártelo. Ethan sintió una pequeña punzada de culpa. Su madre había pasado años sola después del divorcio. Verla emocionada de nuevo… feliz… le alegraba sinceramente el corazón. —¿Y cómo es? —preguntó mientras se quitaba la chaqueta mojada por el sudor. Sophia sonrió de inmediato. —Es atento, elegante, muy caballeroso… y le gustas mucho por todo lo que le he contado. —Eso suena aterrador. Ella rio. —No seas dramático. Además, vendrá con su hijo. Tiene tu edad, así que pensé que tal vez podrían llevarse bien. Ethan soltó una risa cansada. —Mientras no sea otro Liam Carter, creo que sobreviviré. Si hubiera prestado atención, habría notado cómo su madre evitó mirarlo directamente. —Sí… bueno… ve a cambiarte. Llegarán en menos de una hora. Ethan asintió y comenzó a subir las escaleras. Pero antes de entrar a su habitación, volvió a sentir aquel maldito cosquilleo en los labios. Ethan bajó las escaleras mientras terminaba de ajustarse el reloj. Había intentado quitarse de encima la sensación del vestidor con una ducha fría, pero el roce de los labios de Liam seguía ahí, como una quemadura invisible. —¡Ya llegaron! —exclamó su madre. Estaba nerviosa, alisando su vestido con manos temblorosas—. Por favor, Ethan, sé el chico educado que crié. Significa mucho para mí. —Tranquila, mamá. Si él te hace feliz, por mi parte tiene el visto bueno —respondió él, intentando sonar convincente. El timbre sonó. Su madre abrió la puerta y un hombre alto, de hombros anchos y un traje que probablemente costaba más que el coche de Ethan, entró en la pequeña sala. Tenía una sonrisa magnética y una presencia que llenaba el lugar. —Ethan, él es Robert —presentó su madre con las mejillas encendidas. —Un placer, Robert —dijo Ethan extendiendo la mano. —El placer es mío, muchacho. He oído que eres el orgullo de la liga universitaria —Robert apretó su mano con firmeza—. De hecho, me alegra mucho que mi hijo y tú jueguen en el mismo equipo. Facilitará mucho las cosas ahora que seremos familia. Ethan frunció el ceño, confundido. ¿Mismo equipo? No recordaba a ningún "Robert" entre los padres de los jugadores, y la mayoría de los apellidos de sus compañeros le resultaban ajenos a la vida de su madre. —¿Tu hijo juega en los Wolves? —preguntó Ethan. Robert sonrió con orgullo y miró hacia la puerta abierta. —Sí. De hecho, acaba de estacionar. Ahí viene. Una figura cruzó el umbral. Ethan sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. Liam Carter entró en la casa con una expresión de aburrimiento que se transformó en una mueca de pura victoria en cuanto sus ojos aterrizaron en Ethan. —¿Liam? —susurró Ethan, con la voz rota. Entonces, las piezas del rompecabezas encajaron de la peor manera posible. Robert Carter. El apellido que adornaba las placas de oro del estadio, el nombre del hombre que firmaba los cheques de las becas, el "benefactor" al que Ethan tanto despreciaba por haberle dado todo servido en bandeja de plata a su hijo... era el novio de su madre. —Vaya —soltó Liam, cerrando la puerta tras de sí. Su mirada recorrió a Ethan de arriba abajo, deteniéndose un segundo de más en sus labios—. El mundo es un pañuelo, ¿no, Walker? —¿Se conocen? —preguntó la madre de Ethan, mirando de uno al otro con emoción. —Podría decirse que somos... muy cercanos —respondió Liam, dando un paso hacia el comedor. Al pasar junto a Ethan, bajó la voz lo suficiente para que solo él lo oyera—: No sabía que los becados vivían en sitios tan acogedores. Ethan apretó los puños hasta que los nudillos le quedaron blancos. La cena fue un borrón de risas de Robert y anécdotas de su madre, mientras Liam se dedicaba a rozar accidentalmente la rodilla de Ethan bajo la mesa cada vez que podía. —Como les decíamos —anunció Robert al final del postre, tomando la mano de la madre de Ethan—, no queremos perder más tiempo. La mansión es demasiado grande para nosotros dos, y queremos que ustedes se muden con nosotros este fin de semana. Ethan estuvo a punto de atragantarse con el agua. —¿Mudarnos? ¿A su casa? —logró decir, mirando a Liam, quien le devolvió una sonrisa ladeada mientras bebía de su copa. —A nuestra casa, Ethan —corrigió Robert—. Es hora de que actúen como los hermanos que están destinados a ser. Liam soltó una risita seca, casi imperceptible, y clavó sus ojos en los de Ethan con una promesa de caos absoluto. —Sí, Ethan. Estoy deseando que compartamos... todo. —¿Mudarnos? —La voz de Ethan salió más alta de lo que pretendía, cortando la risa de Robert como un bisturí—. Mamá, esto tiene que ser una broma. El silencio que cayó sobre la mesa fue pesado. Su madre, avergonzada, le lanzó una mirada de advertencia, pero Ethan ya estaba de pie. El simple hecho de tener a Liam sentado a menos de un metro, observándolo con esa suficiencia insoportable, le revolvía el estómago. —Ethan, por favor, no es el momento —susurró ella, intentando mantener la compostura frente a Robert. —¿Cuándo es el momento, entonces? —Ethan ignoró a Liam y fijó su mirada en Robert—. Señor Carter, agradezco la invitación, pero tenemos nuestra propia vida aquí. Yo tengo mi beca, mi madre tiene su trabajo... No necesitamos mudarnos a una mansión para ser "familia". Liam dejó escapar un suspiro teatral, recostándose en la silla con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Parece que tu hijo tiene problemas de orgullo, papá. O tal vez simplemente le asusta vivir bajo un techo que no puede pagar con su esfuerzo "meritocrático". Ethan se tensó, sus dedos apretando el borde de la mesa. —Cállate, Liam. Esto no es contigo. —¡Ethan! —El grito de su madre fue como un bofetón—. Robert está siendo generoso. Además, yo ya he renunciado a mi puesto en la clínica. Robert me ha ofrecido administrar su fundación y ya hemos firmado el contrato de arrendamiento de esta casa para los nuevos inquilinos. Ethan sintió como si le hubieran quitado el aire. Miró a su madre y vio, por primera vez, no solo ilusión, sino una determinación que no conocía. Ella realmente quería esto. Quería la seguridad que él, como estudiante becado, aún no podía darle. Robert, manteniendo una calma impecable que solo el dinero puede comprar, intervino con voz suave. —Entiendo que sea un cambio brusco, Ethan. Pero esto no es solo por nosotros. La mansión está mucho más cerca de la universidad; tendrás acceso a un gimnasio privado, a la pista de hielo de la propiedad... Podrías mejorar tu rendimiento para la capitanía sin perder tiempo en traslados. —No quiero favores —masculló Ethan, aunque la mención de la capitanía fue un golpe bajo. —No es un favor, es una inversión en mi nueva familia —sentenció Robert, dando por terminada la discusión. Liam se levantó lentamente, rodeando la mesa hasta quedar detrás de Ethan. Le puso una mano en el hombro, un gesto que para los padres parecía fraternal, pero que para Ethan se sintió como una marca de propiedad. Sus dedos apretaron con una fuerza innecesaria. —No seas difícil, Walker —le susurró Liam al oído, tan bajo que solo él pudo escucharloLiam cargó a Ethan fuera del baño, sin importarles que ambos seguían goteando agua y empapando la alfombra cara de la habitación. Ethan todavía se sentía mareado, con el corazón martilleando contra sus costillas y los labios hinchados por la intensidad de lo que acababa de pasar bajo la ducha.Al llegar a la cama, Liam no lo depositó con delicadeza; lo soltó sobre el edredón con una fuerza que hizo que Ethan rebotara contra el colchón, una declaración clara de que el momento no había terminado. Antes de que Ethan pudiera recuperar el aire, Liam ya estaba encima de él, atrapando sus muñecas a los lados de su cabeza y hundiéndose en el hueco de su cuello.—No te vas a mover de aquí —le ordenó Liam, con la voz más ronca de lo normal, dejando besos húmedos y marcados por toda su mandíbula.Ethan arqueó la espalda, buscando de nuevo ese contacto eléctrico. Sus piernas se enredaron con las de Liam de forma instintiva, buscando ese calor que lo hacía olvidar que allá afuera, en el mundo real
El rugido del motor del Porsche se apagó al entrar en el garaje de la mansión, pero el silencio que lo siguió fue mucho más pesado. La casa estaba desierta; los padres seguían sumergidos en sus mundos de negocios y apariencias, ajenos al incendio que acababa de estallar en la universidad.Ethan bajó del auto como un autómata. Sus pasos dejaron un rastro de chocolate seco y agua sobre el mármol impoluto de la entrada, una mancha que gritaba que no pertenecía allí. Subió las escaleras a zancadas, huyendo del reflejo de su propia miseria en los espejos dorados del pasillo, y se encerró en la suite.Se dejó caer en el borde de la cama, hundiendo la cara en sus manos. Quería desaparecer, arrancarse la piel que aún olía a batido barato y a humillación. Pero no estaba solo. El sonido de la puerta cerrándose con llave y el "click" del seguro lo obligaron a levantar la vista.Liam estaba allí, de pie frente a la puerta, con la respiración pesada y los ojos encendidos. Se había quitado la camis
Liam no se detuvo. Cada paso que daba hacia Chloe hacía que el pasillo se sintiera más pequeño, más asfixiante. Los estudiantes contenían el aliento, con los teléfonos aún en alto, grabando el colapso del orden jerárquico de la universidad.—Liam, por favor —dijo Chloe, recuperando la compostura con una velocidad asombrosa y cruzándose de brazos—. No seas ridículo. Mira cómo está. Solo le hice un favor; ese color chocolate le queda mejor que cualquier cosa que haya traído de los suburbios.Liam se detuvo a centímetros de ella. La diferencia de altura era intimidante, pero Chloe no bajó la mirada.—¿Te parece divertido, Chloe? —la voz de Liam era un rugido contenido—. Lo humillaste frente a todos. Le escondiste la ropa. Lo dejaste así —señaló a Ethan, que seguía encogido y empapado, con la mirada perdida en el suelo.—¡Lo hice por ti! —gritó ella, y esta vez su voz resonó en todo el pasillo—. ¡Por nosotros! Ese chico es un parásito que se metió en tu casa para robarte lo que es tuyo. T
Los murmullos se detuvieron en seco cuando el sonido rítmico de unos tacones caros resonó contra el suelo de granito.Chloe Vanderbuilt, la capitana del equipo de porristas y la única persona en la universidad con un apellido tan pesado como el de los Carter, se abrió paso entre la multitud. Su mirada, usualmente gélida y perfecta, estaba encendida por una furia mal contenida. Se detuvo a escasos centímetros de Ethan, obligándolo a retroceder contra los casilleros metálicos.—¿Hermanastro? —espetó Chloe, soltando una risa seca que no tenía nada de gracia—. Por favor, Ethan. No sabía que tu madre era tan... eficiente escalando posiciones sociales.Ethan sintió que la sangre le hervía. Podía tolerar que se metieran con él, pero no con su madre.—Ten cuidado con lo que dices, Chloe —advirtió Ethan, bajando la voz, lo cual lo hacía sonar mucho más peligroso.—¿O qué? ¿Vas a ir a llorarle a Robert? —Chloe dio un paso más, invadiendo su espacio personal—. Llevo años al lado de Liam. Conozco
El sonido de dos golpes secos contra la madera de la puerta cortó el aire como un disparo.—¿Chicos? ¿Está todo bien por aquí? —La voz de la madre de Ethan, suave pero peligrosamente cerca, hizo que el tiempo se congelara.El pánico golpeó a Ethan con la fuerza de un choque en la pista. En un movimiento frenético y torpe, empujó el pecho de Liam para apartarlo. Liam, aunque maldiciendo entre dientes por la interrupción, reaccionó con la agilidad de un atleta; rodó hacia su lado de la cama y se cubrió hasta la cintura con el edredón en un segundo, mientras Ethan se sentaba de golpe, tratando de encontrar su camiseta en la oscuridad con manos que no dejaban de temblar.—¡Sí! —respondió Ethan, con la voz una octava más alta de lo normal y el corazón martilleando contra su garganta—. Solo... solo estamos terminando de acomodar unas cosas.—Escuchamos un golpe fuerte y un ruido de muebles —añadió la voz de Robert desde el pasillo, con ese tono de autoridad que ahora hacía que a Ethan se le
El beso fue una colisión de todo lo que no se habían dicho en la pista de hielo. Liam no era delicado; besaba como si estuviera marcando un territorio que ya sabía suyo, con una mezcla de desesperación y triunfo que dejó a Ethan sin defensas.Ethan sentía el frío del aire de la habitación contra su piel y, al mismo tiempo, el calor abrasador del cuerpo de Liam presionándolo contra el colchón. Intentó mantener las manos rígidas, intentó recordar que este era el tipo que le hacía la vida imposible, el hijo del hombre que ahora dormía a pocos metros de distancia con su madre.Pero el instinto fue más fuerte.Cuando la lengua de Liam delineó el labio inferior de Ethan pidiendo entrada, Ethan soltó un suspiro trémulo y abrió la boca, cediendo el control. Sus manos, que antes estaban atrapadas, subieron por los brazos húmedos de Liam hasta enredarse en su cabello castaño, tirando de él con una urgencia que lo asustó.Liam soltó un gruñido profundo contra sus labios y bajó una de sus manos,







